Mateo Vázquez, el joven que hace hablar las campanas en A Coruña
Es natural de Boiro pero estudia desde hace un año en la UDC y aprovecha sus ratos libres para dar rienda suelta a una de sus pasiones

A pesar de que el toque manual de las campanas fue declarado en 2024 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, lo más habitual es que cuando oímos el sonido que sale de un campanario sea algo programado por ordenador. Así funcionan en la mayoría de las iglesias, salvo que alguien desconecte el piloto automático.
En A Coruña, ese alguien es un joven de veinte años, natural de Boiro, que se llama Mateo Vázquez. Ha vivido siempre en Vigo pero ahora reside en A Coruña porque es aquí donde está estudiando. “Quería hacer Fisioterapia pero al final entré en Terapia Ocupacional y creo que ha sido un acierto”, explica.
El joven aprovecha que está matriculado en la UDC para desarrollar una de sus pasiones, tocar las campanas, algo que le cautivó por primera vez cuando era solo un niño. “Quería aprender, porque era una cosa que siempre me gustó, así que hablé con el sacristán, que me dejó tocar una vez, cuando tenía nueve años, en una procesión”.
Sobre cómo cogió soltura con las campanas asegura que fue, sobre todo, “escuchando y mirando”. También pregunta a la gente del lugar para saber si hay algún toque especial, –por ejemplo, para difuntos– y rebusca en los archivos. “Si hay documentos escritos, intento descifrarlos –explica– y, si no, tiro de tradición oral”.
En varias parroquias
Afirma que, ahora mismo, es el único que lo hace en A Coruña, en donde toca las campanas desde hace un año. “Al menos, que yo sepa”, insiste. Ha pasado ya por los campanarios de Colegiata, Santiago, Santo Domingo, San Jorge, San Nicolás, San Vicente de Elviña y Santa María de Oza. “Estoy hablando también con los de la Orden Tercera a ver si también colaboro con ellos –añade–; es algo que es importante preservar y en A Coruña estaba bastante perdido”.
Se mueve con gran soltura por el interior de la iglesia, en donde todos le conocen y le saludan. “A veces, ayudo a misa también”, comenta. La misma soltura de la que hace gala para emprender la escalada hacia el campanario, al que se accede llegando primero hasta el coro y por una escalerilla seguida de unas angostas escaleras de caracol después.
Las campanas de la Colegiata son, en opinión de este joven experto, las mejores de la ciudad. Son cinco en total e incluyen la que es la más grande de A Coruña. “Es como nuestra Berenguela”, afirma risueño.
El repique es algo que hace de forma completamente altruista y cuando hay una celebración o algún día especial. “Es verdad que en algunos sitios, si hay que tocar en las fiestas, la comisión a veces me da algo, otras me traen los vecinos un dulce o algo así, pero yo no pido nada”, afirma.
Mateo Vázquez pertenece a la Asociación Cultural Campaneiros de Galicia, que agrupa a todas aquellas personas que intentan desde sus parroquias que esta forma de comunicación ancestral no se pierda: “Somos, más o menos, unos cincuenta en toda Galicia y en el grupo hay también varias mujeres”.
Mujeres
Aunque no es habitual que sean ellas las que tocan las campanas, Vázquez explica que sí hay algunos ejemplos. Tanto ahora como antes. “En el caso de la Colegiata, por ejemplo, quien tocaba era el campanero pero, cuando estaba enfermo, era su mujer la que lo hacía”, desvela.
La manera de tañer de este veinteañero es muy reconocible porque se sale por completo de lo que marca el toque automático. Y no siempre es tan convencional como cabría esperar: “He ido probando varios ritmos para los repiques, con vídeos que veo por internet, y le he metido hasta rumbas”, dice divertido.
Los vecinos saben, nada más empezar el ‘concierto’, que está Mateo en el campanario y agradecen la novedad, fuera del automático de cada día diez minutos antes de la misa. Cuando termina su recital, más de un vecino de la Ciudad Vieja se asoma a la ventana, mira hacia arriba y aplaude encantado.











