Enrique Piñeyro | “Es muy difícil comer mal en Galicia, diría que casi imposible”
Este sábado presenta en el teatro Colón el espectáculo 'Volar es humano. Aterrizar es divino'

Piloto, médico aeronáutico, director, productor, filántropo... La lista de títulos que pueden anteceder a Enrique Piñeyro es extensísima. Este sábado trae a la ciudad su espectáculo ‘Volar es humano. Aterrizar es divino’ (20.00 horas). Lo desplegará en el teatro Colón y en cuanto se le menta el recinto, Piñeyro, italiano de nacimiento pero nacionalizado argentino, se echa la mano al corazón: “Es muy raro cuando le dicen teatro Colón, porque es el teatro lírico más grande de Argentina, cuando te dicen que vas a actuar en el Colón es como...”, afirma con una sonrisa llevándose de nuevo la mano al pecho.
Piñeyro se subirá al escenario en el que se dispondrá “un simulador en escala real, como si hubieran serruchado la nariz de un avión”. Habrá mucho contenido visual, tanto fotografías, “retratos de cosas que vamos viendo ahí arriba”, como vídeos preparados “para el show”. También hay una parte con “pasajes en 3D”. “Hay que ponerse unos anteojitos que tienen un código QR con una receta de un pan de queso relleno de huevo, pero eso es un beneficio colateral del show”, cuenta entre risas.
Precisamente, el humor, aunque “involuntario”, nutre el espectáculo. “Hay cosas que damos por hecho en tierra y que en aviación nos parecen absurdas, como los carteles de curvas peligrosas, ¿están mal de la cabeza? No hagan curvas muy peligrosas, no hagan nada peligroso. Yo no aterrizo en una pista que tiene un cartel que dice ‘pista muy peligrosa’, pero nos parece normal en tierra y el Estado parece orgulloso”, comenta. Y echa mano de la estadística para recordar que volar no es tan peligroso: “En 2017 volaron 4.000 millones de personas, 38 millones de vuelos, y no murió nadie, pero ese mismo año murieron 256 personas cazando pokemones. Pero le tenemos miedo al avión, tengámosle miedo a la calle o a los pokemones, a algo más razonable”, dice riendo.
En 2017 volaron 4.000 millones de personas y no murió nadie, pero ese mismo año murieron 256 personas cazando pokemones"
Preguntado sobre algún momento especial relacionado con el vuelo que quisiera revivir, Piñeyro se lo piensa. “Mi primer vuelo solo, en un descampado, el instructor bajó y yo empecé a dar vueltas y vueltas... el otro me hacía señas, pero yo no quería volver...”, recuerda entre risas. “Mi primer vuelo en línea aérea fue algo como ser ungido caballero. Y mi primer vuelo de comandante, después de todo el ascenso, de los chequeos, de vuelos con instructor durante un mes, dos, rendir con la autoridad, rendir con el simulador, vuelos de ‘Base training’... y después ya salir programado con un copiloto de trinchera, sin instructor, sin supervisión, nada... Ese día fue muy especial”, comenta recordando también sus primeras veces en un 737 o en el ‘Bombardier Global 8000’ con el que aterrizó en Alvedro el miércoles.
Y cuestionado sobre qué se siente al pilotar un avión, mira a su equipo y echa mano de lo que ya podríamos llamar retranca argentina: “Dijo pilotar un avión, tenía miedo de que me hubieran traído a alguien que dijera conducir un avión, estoy muy emocionado”. Pero vuelve al hilo inmediatamente: “Es una experiencia distinta, todo cambia, todo. Requiere de un foco, de una urgencia, orden, conciencia situacional, de tratar de anticiparte siempre, todo el tiempo. En el auto no comprobamos los frenos, en un avión es impensable no probar todo”, explica, antes de retomar su idea inicial: “Se siente una especie de armonía, estás de adulto en el lugar que soñabas de niño”.
Visitas pasadas
No es la primera vez que actúa en A Coruña. “Tengo gran recuerdo, sobre todo de los restaurantes a los que fuimos después del show”, dice mientras su equipo asegura que acudieron a La Sartén hasta tres veces.
“Igual es muy difícil comer mal en Galicia, diría que casi imposible. Galicia es como un punto alto, alto, alto. Y ya no hablemos de los albariños”, afirma.










