Moisés Canle | “Aquí tenemos un entorno delicado; si hubiese una guerra, habría serios problemas”
El investigador de la UDC participará la próxima semana en el taller de la OTAN sobre reducir el impacto de las actividades militares en los recursos de agua potable

Los problemas derivados de la industria bélica van más allá de campos arrasados o ciudades bombardeadas. La dimensión de lo que genera este tipo de aparatos armamentísticos podría incluso provocar que llegue un punto en el que el agua en buen estado sea un recurso cada vez más difícil de conseguir y pase de ser “un derecho humano” a un bien solo apto para los más pudientes. Sobre cómo reducir el impacto de estas actividades militares en los recursos de agua potable hablará –junto a una treintena de científicos de trece países de todo el mundo– la próxima semana en Lisboa Moisés Canle, investigador y docente de la Universidad de A Coruña, en el taller de investigación avanzada de la OTAN.
¿Qué aspectos se abordarán en el taller de la próxima semana?
La contaminación difusa no es un tubo echando agua contaminada como se lo imagina la gente, más bien es una aportación pequeña –pero constante– de sustancias que terminan degradando el medio y las aguas subterráneas y superficiales. Esto sucede, en gran medida, por el impacto de la actividad militar, que es un poco lo que se abordará en el taller, esa actividad bélica y su impacto tanto en masas de agua superficiales como en aguas subterráneas que no se ven, pero que en algunos sitios son la principal fuente de agua bebida. Esto es un tema crítico, ya que una vez que se acumulan sustancias en esas masas de agua, luego son muy difíciles de eliminar y puede dar lugar a que la población no tenga recursos de agua en buen estado.
¿Cree que no se tiene en cuenta la contaminación que provoca un conflicto bélico?
Es sorprendente que no se tenga en cuenta porque todo este problema tiene más de cien años de recorrido. Podríamos poner la gran barrera en la Primera Guerra Mundial, incluso un poco antes. Hay lugares del mundo en los que los suelos tienen unos niveles de contaminación que no permiten una buena actividad agraria y hay otros donde el agua está enormemente contaminada y no hay un buen recurso de ella, lo que provoca movimientos masivos de población.
Afecta a todo el mundo. También a A Coruña, por ejemplo.
Los problemas originados por la industria bélica y que derivan en sustancias en el agua son más o menos los mismos en todo el planeta. Nosotros, como cualquier parte del mundo, no estamos libres de que haya estos problemas. Si los hubiese, nosotros aquí tenemos un entorno bastante delicado. Nos parece que llueve mucho y que tenemos mucha agua pero si nos cortan la masa de la que nos nutrimos tendríamos serios problemas.
Uno de los grandes problemas es que los países no están obligados a contabilizar lo que emiten sus ejércitos. ¿Cómo se sabe realmente el alcance de esas emisiones?
Es bastante complicado contabilizarlo. Se hace, sobre todo, mediante una actividad que es casi forénsica. Por medio de analíticas, puedes ver concentraciones de sustancias que hay en el agua y, a partir de ahí, puedes volver hacia atrás y recalcular más o menos cuál tuvo que ser el problema. En este sentido, no importa tanto cuántas bombas exploten, sino cuántas de esas sustancias que contienen esas bombas fueron a parar al agua. No solo con explosivos, también con incendios, por ejemplo. De hecho, para apagar los fuegos se utilizan sustancias incluso más nocivas que los propios fuegos. Antes del año 2014, a Ucrania se le solía llamar el granero de Europa, ahora mismo probablemente buena parte de eso suelos estén inutilizables. También en Alemania, tras la Segunda Guerra Mundial.
¿Qué pueden hacer los ejércitos para reducir las emisiones?
Si tuviese que dar una respuesta única, la solución es obvia: parar las guerras. Aunque me temo que no va a ocurrir. Ya que esta gente no va a parar las guerras, veamos cómo podemos paliar el efecto que dejan a su paso.
¿Sería conveniente reducir el gasto en defensa?
Si esto lo miramos desde el punto de vista de que hay que reducir el gasto en actividades militares para producir daños, la respuesta es ‘sí’. Si se mira desde el punto de vista de perder defensa, ya es más difícil la cuestión. Lo que sí es cierto es que sería bastante conveniente decidir cuándo realmente estas cosas son tan necesarias. Aquí hay una oportunidad de mejora tecnológica en el ámbito de la protección del medioambiente.
¿En qué tipo de tecnologías se está trabajando?
En general estas nuevas tecnologías son muy caras, sobre todo, porque implican un consumo energético muy elevado. Las tecnologías que tenemos a día de hoy para el tratamiento de agua están pensadas para desinfectar el agua, es decir, para que no se produzcan enfermedades. Pero no están pensadas para tratar sustancias químicas, que es un problema más grande que el de tratar microorganismos.













