Sergio del Molino | "Juana de Vega es un personajón de la historia de España poco transitado"
El escritor visita A Coruña para presentar su último libro, 'La hija', sobre Goya y Rosario Weiss

Francisco de Goya es un personaje poliédrico del que, pese a todo lo escrito sobre él, no sabemos sobre su figura tanto como creemos. Uno de esos misterios es su relación con Rosario Weiss, la que para muchos es su hija, aunque para muchos otros solo una mera alumna. Sergio del Molino ahonda en este debate en 'La hija', su último libro, que este miércoles presenta en A Coruña, en el ciclo 'Encontros con escritores'.
Lo detalla por encima hacia el final del libro, pero, ¿cómo nace ‘La hija’ tras esa lectura de ‘El último Goya’?
Bueno, de ‘El último Goya’ y de mucho darle vueltas. Esta época de España siempre me ha fascinado, siempre la tengo presente, siempre está rondándome. Lo que pasa es que es verdad que la lectura de ‘El último Goya’ fue determinante porque me dibujó un Goya distinto, probablemente de forma involuntaria, como una cosa tangencial del propio libro, me dibujó un Goya protegido por una niña y esa visión a mí me aclaró mucho la relación entre ambos, me la hizo más enigmática, y me hizo querer saber mucho más y obsesionarme un poco por quién era Rosario Weiss, de la cual no encontraba apenas nada, me parecía que había sido totalmente marginada dentro de los estudios y de los escritos sobre Goya. Y a partir de ahí, bueno, pues empecé a tirar del hilo y cuando me quise dar cuenta, realmente estaba ya metido en una obsesión. Se da cuenta mi mujer antes que yo de que estoy en los libros, porque cuando ve que está todo el despacho inundado de cosas de la Rosario Weiss, dice: “Estás escribiendo sobre Rosario”, y mira, no me había dado cuenta, pero sí, evidentemente sí, estoy escribiendo sobre Rosario Weiss (ríe).
Enumera en el libro toda la documentación, que no es poca, ¿son también muchos años para documentarse sobre Goya y Rosario?
Bueno, no tantos, porque realmente la época está muy trabajada. A lo que me he dedicado, fundamentalmente, es a indagar en Rosario, indagar en el último Goya, ni siquiera todo Goya, Goya es inabarcable, solo es el último Goya el que me ha obsesionado. Hay mucho trabajo de mucha lectura, pero no hay una dedicación de una vida, digámoslo así. Hay una inmersión muy profunda en ese mundo, pero vamos, que ya la venía haciendo en muchos aspectos. A mí Goya me ha acompañado desde la adolescencia, realmente es alguien a quien no he dejado de frecuentar nunca y que siempre he leído con mucho gusto todo lo que aparecía y he seguido las polémicas que ha habido en torno a Goya, con lo cual ya venía con buena parte del trabajo hecho de casa. Con lo cual, todas las polémicas en las que me metí, todas las peleas historiográficas, las historias que hay en torno a Rosario de Goya, no me eran del todo desconocidas, ya era música familiar para mí.
El libro tiene un par de conexiones gallegas. Una es la playa de Cedeira donde escribió el libro.
La playa... bueno, Cedeira en general, donde paso espero que cada vez más parte del año. Es un lugar del que estoy enamorado y donde he escrito buena parte de ‘La hija’. Sí, sí, lo he escrito mirando al mar. Creo que mi lugar favorito en el mundo es Cedeira, vengo de ahí ahora mismo, no desaprovecho ocasión de pisar un poquito el pueblo y los alrededores.
La otra conexión es coruñesa, con Juana de Vega, que aparece en el libro.
Sí, es muy importante Juana de Vega en esta historia. Es un personajón de la historia de España. Yo creo que también poco transitado, creo que todavía está por novelar y todavía está por darle un corpus literario a Juana de Vega. No sé si seré yo quién se lo haga (ríe), pero la condesa de Espoz y Mina tiene todavía muchísimo recorrido, es un personaje impresionante de la historia de España.
Sobre esas polémicas de las que hablaba, ahonda en esta relación entre Rosario y Goya y contrapone, grosso modo, las dos versiones que hay: la de que era su hija y la de que era solo su pupila. No sé si alberga la esperanza de que algún día se descubra algo que confirme, definitivamente, cuál era su relación.
No sé qué podría ser, algo de ADN de los huesos, pero como con los huesos tampoco sabemos muy bien qué ha pasado, ni tenemos la certeza de que son, ni nada, tanto los de Goya, como los de Rosario están... sabes que se mezclan los nichos… por lo tanto veo muy difícil que aparezca algo así. Sería más bonito que apareciera una declaración, que apareciera el testamento que modificó Goya, por ejemplo, eso sería precioso. Pero yo me conformaría, ahora mismo, con que se reconociese la coautoría de Rosario Weiss sobre ‘La lechera de Burdeos’, me parecería que eso sí sería ya un reconocimiento sustancial de lo importante que fueron la una para el otro, y de cómo sus obras en el final de Goya y en el principio de Rosario están entremezcladas. Eso para mí sería mucho más bonito y más importante que cualquier filiación o cualquier cosa que nos diera cualquier prueba que nos dijera que es su hija, porque en el fondo es irrelevante.
Sería más bonito que apareciera una declaración, que apareciera el testamento que modificó Goya
Me hablaba de lo poco que ha trascendido Rosario Weiss, sobre todo en comparación con Goya. ¿Cree que el hecho de ser mujer en aquella época afecto a esa falta de trascendencia?
Bueno, hay muchas cuestiones muy específicas, propias de Rosario, que van más allá de ser mujer, aunque bueno, seguramente si hubiera sido hombre habría tenido a lo mejor otra otras posibilidades de hacerse valer. Pero el hecho que fuera mujer al cargo de una mujer muy frágil como Leocadia Zorrilla, que estaban en la intemperie, pues hizo que su vida fuera excepcionalmente difícil para poder desarrollar una carrera. Pero su obstáculo fundamental es Javier de Goya y es la oposición que tiene todo el mundo artístico español a que ella pueda brillar de alguna forma, pueda ocupar un espacio y llamar la atención, lo tiene tremendamente difícil por ser hija de quien es, por ser hija de Goya, es una maldición porque Javier la tiene totalmente apartada. Pero es verdad que al margen de todo eso, si tú comparas artistas con un talento infinitamente inferior al de Rosario Weiss, y que lo tuvieron relativamente fácil en la época, quizás hombres que exponían con regularidad en la Academia, tenían su espacio, hacían estancias en el extranjero en los grandes talleres de los pintores franceses y romanos. Y Rosario no tuvo acceso a nada de eso, a pesar de que tenía un talento incomparablemente mayor. En ese contexto, sí, evidentemente ser mujer fue una rémora, fue una rémora, pero es que además ella tenía otras rémoras que le pesaban más, que tenían que ver con su cuestión familiar.
Volviendo al personaje de Goya, pese a que es un personaje hipertratado tanto en los libros de historia como en el mundo educativo, siempre queda esa sensación de que en realidad no conocemos a Goya tal como era, como deja ver en el libro.
No lo conocemos y no lo conoceremos nunca. Está lleno de misterios, porque Goya no concede entrevistas, no da conferencias, no explica qué quiere hacer, es un artista premoderno en todos esos aspectos, con lo cual solo tenemos su obra y su obra es muy ambigua también, su obra admite un montón de interpretaciones y la sigue admitiendo, de la misma forma que tenemos una imagen de Goya que dan los franceses desde Baudelaire hasta Malraux, que no se parece en nada al Goya que dibujan los eruditos españoles y algunos no eruditos que lo han tratado como Ortega y Gasset. Son personajes totalmente distintos, porque tenemos unos elementos de juicio tan endebles que podemos hacer con ellos, no lo que queramos, pero sí que podemos interpretarlo de forma muy sesgada a como nosotros lo vemos. Y yo la imagen que intento transmitir del Goya viejo como un Goya frágil y feliz a la vez, deslumbrado por la paternidad, pues yo creo que es un Goya que no se ha explorado. O sea, esa parte del Goya padre, del padre final, esa parte yo no la he visto, yo no me la he encontrado en los libros sobre Goya y era la que me faltaba y por eso la he escrito.
Habla también en el libro de lo poco que ha trascendido del pensamiento de Goya, esa suerte de equidistancia que hizo que unos lo ligaran a un bando y los otros al otro. Trasladado al lenguaje de hoy en día, ¿cree que se le criticaría por esa equidistancia?
Lo fue, de hecho. Las pocas críticas que recibió en su vida fueron en ese sentido y hay alguna que recojo. Pero creo que eso también forma parte de las acusaciones que han hecho los biógrafos a Goya, que hubieran preferido que Goya se hubiera pronunciado claramente. O sea, que Goya hubiera hecho algo que no podía hacer, porque era un personaje del Antiguo Régimen. Ten en cuenta que el asunto de Goya no tiene tanto que ver con la equidistancia, tiene que ver con que él ha crecido, el es muy viejo, o sea, Goya vive demasiados años para lo que es normal en la época, con lo cual le da tiempo a ver la época de las revoluciones y le da tiempo a intentar acomodarse a una época con unas coordenadas que no tienen nada que ver con las que él ha crecido. Entonces, para él, el liberalismo, la revolución posterior, toda esa España que llega a ver y toda esa Europa que llega a ver es profundamente extraña, pero a la vez participa de su entusiasmo. No tenemos una declaración sobre su ideología política y que apoyaba y que no, pero tenemos a sus amigos y si atendemos al refrán de ‘dime con quien andas y te diré quién eres’, pues con quien andaba Goya eran todos liberales, pero acérrimos, muy militantes y muy comprometidos y que todos sufrieron luego el exilio. Y Goya mismo sufre el exilio. Creo que más testimonio que ese no puede haber. Acusar a Goya de arrimarse siempre al sol que más calienta, cuando al final de su vida estuvo en el lugar más frío y gélido de todos, me parece también que es un poco no entender el personaje (ríe).
Y hay una reflexión que hace en el libro hablando del Trienio Liberal, lo equipara a la Revolución Francesa y deja entrever que quizás le faltó lo que hoy llamaríamos marketing en cuestión de nombre al llamarse Trienio Liberal y no Revolución Liberal, por todo lo que cambió en la época. ¿Cree que le faltó algo así para que sigamos recordándolo como merece hoy en día?
Está muy bien traído lo de que le faltó marketing (ríe). A la historia española le falta marketing en general, siempre ha estado dominada por unos discursos muy catastrofistas y muy folcloristas y también muy de mucho menosprecio, que eso lo he tratado en otros libros como ‘La España vacía’. Y eso, claro, la ha empequeñecido, ha hecho que tengamos una visión muy distorsionada de hechos heroicos, de hechos que si hubieran sucedido en Francia, habrían hecho arcos del triunfo... Riego, tendría un monumento en todas las ciudades enorme y habría un Día de Riego y no solo un himno, que es folclórico y se toca con una flauta, sino algo mucho más potente. Pero aquí nos vamos siempre a lo folclórico, lo rebajamos todo y tenemos una historiografía muy administrativa, muy municipalista en eso (ríe). Es uno de los problemas que tiene España a la hora de armar un relato épico. O sea, no lo tenemos porque no hemos sido capaces o la historia nacional no ha sido capaz de emocionar, de crear vínculos, de crear mitos… algunos lo han intentado, pero no han podido. El peso de la prosa administrativa siempre ha estado por encima. Y el Trienio Liberal es la Revolución Española, es un momento épico que se queda rebajado en los libros de historia como si fuera nada, como si fuera una asonada, una cosa ridícula, una romería, poco menos
A la historia española le falta marketing en general, siempre ha estado dominada por discursos catastrofistas
Después de ahondar tanto en la figura de Goya y de Rosario Weiss, ¿ya hay ideas para otro futuro libro? A lo mejor uno de Juana de Vega…
(Ríe). No sé si me atrevo con Juana de Vega. Pero sí, hay ideas, tengo pensadas cosas, pero de momento no sé si voy a seguir indagando en la historia. Tengo otros registros desatendidos y creo que voy a atenderlos ahora. Pero vamos, sí, a la historia siempre voy a volver. Me ha gustado mucho este escarceo profundo en el siglo XIX, que lo tenía de hobby y no lo había llevado a la literatura todavía, y me parece que el siglo XIX aún tiene mucho recorrido, lo tenemos que sacar de las garras de Galdós (ríe), tenemos que sacarlo de la garra de los novelistas del siglo XIX y traerlo a nosotros.












