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A Coruña

El servicio medicalizado del 061 atiende 14 casos al día de media en A Coruña

La gran variedad de situaciones y la urgencia con la que se responde define a la asistencia en ambulancias

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Una ambulancia medicalizada sale de su garaje en la base del 061 en Gregorio Hernández
Patricia G. Fraga
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En A Coruña se producen cerca de 14 emergencias sanitarias al día (5.000 el año pasado, 13,69 de media cada 24 horas) que son atendidas por el 061, de ahí que los coruñeses se hayan acostumbrado hace mucho tiempo a la visión de ambulancias circulando a toda velocidad con las luces puestas. A bordo viajan personas como la médica Amparo González o la enfermera Ana Rodríguez, que forman parte de uno de los pilares de la atención sanitaria. “Todos vamos a pasar por el 061. Tú puede ser que no vayas al cirujano torácico, pero al 061 sí. O bien para una consulta médica, o porque necesitas atención”, señala la doctora.

Son tres las ambulancias de Soporte Vital Avanzado (SVA) las que realizan este trabajo. En dos de ellas viajan médicos y en la tercera, un enfermero. Existen dos bases en A Coruña, una frente al Oncológico y otra en Gregorio Hernández, junto al Espazo Amizar de la Xunta, al otro lado de la ciudad. Pero también cubren Arteixo, Laracha, Oleiros, Culleredo y Cambre. En total, el número de intervenciones el año pasado superó las 6.700. Y por toda clase de incidencias, aunque la mayor parte de ellas (más de 1.800) se debieron a lo que técnicamente se denomina ‘alteración de consciencia’, término que abarca desde una desorientación o un desmayo pasando por la convulsión típica de una parada cardíaca.

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Cuando no están en una emergencia, a menudo realizan cursos online de formación continua, como en la imagen inferior la doctora Amparo González
Patricia G. Fraga

Otras incidencias que atendieron el año pasado fueron dolores (689), falta de aire o fatiga (735), mareos (757), caídas (665) y enfermedades psiquiátricas (384). Al abanico de casos se une la variedad de situaciones porque las tripulaciones de las ambulancias del 061 actúan tanto en la calle, a la vista de todo el mundo, como en un domicilio, un entorno privado en el que los sanitarios entran como invitados.

Los turnos comienzan a las nueve de la mañana y duran 24 horas, en los que la dotación, compuesta por un médico, un enfermero, un conductor y un técnico en emergencias sanitarias, tiene que estar lista en todo momento. Aunque atiendan una media de catorce emergencias al día eso no quiere decir que se encuentren todo el día en la ambulancia: hay días tranquilos en los que realizan trabajos rutinarios, como tareas administrativas, cursos de formación online, revisan el equipo y reponen el material del almacén. Incluso tienen tiempo para jugar a los dardos o al futbolín que hay en el garaje. “Tienes que tener tus momentos de relajación, porque si estuvieras todo el tiempo arriba, no daría el corazón”, explica la doctora.

En otros turnos, en cambio, las emergencias parecen acumularse sin apenas tiempo para descansar. Todo comienza cuando se activa la alarma. El aviso puede llegar por la radio, pero normalmente es un simple mensaje de móvil: la localización, el nombre del paciente y una o dos frases que resumen lo que le pasa. “Cuando nos llaman, tenemos menos de tres minutos para salir a lo que nos manden. Pasas de cero a cien en un momento, pero es que es el trabajo. Estamos preparados. Somos Urgencias”, explica González.

servicio medicalizado del 061
Además del personal médico, la ambulancia cuenta con un conductor y un técnico sanitario como parte de la dotación
Patricia G. Fraga

Un trabajo que engancha

Las dos, la doctora y la enfermera, son veteranas y llevan muchos años en esta labor, de la que hablan con entusiasmo. “Es el trabajo más bonito del mundo. Donde quiero estar. Soy médico de familia, he trabajado en todos los sitios pero este es el mejor. Siento que cuando vengo de guardia, estoy haciendo algo para ayudar”, afirma. Su compañera reconoce que comenzó en esto del 061 por causalidad, una vez finalizados sus estudios de enfermería. “Me enganchó. Es muy satisfactorio el trato con el paciente”, añade.

A lo largo de sus carreras han pasado por todo, incluido el covid, que recuerdan no como una época con una alta carga de trabajo, sino por la incertidumbre que reinaba respecto a una enfermedad de la que se desconocía casi todo, incluso cómo se transmitía. “En aquel momento, la información cambiaba hora a hora”, explica. Tuvieron que hacer un esfuerzo muy grande por protegerse ellos y a los pacientes, pero fue la carga de trabajo la que sintió sobre todo la central de llamadas. “La población fue consciente de lo que era una urgencia y lo que era una emergencia”, apunta González. Y no se requería una ambulancia tan a menudo. Fue precisamente en 2020 cuando se abrió la nueva base de Gregorio Hernández.

cifras
2 bases tiene el 061 en A Coruña, una en Gregorio Hernández y otra frente al Oncológico, que albergan tres ambulancias en total
1.800 pérdidas de consciencia se registraron en A Coruña y municipios limítrofes el año pasado, lo que la convierte en la emergencia más común

In situ

Trabajar en una ambulancia es muy distinto que hacerlo en un centro hospitalario. “Nosotros no hacemos un diagnóstico como hace un hospital. Nosotros valoramos el paciente, decidimos si es algo urgente o no, si hay que trasladarlo o no, y cómo hay que tratarlo para estabilizarlo”, explica González. El médico puede tener sospechas, pero no tiene un TAC o una radiografía.

El diagnóstico puede tardar una o dos semanas, ya en el Hospital, pero la mayoría de las veces resuelven las asistencias in situ. “No trasladamos a todos los pacientes. Si no, seríamos un taxi, y no lo somos. La urgencia es muy subjetiva. Para uno puede ser que tu hijo tenga fiebre, y no saber cuánto paracetamol tienes que darle. Y para eso hay un médico al otro lado del teléfono. Lo que pasa es que la población no tiene educación sanitaria”, se lamenta González.

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Una de las rutinas más importantes es llevar la cuenta del inventario y reponer todas las medicinas en el almacén
Patricia G. Frags

Un factor en el que insisten es que cada servicio es distinto, no hay dos iguales: “Hoy, a lo mejor, podemos tener cinco dolores torácicos y tres dificultades respiratorias. Y ningún servicio va a ser igual a otro. Ninguna persona es igual a otra. Ninguna familia es igual a otra”.

También el traslado del paciente presenta problemas a menudo, como reconoce Ana Rodríguez: “Por ejemplo, hay que atender un infarto en un edificio en Monte Alto. Igual tiene unas escaleras muy empinadas, sin ascensor, el descansillo es estrecho. Y como esa persona tiene que llegar a la ambulancia, tenemos unas sillas especiales y camillas, pero si hace falta llamamos a los Bomberos, también. Pero solemos ser bastante resolutivos. Muchas veces improvisas sobre la marcha”, argumenta.

Otro de los aspectos que hace único su trabajo es que no se realiza en un centro hospitalario, sino en la vía pública o en casa del paciente y hace falta tacto. “Nosotros vamos a tu casa, entramos en tu vida”, explica la doctora. Los miembros del 061 rara vez conocen a la gente en su mejor momento. Muchas veces están asustados, otros enfadados porque creen que la ambulancia ha tardado demasiado en acudir. “Es curioso cómo te vas adaptando a la situación a partir de cómo están ellos”, apunta la enfermera. “Todos somos muy parecidos, porque somos muy empáticos. A veces llegamos a un ambiente muy hostil, pero no nos lo tomamos como algo muy hostil. Está pasando algo, y necesitan echarle la culpa a alguien”. Una regla que siguen es dejar a los parientes observar cómo trabajan. “Es su casa y no los encerramos”, aclaran. Incluso cuando el enfermo mental no colabora. “Conseguimos traérnoslo a nuestro terreno”, aseguran.

A ellas les gusta hablar de su trabajo, pero sobre todo no del aspecto médico, sino humano. “A veces te quedas tocado, ves miseria, ves dolor, gente dependiente que no tiene ayuda, gente mayor y sola, que no hay medios, que el cuidador está agotado... A veces hay niños. Pero tienes que acabar el servicio”, comenta Rodríguez. No siempre acaba bien, pero insisten en que vale la pena. “Incluso cuando entra en parada, y fallece. Aun así, nos lo agradecen. El final no ha sido el bonito, pero lo bonito es que te digan gracias”, concluye la doctora. 

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La enfermera Rodríguez y la doctora González revisan el equipo antes de salir de servicio
Patricia G. Fraga
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