Daniel Catalán | “El fenómeno ‘Doctor Google’ ahora es ‘Doctor TikTok’”
Catedrático de Comunicación en Salud de la Universidad Carlos III, pone en el foco los riesgos de la desinformación en la jornada ‘Comunicar + Saúde’ de la cátedra Vegalsa-Eroski UDC

Las crisis como la pandemia han puesto en evidencia que “comunicar mal enferma”. Y si se tiene en cuenta a los más jóvenes, que viven pegados al algoritmo y al feed, los riesgos se multiplican sustancialmente. Así lo puso en evidencia este miércoles en A Coruña Daniel Catalán, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid y director del grupo de investigación UC3M MediaLab, quien presentó el libro ‘Comunicación y Salud (ODS Nº3)’ en el marco de la jornada ‘Comunicar + Saúde’ de la cátedra Vegalsa-Eroski UDC, celebrada en el campus de Oza.
¿La buena comunicación puede salvar vidas?
Sí, la comunicación clara, ética y basada en la evidencia salva vidas de manera directa. La salud no solo se juega en laboratorios o quirófanos. Cuando la comunicación falla, falla la prevención, la satisfacción de los pacientes y la adherencia a los tratamientos, lo que debilita todo el sistema sanitario. En crisis como la covid-19, se evidenció que comunicar mal enferma y desinformar puede llegar a matar.
¿Qué lecciones nos deja la pandemia?
La importancia de la transparencia para generar confianza y la necesidad de gestionar la “infodemia” o saturación informativa, ya que demasiada información confunde a las personas. También debemos aprender de casos como el ébola en Sierra Leona, donde se descubrió que el conocimiento local y la participación comunitaria son indispensables para combatir cualquier crisis.
¿Cree que la desinformación en salud afecta más a los jóvenes?
Sí, son un colectivo especialmente vulnerable. Al usar plataformas como TikTok como fuente principal de información, la ciencia compite en igualdad de condiciones con opiniones y creencias sin base científica. Los algoritmos priorizan lo que interesa al usuario, no lo que es real, facilitando la exposición a pseudoterapias y curas milagrosas que pueden producir efectos muy dañinos en la salud.
“En crisis como la covid-19, se evidenció que comunicar mal enferma y que desinformar puede llegar a matar”
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, la publicidad de alimentos ultraprocesados y los mensajes de ciertos influencers que promueven dietas restrictivas son potenciales desencadenantes de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), ansiedad por la imagen corporal y otros problemas de salud mental como adicciones.
¿El riesgo es el contenido falso en sí o algo más?
El mayor riesgo es lo que produce ese contenido: la pérdida de confianza en las instituciones que históricamente generan el conocimiento científico, como universidades y centros de investigación. La desinformación actúa como un determinante social de la salud, es decir, lo que la gente cree puede ser tan determinante para la salud pública como cualquier medicina o intervención en un hospital.
¿Se promueve el autodiagnóstico en redes sociales? ¿Ve un problema ahí?
Es un problema real. El fenómeno del ‘Doctor Google’ ahora es ‘Doctor TikTok’. Las personas buscan información incluso antes de acudir al médico, lo que puede generar confusión o decisiones erróneas que ponen en riesgo su salud. La información en redes suele carecer del contexto y la rigurosidad que solo un profesional puede aportar.
¿Hay que tener prudencia también con el contenido de perfiles más profesionales?
Es fundamental ser prudentes. El libro revela casos como influencers que dan consejos sobre salud o alimentación no tienen formación específica en el área. Aunque la confianza en los profesionales de la salud sea mayor, el impacto emocional de los influencers es superior.
¿Cree que se vive más en el feed que en la realidad?
Se ha normalizado “vivir en el feed” buscando la gratificación instantánea y la perfección física poco realista. Los adolescentes deben buscar siempre fuentes oficiales antes de cambiar cualquier hábito de salud. Además, les aconsejaría que aprendan a vivir en el mundo offline. En nuestra última encuesta observamos que en personas jóvenes de 18 a 24 años hay una media de consumo de redes sociales y aplicaciones de cuatro horas diarias en España.










