La Policía estima en 40 los puntos de venta de droga activos en A Coruña
La Jefatura Superior de la Policía afirmó que el año pasado se habían conseguido cerrar 13 narcopisos

La pasada semana, la Policía Nacional intervino en tres narcopisos, deteniendo a otros tantos sospechosos de tráfico de drogas a pequeña escala. A principios de mes habían actuado en otro lugar parecido en la avenida Finisterre, el hogar de un pequeño traficante que también vendía en la calle. Este tipo de intervenciones son habituales y, sin embargo, los puntos negros de venta de drogas no parecen acabarse nunca. Fuentes de la Policía Nacional estiman que en A Coruña existen cerca de 40 de estos lugares, que a día de hoy suponen uno de los mayores focos de problemas de convivencia en la ciudad, de ahí que las autoridades les presten tanta atención.
En los últimos años, las redadas se han ido sucediendo. La Jefatura Superior notificó recientemente que el año pasado se intervino en 13 de estos puntos, a raíz de lo cual se pudo detener a 64 sospechosos, todos ellos relacionados con el menudeo de drogas en la ciudad. Normalmente, en estos pisos nunca tienen grandes reservas de estupefacientes. Prefieren guardarlas en otros pisos llamados guarderías, donde no trafican, por motivos de seguridad en caso de redada.
Sin embargo, el año pasado, el trabajo de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) se vio acompañado de la suerte y se descubrió una de estas guarderías de causalidad. Esto contribuyó a elevar la cantidad de estupefacientes incautados a 23 kilos de cocaína y 20 de hachís. Una cantidad inusual para tratarse de menudeo.
Sin embargo, los agentes expertos en este tema advierten: “Ahora mismo hay más droga que nunca. Los países de Sudamérica se están convirtiendo en narcoestados: Colombia, Ecuador... Su fuente de ingresos fundamental es ya el tráfico de drogas”. Esta abundancia de oferta ha provocado una caída en el precio de la cocaína, la que es la droga más popular en A Coruña. Hace unos años, el precio del kilo de esta sustancia sin adulterar oscilaba entre los 25.000 y los 30.000 euros, y ahora se mueve entre los 16.000 y los 17.000 euros, por eso llega en más cantidad. “Si se coge a un narcosubmarino, entran tres”, comenta un agente.
Esto no quiere decir, matizan, que la Policía no resuelva, pero señalan que se necesitarían más medios. “Los recursos humanos son insuficientes, y tampoco tenemos un juzgado especializado en la lucha contra la droga”. La cocaína se vuelve más popular a medida que se rebaja el precio y toda esta sobreproducción, llevada a nivel local, es un negocio muy rentable. “¿Qué quiere decir? Que si compro un kilo de coca, hago dos porque lo adultero y empiezo a ‘gramear’. De un 80% a un 60%, el gramo lo sigo vendiendo a 55-60 euros: es una pasta”.
Baja penalidad judicial
A esto se añade otro factor: “La penalidad judicial es baja. A la gente le compensa arriesgarse”. En este estado de cosas, señalan, lo raro no es que haya 40 narcopisos, sino que no haya plantaciones indoor, como en otras provincias. “Somos afortunados con eso”, comenta un policía aunque, oyéndole, no parece estar muy contento: “Tú vas al juzgado, que no es especializado en la lucha contra las drogas, para pedirle un montón de cosas y el juez se asusta”. Intervenciones telefónicas, balizas para seguir a los coches u órdenes de registro. Todo es analizado. “Somos un país muy garantista, y eso está bien, pero hay que realizar autos, providencias. Eso es mucho trabajo”, suspira.
Y el resultado de tanto esfuerzo es desigual. Sin embargo, en la Policía creen que golpear los puntos negros es la táctica a seguir porque, con la droga tan barata, las grandes incautaciones no hacen tanto daño como antes. “Y, a veces, solo con trincar a alguien y demostrar tráfico de drogas, se obtienen condenas ejemplares”, añaden las fuentes consultadas. Aseguran que los puntos de venta se han reducido paulatinamente a medida que se golpea y que no existen tantos como percibe el público: “La mayoría de las denuncias no son verdaderos narcopisos, sino viviendas de consumidores”. Normalmente, generan los mismos problemas, como peleas, ruidos, visitas intempestivas, etc. Pero hay poco que la Policía pueda hacer. Pese a todo, la situación no es mala: “Tenemos un fiscal antidroga y A Coruña es una ciudad tranquila”.








