La Fundación San Rosendo abrirá su residencia de la plaza de Ourense después del verano
El edificio recupera un elemento de construcción típicamente coruñés como son las galerías

La residencia de mayores que construye la Fundación San Rosendo en la plaza de Ourense estará en funcionamiento después del verano. El edificio desveló hace unos días cómo será su fachada, lo que sorprendió gratamente tanto a los vecinos como a los que circulan diariamente por la zona, debido a que recupera una construcción típicamente coruñesa como son las galerías blancas.
El proyecto surge tras una donación, en la que el propietario del edificio lo legaba al Arzobispado de Santiago con una condición: que fuese destinado a una residencia de mayores. Desde entonces, han pasado casi diez años en los que ha habido más sombras que luces, con problemas por la aparición de restos arqueológicos y diferencias con Patrimonio que, finalmente, si todo sale según lo previsto, terminarán a finales de este verano.
La residencia tendrá capacidad para acoger a 45 personas mayores –unas plazas que se llenarán muy rápido, tal y como explican desde la Fundación– y empleará a 23 profesionales.
Una casa tradicional
El edificio no es nuevo, sino que toma prestado el esqueleto de otro de finales del siglo XIX, una construcción tradicional del ensanche coruñés y por eso cuenta con un elemento que muchos echan de menos en algunos edificios de hoy en día: las galerías.
“La galería es un elemento tradicional muy típico de esta ciudad porque está ligado a una forma de construir estrechamente conectada con la carpintería naval”, explica el arquitecto Fernando Agrasar.
“Básicamente, una galería es una fachada de muro de carga y volando hay una piel de cristal, a unos 90 centímetros, nunca más de un metro, enteramente resuelta y totalmente cerrada con carpintería de madera y vidrios, de los llamados de guillotina”, comenta.
Todo son ventajas: “Es un sistema estupendo para este clima porque en invierno cierras la galería, impides que se vaya el calor y no hace falta un sol espectacular, simplemente con un poco de luz y radiación solar, ese ambiente se calienta porque el muro de piedra tiene mucha inercia térmica. Y en verano levantas las ventanas y ya está ventilado. Incluso la galería arroja sombra sobre el interior y no tienes el sol incidiendo directamente”.
Menos usados
Sin embargo, este tipo de elementos tradicionales ya no se utilizan tanto como antes. “Tienen un sentido, como todas las construcciones tradicionales, ambiental”, afirma el arquitecto. “No podemos seguir haciendo las cosas como hace cien años; desde un punto de vista comercial, hay que tener en cuenta todo lo que se ahorra al colocar un muro cortina con mucho menos espesor”.
Sin embargo, según Agrasar, “tiene todo el sentido hacer galerías”. “Hay muchas formas de hacerlo: hay galerías contemporáneas con depósitos cerrados, con determinados aceites, que captan ese calor –añade–, es cuestión de hacer un estudio para construir esa fachada si vas a ahorrar mucho a lo largo de los años o si la normativa urbanística lo permite”.
Reinterpretación
Agrasar es menos partidario de soluciones más cosméticas, como puede ser la galería de Zara de la plaza de Mina. “Se conservó la piel aunque el muro de dentro se eliminó –comenta–, es como los lifting faciales. Una galería no es una imagen, tiene otro sentido arquitectónico”. En este sentido, apuesta antes por una reinterpretación propia de estos tiempos que una “galería fake”. Hay “interpretaciones modernas de galerías que no son tal pero lo parecen, como la que hizo Albalat en Puerta Real”.
En el contexto actual y en esta sensibilidad contemporánea por la energía y el ahorro, al margen de este momento actual “recuperar la galería o reformularla tiene todo el sentido”. “Tenemos un clima todavía que nos permite huir de los sistemas duros de climatización como en otras partes; a los de Qatar no les queda más remedio. La arquitectura popular tenía unos sistemas muy eficaces con los estándares de la época”, reflexiona el arquitecto.
“Las galerías son un sistema formidable pero sí o sí necesitan un muro con inercia térmica, eso significa algo masivo que capte el calor o el frío, como la piedra. Son maravillosas”, concluye Agrasar.
Después del verano, habrá 45 personas mayores que podrán disfrutar de este tipo de construcción y, además, de vivir en una residencia en el centro de la ciudad, gracias a la Fundación San Rosendo.









