A Coruña vuelve al ruedo: el día en que murió un espectador en la plaza de toros
Un incidente en Sevilla recuerda un episodio vivido en el viejo coso herculino que supuso un cambio en el reglamento taurino

La tarde del pasado miércoles dejó un sobresalto en la Maestranza de Sevilla que ha reavivado viejos fantasmas de la tauromaquia. Durante la lidia del tercer toro, el joven diestro Javier Zulueta sufrió un percance tan inusual como inquietante: al intentar el descabello, el estoque salió despedido tras el derrote del animal, generando alarma en el tendido al impactar contra un cable de acero y muy cerca de una espectadora.
Aunque el incidente no pasó a mayores, la escena, rápida, imprevisible y potencialmente peligrosa, evocó uno de los episodios más trágicos de la historia taurina en A Coruña, donde un accidente similar sí tuvo consecuencia fatales. De hecho, hubo un antes y un después de ese episodio en la historia de la tauromaquia.
El pararelismo es inevitable. El 6 de agosto de 1934, en la antigua plaza de toros coruñesa, el legendario Juan Belmonte protagonizó un suceso que marcaría un antes y un después. Durante el descabello, el estoque fue arrancado de su mano por el toro de Albaserrada y salió despedido hacia el tendido, alcanzando mortalmente a un espectador, Cándido Roig Roura, de 36 años.
Así lo contó ‘El Ideal Gallego’: “En el primer toro, una de las varias veces que Belmnte intentó el descabello, quedó clavado ligeramente el estoque y al derrotar el toro salió aquel lanzado con fuerza yendo a clavarse en un espectador que ocupaba el número 34 de la sexta fila del tenido número 1, resultando tan gravemente herido que falleció a poco de entrar en la enfermaría”. También reprodujo el periódico el parte médico: “Durante la lidia del primer toro ingresó en esta enfermería en estado agónico, falleciendo seguidamente, el espectador Cándido Roig Roura con una herida penetrante en el tórax”. La víctima tenía 36 años y era natural de Portosín, donde trabajaba en una fábrica de salazón. El aficionado se arrancó el estoque del pecho y lo lanzó al suelo, lo que produjo dos heridas leves en la pierna derecha de un periodista que se encontraba a su lado.

Aquel día, que debía ser una fiesta con figuras como Ignacio Sánchez Mejías y Domingo Ortega en el cartel, quedó teñido por el luto. La muerte del aficionado, que había acudido a disfrutar de la corrida, conmocionó al público y al propio Belmonte, profundamente afectado por lo ocurrido. Se llegó a rumorear que el diestro había sido detenido. No fue así. El torero alegó como causa de la desgracia “una lesión sufrida durante la lidia en la muñeca”, contó El Ideal Gallego, y de hecho fue atendido por los médicos de la plaza, Julio Collazo y Eliseo Sánchez, de un esguince en la maño derecha.
La diferencia clave del incidente reciente de Sevilla está en el desenlace, lo que el miércoles fue un susto, entonces fue una tragedia que evidenció los riesgos de una suerte especialmente delicada.
El nacimiento del verduguillo
A raíz de aquel suceso en A Coruña, las autoridades tomaron cartas en el asunto. Una semana después, se abrió un proceso para estudiar las modificaciones reglamentarias que evitaran que el estoque pudiera salir disparado hacia el público. Al concurso de ideas se presentaron cuarenta propuestas y fue elegido el verduguillo, un instrumento específico para el descabello que incorpora una cruceta, un tope metálico, que impide que la espada penetre más allá de cierto punto o que pueda ser proyectada con facilidad.
Este cambio supuso una de las reformas más significativas en la historia de la tauromaquia, reduciendo considerablemente el riesgo de accidentes como el de 1934. El percance de Sevilla, aunque aparatoso, plantea si, 92 años después del incidente corulés, hay que tomar alguna medida adicional. En este sentido, hay aficionados que proponen si, al usar el verduguillo, los toreros tendrían que asirlo con una cinta a la muñeca, como hace Morante de la Puebla.
Entre la historia y la leyenda
Con el paso del tiempo, el episodio de A Coruña dio pie a una leyenda urbana, la que sostiene que el estoque de Belmonte no solo alcanzó el tendido sino que llegó a introducirse por la ventana de una vivienda cercana, hirieron mortalmente a un joven que se estaba afeitando. Evidentemente, no existe evidencia histórica que respalde esta versión. Las crónicas de la época sitúan claramente el impacto en el tendido de la plaza.
El susto vivido en Sevilla recuerda que, pese a la evolución de la técnica y las medidas de seguridad, la tauromaquia sigue siendo una actividad donde el riesgo nunca desaparece del todo.











