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A Coruña

La coruñesa que crea el “diccionario” para entender a perros y minicerdos

Paula Pérez trabaja como investigadora en Budapest analizando las interacciones humano-animal para descifrar los mensajes que transmiten las mascotas y que los tutores desconocen

Paula Pérez, junto a uno de sus perros
Paula Pérez, junto a uno de sus perros
EC
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El persistente deseo humano de que los perros hablen no es algo tan lejano ni descabellado. No lo harán como Dug, el golden retriever de la película ‘Up’ que se comunica gracias a un collar especial, ni escucharemos sus voces como si de ‘Babe’, el cerdito valiente, se tratase. La realidad es que los perros ya “hablan”, aunque lo hacen en su idioma. Una comunicación que va más allá de ladridos y que hoy podemos descifrar gracias al trabajo de los veterinarios etólogos como Paula Pérez, la coruñesa que elabora desde Budapest ese “diccionario” humano-animal.

“Siempre tuve mucha curiosidad por saber qué se les pasa a los animales por la cabeza”, reconoce Pérez, natural de Os Mallos. Su conexión con los animales la llevó a estudiar Veterinaria en la Universidad de Santiago de Compostela, en el campus de Lugo, donde cada vez le empezó a interesar más y más la comunicación con ellos. “Hice el máster en Etología Clínica –en la Universidad de Zaragoza– y ahí ya dije: esto es lo que me gusta. Quiero ayudar a la gente a entender a los animales”.

Ese impulso la llevó hasta Budapest, a la Universidad Eotvos Lorand, una de las más prestigiosas en Etología donde ya había hecho una estancia durante el doctorado. Allí lleva ocho años como parte del Family Dog Project y se ha especializado no solo en comportamiento canino, también de cerdos miniatura, una especie “de moda” que cada vez gana más adeptos pero de la que apenas se sabía nada como mascotas. “Todo lo que conocemos de los cerdos viene de animales de granjas”, incide la etóloga, cuyo trabajo se centra en comparar estas dos especies.

¿Y tienen algo en común? “En lo que más se parecen es en los comportamientos sociales. Los perros son animales muy sociables, pero los cerditos también. De hecho, siempre es mejor tener dos porque conviven mejor en grupo”, explica Pérez, que apunta también al contacto físico como otro de los parecidos: “Les gusta mucho”.

Estas conclusiones las saca de horas y horas de investigación, normalmente mediante la observación directa de animal en una situación concreta. “Por ejemplo, cojo una pelota y la pongo fuera de su alance en una sala donde está el tutor. Normalmente lo que pasa es que los perros siempre intentan llamar la atención del tutor y lo dirigen hacia donde está la pelota”, explica. Como este hay muchos más ejemplos de comportamientos que revelan mucha información, ya que los perros se comunican constantemente con el humano pero, a menudo, esos mensajes se pasan por alto por desconocimiento. “Si tienes un perro –o cualquier animal– deberías ir primero a una consulta de etología para que te explique qué comportamientos son normales, cuáles son de estrés o por qué esa especie es diferente”, recomienda la experta.

El mejor amigo del hombre

Precisamente responder a qué tiene de especial el perro es una de las preguntas que Paula Pérez buscaba. Ella es dueña de dos y es el animal estrella de su investigación: “Los estudiamos porque nos pueden dar mucha información sobre los humanos”.

¿Por qué? Porque son el animal doméstico que lleva más tiempo que nosotros, “más de 20.000 años”, y su proceso evolutivo ha estado muy marcado por el hombre. “Han vivido las mismas presiones selectivas que los humanos y por eso nos pueden ayudar a entender un poco mejor nuestras características y comportamientos sociales”, explica la veterinaria.

Esto no solo los ha convertido en el mejor amigo del hombre, también al revés: “Nosotros somos su mejor amigo. Para ellos somos lo más y dependen mucho de nosotros porque es el animal en el que más hemos influido a lo largo de la historia. Hemos hecho que su comportamiento se adapte al nuestro: trabajan con nosotros, nos guardan la casa... Sin duda, es el animal que más nos ha ayudado”.

Errores comunes

Entender a estos animales –y a cualquier otro– es mucho más importante de lo que parece y o solo ayuda a una buena convivencia, también previene problemas de comportamiento.

Para Paula Pérez, el error más común que cometen los tutores es “antropomorfizar” a sus mascotas: “Cuando un perro, un cerdo o un gato rompe algo y crees que pone cara de culpable, lo que estás haciendo es poner un sentimiento humano en un animal. Hay que quitarse esa lente porque está demostrado que los perros ni se vengan ni existe culpabilidad. Seguramente ahí hay un problema de estrés que no estás viendo”.

Por ello, el consejo de esta especialista es acudir a siempre a un etólogo, ya no cuando hay un problema, sino incluso antes de la llegada del animal al hogar: “Por suerte, cada vez veo a más tutores concienciados que buscan información”.

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