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A Coruña

Fernando Lamelo | “Me acuerdo de todos los pacientes que he atendido a lo largo de estos 32 años”

El jefe del servicio de HADO y Cuidados Paliativos del Chuac repasa su carrera tras recibir la Medalla de Oro y Brillantes del Colegio de Médicos de A Coruña

El doctor Fernando Lamelo, jefe de HADO y Cuidados Paliativos del Chuac, posa en los jardines del hospital de Oza
El doctor Fernando Lamelo, jefe de HADO y Cuidados Paliativos del Chuac, posa en los jardines del hospital de Oza
Germán Barreiros
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El jefe del servicio de Hospitalización a Domicilio (HADO) y Cuidados Paliativos del Chuac, Fernando Lamelo Alfonsín (Ourense, 1963), ha sido reconocido con la Medalla de Oro y Brillantes del Colegio Oficial de Médicos de la Provincia de A Coruña por “su compromiso con los pacientes, su entrega sin reservas a la profesión y por jugarse su vida durante la pandemia para salvar la de los más frágiles”. Tras más de tres décadas de trayectoria, repasa su carrera y reivindica una forma de ejercer la medicina en la que mirar a los ojos y coger la mano es tan importante como cualquier otro tratamiento.

Lo primero, enhorabuena por este reconocimiento. ¿Qué significa para usted?

Pues es difícil describir con palabras. Es un gran honor, pero también una responsabilidad. El galardón se personaliza en mí, pero creo que debería dividirse en muchas partes, porque es fruto del trabajo de muchas personas que me han acompañado y de la labor desarrollada en equipo en nuestro servicio y en las residencias.

Comencemos por el inicio, ¿por qué decidió estudiar Medicina?

Cuando era pequeño en Orense, un compañero de mi padre era médico y tenía un chalé y un coche que se llamaba “Tiburón”, que era el que usaban los presidentes franceses en aquel momento. Me llamó la atención porque en mi casa no había esos posibles. Obviamente nunca he llegado ni a una cosa ni a otra. Me ha quedado la vocación (ríe). 

¿Y en qué momento descubrió que quería dedicarse no solo a curar, sino también a cuidar?

Yo creo que eso ya viene de fábrica. Son los valores que me inculcaron mis padres. Yo vengo de la época en que los abuelos se enfermaban y se morían en las casas y todos ayudábamos a cuidarlos. Ya desde pequeño tuve esa impronta. Y después se fue uniendo la vocación extra de cuidados con la profesión de Medicina.

¿Cómo describiría su servicio?

Nosotros tenemos la suerte y el privilegio de trabajar en los domicilios de la gente, que nos abre las puertas de sus casas. Vivimos la tragedia de la enfermedad desde los dos lados, desde el profesional y desde el lado del ser humano que ve sufrir a otro y que ve lo que conlleva en su entorno familiar. Hablamos de problemas económicos, sociales, de tristeza... Y en la unidad de cuidados paliativos, el impacto emocional es muy superior. Por desgracia es acompañar, ayudar, mejorar el control de síntomas y despedirse.

¿Cómo ha cambiado desde su llegada en 1994?

La unidad de hospitalización a domicilio es la más antigua de España. Existe desde el año 87. Entonces hablar de hospitalización a domicilio no era una temeridad, pero tenía muchas dificultades. Convencer a la gente para ir a su casa, que era el medio era más adecuado... era complicado. Ahora tenemos visibilidad, pero se confunde la atención domiciliaria, que es competencia de Atención Primaria, con hospitalización a domicilio, que es una alternativa a estar en un hospital. 

¿Y en Paliativos?

Ahí queda mucho por avanzar. Tenemos que desarrollarlo mucho más. Cada vez tenemos más pacientes, no solo de enfermedades oncológicas, sino de lo que llamamos enfermedades de órgano, como cardiopatías, insuficiencias respiratorias, problemas de riñón... Tenemos una pequeña epidemia en ese terreno.

Precisamente hoy una familia dedicó una carta de agradecimiento a todos los profesionales de HADO de A Coruña tras perder a su madre, ¿qué sienten cuando les llegan estas muestras de cariño?

La verdad es que somos de los servicios mejor valorados porque entramos en la vida de los pacientes y de sus familias y los acompañamos. El año pasado en Paliativos acompañamos a 500 personas que fallecieron con nosotros y más de 200 en hospitalización a domicilio. Y nos agradecen de mil formas. 

¿Hay casos en los que coger de la mano puede llegar a ser más importante que la medicación?

Cuando un enfermo se enfrenta a una situación dura hay desconocimiento, miedo a lo que pueda venir, a lo que está sucediendo, a cómo está su familia, cómo va a quedar... Y muchas veces eso no se soluciona con medicamentos, se soluciona hablando, comprendiendo, escuchando... Y aquellos enfermos que lo permiten, quieren que les toques, que les abraces, que estés con ellos y que, por supuesto, les cojas de la mano.

¿Usted es de los que ponen una barrera emocional o se lleva los problemas a casa?

Obviamente hay que intentar desconectar, pero esto no es un interruptor que pasas del on al off en un segundo. Si te preocupa un paciente, muchas veces te llevas esa preocupación para casa. De hecho, somos de las unidades que más síndrome de ‘burnout’ tenemos. Y te acuerdas de todo. Yo me acuerdo de todos los pacientes que me ha tocado atender a lo largo de los 32 años que llevo en hospitalización a domicilio. Y no lo mismo una persona muy mayor que está al final de su vida, que atender a un niño o a una persona joven. Cada situación tiene una carga muy diferente.

Hablemos de la pandemia, ¿cómo recuerda esa etapa?

Parece que fue hace mucho tiempo y solo pasaron seis años. El 24 de marzo de 2020 el gerente, Luis Verde, y el director asistencial, Antón Fernández, me pidieron que intentara ayudar a las residencias. Y fue tremendamente duro. Inicialmente había caos, miedo, incertidumbre... Vimos sufrir y morir a mucha gente. El desconocimiento también nos agobiaba, la incertidumbre, la falta de recursos... Siempre digo que nos faltó el aplauso a los profesionales de residencias, porque realmente yo viví con ellos, había mucha gente encerrada con las personas allí atendiéndolas.

"Tenemos una pequeña epidemia en Paliativos de pacientes con lo que llamamos enfermedades de órgano"Fernando Lamelo

Usted puso en marcha la Unidad de Coordinación y Apoyo a Residencias, ¿cómo surgió la idea?

Fue poco a poco. El problema no era tanto fallecer, sino el cómo. Y eso fue lo que intentamos organizar porque no había nada preparado. Y según íbamos dejando de prestar tanta asistencia al covid, vimos que necesitaban mucha ayuda en otras cosas. Y aquí estamos, con una visión muy multidisciplinar. Somos únicos en Galicia y en España tampoco han surgido mucho las iniciativas, al menos no con la visión multidisciplinar como aquí. 

¿Qué ha cambiado desde que se creó esta unidad en la atención a los mayores? 

Mi primera petición cuando me pidieron ayuda en el 2020 fue un teléfono y un correo para que pudieran acceder a algún sitio a llorar, a pedir ayuda, suministro, material.... Yo diría que ese que el mayor cambio, tener una vía de comunicación inmediata, directa y diaria.

Mirando hacia atrás, ¿con qué recuerdo se queda de todos estos años?

Tengo muchos. Me acuerdo de una pota de fabada que me regaló la madre de un paciente. Como ese, tenemos muchos detalles, pero me quedo con pensar que he podido ayudar a alguien a morir digna y tranquilamente.

 ¿Piensa en la jubilación? 

No (ríe). Está cerca pero a mí me encanta mi trabajo. Siempre le digo a los médicos jóvenes que los científicos están en la NASA y que los demás tenemos dos piernas, dos brazos y. puede que haya uno más listo que los demás, pero lo que hace falta es querer ayudar. 

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