Los mercados municipales de A Coruña, el refugio “barato y vistoso” del pequeño comercio
Cada vez más comerciantes deciden instalarse en plazas de abastos para ahorrar en el alquiler

El acceso a la vivienda es la principal preocupación de los coruñeses. Comprar un piso está al alcance de pocos, y alquilar es cada vez más difícil. Para los comerciantes, arrendar un local también supone un lujo. Y por ello, muchos encuentran refugio en los mercados municipales, unas instalaciones que, además de darles visibilidad, ofrecen la posibilidad de tener un negocio con unos costes mucho menores.
El Ayuntamiento sacó a concurso en febrero 28 puestos vacíos distribuidos en las diferentes plantas de la plaza de Lugo y, hasta ahora, 64 candidatos optan a ocuparlos. Y es que el interés por instalarse en las plazas de abastos es cada vez mayor. Un ejemplo de esto es el mercado de Elviña.
Dani Rocha, propietario de La Revolución de los Graneles –dedicada a la venta de productos de limpieza, estética e higiene a granel– dejó su establecimiento de la avenida de Os Mallos en septiembre de 2024 para instalarse en este mercado. “Me mudé por una cuestión de horarios, pero influye el alquiler. A pie de calle no puedes mantener una tienda que solo abriese una tarde por semana. Soy padre y necesitaba tiempo; llevar una tienda yo solo de 09.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas no me permitía distribuir las horas de forma sensata”, señala.

El precio de los alquileres, “por supuesto”, fue una cuestión a tener en cuenta. “Se nota mucho y se agradece, sobre todo viendo cómo está el patio y viendo que ahora para cualquier casero es más rentable montar una vivienda o montar trasteros, como fue mi caso –su antiguo establecimiento es ahora un local de trasteros–, que alquilárselo a una tienda”, comenta Rocha.
Lo que este comerciante más valora de estar en Elviña es que, para él, el mercado es “la última frontera de resistencia contra el tipo de consumo que se tiene y el capitalismo más voraz que vivimos”. Una plaza de abastos, explica, “es el bloque de contención contra todo esto. La idea es muy buena, juntarnos gente en el mismo sitio para facilitarte la compra. Nunca entendí por qué se le llama supermercado al supermercado, porque el ‘súper mercado’ somos nosotros”.
Su caso, por lo tanto, une precio, horario y concepto. “Cuando vamos a otra ciudad muchas veces nos metemos en un mercado porque da mucha información sobre el tipo de consumo, alimentación y porque es bonito estéticamente, así que hay que conservarlo y valorarlo porque es algo vivo”.
Visibilidad
Un ejemplo más reciente en este mercado municipal de Elviña viene de la mano de Carolina Rodríguez. Mi vaina, su carnicería vegana ubicada en el 137 de la avenida de Finisterre, abrió un nuevo local en esta plaza de abastos hace dos meses. En su carta se encuentran albóndigas, chorizo o raxo, pero sin ningún tipo de grasa animal.
“Yo no dejé el local de la avenida de Finisterre. Por la mañana estoy en el mercado y por la tarde, en el local de la calle. Para mí el mercado es una forma de llegar a más público eliminando la barrera de la puerta, porque la gente se anima más a curiosear”, reconoce.
Así, en esta plaza de abastos los productos de su carnicería se destinan “a más público que no es el específico”. Además, “la vida que tiene el mercado por la mañana es muy distinta a la de la calle. El local, por la mañana, flojeaba un poco y ahora he cubierto ese hueco de horario. El concepto de mercado es muy guay y para lo que yo hago, que es intentar replicar la experiencia de compra tradicional, el mercado es el sitio que mejor me puede encajar”, concluye.
Ahorro
En la otra punta de la ciudad, en Monte Alto, la renovación de su mercado municipal llamó la atención de los comerciantes. Y así es como Marcos Sendón, conocido en el barrio como Marc del Norte, nombre de su pescadería, decidió dejar su local de la calle de la Torre. “El alquiler a pie de calle eran 650 euros más IVA, y aquí, en el mercado, son 83 más IVA. Además de eso, me ahorro unos 200 euros de hielo, porque el hielo lo teníamos que coger en la lonja, cargarlo, llevarlo al local que tenía y descargarlo, con su respectivo gasto, lo que suponía una media hora de trabajo, que a esas horas de la mañana se nota”, sostiene.

Este pescadero no quería irse del barrio. “Monte Alto siempre me gustó mucho. Llevo quince años trabajando aquí en mi oficio y estoy muy contento”. En la nueva plaza de abastos, su ‘hogar’ desde el mes de enero, “son todo facilidades y estoy muy contento. El Ayuntamiento en todo momento se portó muy bien y son todo comodidades. Tengo cincuenta años y estoy cansado ya de pelearme y allí estoy mucho más cómodo con todo”, reconoce.
Ahora falta por descubrir qué puestos abrirán en la plaza de Lugo una vez finalice el concurso para los 28 espacios ofertados en los diferentes pisos de la plaza: cuatro locales exteriores, once en la planta baja –diez de ellos pescaderías–, seis en la primera y siete en la segunda planta.










