Las palomas de la plaza de España asedian a cinco comunidades de vecinos
Los afectados denuncian que un edificio abandonado se ha convertido en un refugio para las molestas aves

De un tiempo a esta parte, las colonias de palomas parecen haberse propagado por toda la ciudad gracias a dos factores fundamentales: la abundancia de alimento (no solo por los mayores que les arrojan pan) y los lugares abandonados donde pueden anidar. En algunos casos, su número puede llegar a convertirse en un problema, como denuncian varias comunidades ubicadas en Varela Silvari y Mercado, en el entorno de la plaza de España y San Agustín.
Los vecinos denuncian que llevan soportando el problema desde hace dos años, cuando las aves comenzaron a anidar en el patio comunitario. No solo son palomas, sino también gaviotas, pero son las primeras las que generan más molestias. Los números 30, 32 y 34 de Varela Silvari y los 5 y 7 de Mercado son los edificios afectados.
El olor de los excrementos y el ruido afectan a los residentes, que ni siquiera pueden tender la ropa
La particularidad es que este último portal se encuentra abandonado desde hace años y en mal estado de conservación, de manera que ha ido convirtiéndose poco a poco en un palomar. Las aves han anidado tanto en las ventanas como en el propio patio. Cuentan los afectados que la situación ha llegado hasta tal punto que resulta difícil para los residentes utilizar el patio, cubierto de excrementos, para algo tan cotidiano como tender la ropa. “Es imposible”, aseguran. Además, se quejan del ruido de los aleteos y los arrullos de las palomas, sin contar el olor de los excrementos.
Además, se quejan de que la suciedad y los excrementos no son solo una molestia para el olfato, sino un foco de infecciones. “Insoportable”, añaden. A lo largo del tiempo, este lugar se ha ido convirtiendo en el refugio de toda la población avícola que suele rondar las terrazas de la plaza de España y San Agustín, que estiman en por lo menos un centenar de ejemplares.
Actuación municipal
Los vecinos están convencidos de que actuar en el número 7 serviría para paliar el problema, porque privaría a las palomas de la mayor parte de sus refugios. Sin embargo, en el número 5 también anidan bastantes ejemplares. Han enviado una solicitud al Ayuntamiento para que actúe “activando todos los mecanismos legales que sean necesarios, antes de que tengamos un grave problema que nos lleve a los vecinos a tomar medidas más drásticas”.
En realidad, los edificios en ruinas son un constante incordio para los residentes de la zona en la que se encuentran, porque inevitablemente se convierten en refugio no solo de ratas y aves, sino también de okupas —aunque no es el caso— que a veces generan graves problemas de convivencia. Sin embargo, el Ayuntamiento no puede actuar sin más cuando se trata de una propiedad privada, y el procedimiento incluye avisos reiterados a los dueños antes de tomar medidas. En los últimos años, la amenaza de subastar los inmuebles ha surtido efecto en algunos casos, pero el procedimiento siempre semeja lento.









