La invasión de plumachos cambia el calendario de alergias en A Coruña
Esta planta invasora ha pasado de ser una alerta medioambiental a un problema de salud pública

Hasta ahora los plumachos solo eran problema medioambiental. Uno grave, dado su carácter invasor y su crecimiento incontrolable, y preocupante, por sus consecuencias en el ecosistema. Pero ahora suma una nueva dimensión que pone en alerta al sistema sanitario: su efecto en las alergias. Y A Coruña está entre las zonas más afectadas.
Para entender la gravedad del problema hay que hablar de las dimensiones de la cortaderia. “Desde la AP-9 hasta el mar, la invasión de la hierba de la pampa es generalizada. Estamos hablando de cientos de miles de plantas en las cuales la lucha biológica funciona pero no es suficiente por sí sola. Hay que arrancarla”, explica Benito García, presidente de la Asociación Galicia Ambiental, que forma parte del proyecto Life Coop Cortaderia, una iniciativa que une a organizaciones desde Burdeos hasta Lisboa con un objetivo común: erradicar esta planta invasora.
A Coruña es una de las zonas más afectadas por los plumachos. El problema se ha ido extendiendo “como consecuencia del tráfico de vehículos que traen la semilla desde los municipios limítrofes”, como Oleiros o Culleredo. “Una vez en la ciudad, se asienta sobre todo en terrenos degradados, como parcelas abandonadas o en desuso. En las medianas también está proliferando de una manera brutal. Ahí es donde hay que actuar para evitar que se vuelva incontrolable”, incide el experto.
¿Pero cuál es su conexión con las alergias? Los plumachos forman parte de la familia de las gramíneas y las reacciones a este tipo de polen están entre las más comunes en el área sanitaria coruñesa. “Afecta a entre el 20 y el 25% de la población, especialmente en la costa atlántica, debido al clima y la humedad”, alerta Alberto Gandarillas, líder en el Instituto de Investigación Valdecilla del estudio que ha revelado este nuevo problema.
Hasta el otoño
Esta investigación, que tiene en marcha ya su segunda parte, ha demostrado en el estudio piloto que los alérgicos a las gramíneas también reaccionan al polen de cortaderia. El problema añadido es que esta especie poliniza más tarde, lo que hace que la temporada se alargue hasta el otoño. “La hierba de la pampa florece en torno a septiembre, porque guarda memoria, al venir de Sudamérica, de las latitudes de allí. Esto hace que aumente el polen de gramíneas en el aire tres o cuatro meses más”, explica Gandarillas.
Y una mayor exposición a este alérgeno puede provocar un agravamiento de los síntomas e incluso afectar a personas que antes no lo estaban. Aunque el Chuac no nota, por el momento, un aumento de las consultas en otoño, el doctor Martín no cierra la puerta a que pueda ocurrir este año y habla de un doble pico, el habitual de la primavera y su rebrote en septiembre-octubre. “Estamos ante un problema que afecta a una proporción muy alta de la población. Hay que actuar”, zanja Gandarillas.










