Manolete | “Estuve tres años trabajando en Fenosa y viajando con el Deportivo en Primera División”
Manuel Ríos Quintanilla es una de las caras de referencia en el Deportivo, donde jugó doce años y llegó a ser internacional. Su vida transcurre entre la Torre, la plaza de Pontevedra y Mera

Manuel Ríos Quintanilla ‘Manolete’ (A Coruña, 1945) tuvo dos vidas muy diferenciadas. En la primera, triunfó en el fútbol: jugó en el Deportivo y en el Valencia y llegó a ser internacional: “Y cuando estaba en Coruña”, reseña. En la segunda, trabajó en un banco, pegado a la sede del club y que también le dio al Dépor más de un crédito. Ahora, ya jubilado, sigue muy activo, como vicepresidente en Padre Rubinos y presidente de la Asociación de Veteranos del Deportivo.
Manolete se define como un coruñés “de la calle de la Torre”. Padre de cinco hijos y abuelo de ocho nietos, conoció a su mujer “en la playa de San Amaro”: “Era policía, funcionaria, de Ángel Rebollo –recuerda–, entonces a la playa solo iba la gente del barrio”.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña?
Me acuerdo de cuando fiché por el Deportivo...
Me refería a cuando era niño. Por ejemplo, ¿de qué barrio es?
¿Yo? De la Torre. De la calle de la Torre.
¿Y qué recuerda de su infancia?
Estar en una calle todo el día jugando, delante de mi casa.
¿A qué altura estaba su casa?
Donde estaba la gasolinera, allí nací yo. Era monaguillo también. En Santo Tomás. Eso me dio una preparación muy importante.
¿Y a qué jugaban?
A fútbol, las chapas, al che, a la billarda... Yo hice un equipo, con doce años, que se llamaba Promesas, que era muy conocido.
¿Y con quién jugaban?
Con el San Juan, el Galera... Con muchos equipos, porque antes el fútbol no tenía la dimensión que tiene hoy.
¿Con cuál tenían más rivalidad?
Con el San Juan, que era vecino nuestro. Y jugábamos en el campo de la Torre, donde hay ahora unas chabolas.
¿A qué colegio fue?
Empecé en una escuela que había en la calle Santo Tomás. Luego pasé a Saldaña, una academia que había en Panaderas. Y luego ya empecé maestría industrial.
¿Y qué quería ser de mayor?
Futbolista, pero claro, tú puedes querer, pero igual no sale. Si no podía, mi idea era trabajar en Fenosa, como mi padre, mi abuelo... Y, de hecho, estuve cerca de tres años trabajando en Fenosa, en un laboratorio, que había en la zona de Salesianos, y viajando con el Deportivo en Primera.
¿Y cómo hacía?
Los jefes me dejaban dormir allí en unos cartones para recuperarme del viaje. El primero que hice fue a Sevilla, en tren. Yo que lo más lejos que había llegado era a Betanzos. Íbamos en coche cama. Así estuve tres años. El Deportivo quería que lo dejara pero... Después ya pasé a cobrar 150.000 pesetas y jugué aquí doce años.
Que no son pocos...
Empecé muy joven. Jugaba en el Deportivo Ciudad y me quisieron fichar a los 16, pero yo estudiaba en la escuela de maestría. Fiché con 18 y debuté en Sevilla, con el Betis y jugué 27 partidos. Imagínate, un chaval de la Torre... Con 18 años antes no jugabas. Yo cogí una serie de oportunidades y las supe aprovechar. Fui muy feliz en el fútbol, tuve la suerte de coger un equipo bastante aceptable. Era un equipo señor, con un gran nivel humano, que es lo más importante. Y, después, en lugar de volver a Fenosa, fui bancario.
En el Banco de Bilbao...
Cuando dejo el fútbol, yo tenía mis negocios. Pero me llamaron un día para trabajar en el Banco de Granada. Me hicieron un contrato de seis meses y me dijeron: ‘Si lo haces bien, sigues y, si no, a la calle’. Me salió bien y me fichó el Banco de Bilbao. Estaba debajo del Deportivo, en la plaza de Pontevedra. Estuve allí 25 años. Al Deportivo le daba créditos de 2.000 o 3.000 millones. A Lendoiro, cuando llegó, le di un crédito para empezar. He hecho muchas cosas y he tenido una vida muy feliz.
Siempre muy relacionada con el Deportivo.
Doce años de jugador, veinte de secretario técnico... En el fútbol, ser serio es importante y yo creo que fui bastante serio.
Después con los veteranos.
Y sigo. Es que no hay otro, nadie quiere trabajar aquí (risas).
Y también colabora en Padre Rubinos...
Soy vicepresidente. Voy todos los días. Allí hay mucho que hacer, tenemos 160 empleados, pero estoy un poco cansado. Si tuviera 50 años, pues sí, pero tengo 80.
Pero muy bien llevados...
Sí, sí, déjate de coñas (risas).
¿Cuáles son sus barrios, por dónde se ha movido?
Yo soy de la calle de la Torre. Tengo un piso allí, muchos amigos y voy a tomar café todos los días.
¿Por dónde más se ha movido?
Viví en la zona de la plaza de Pontevedra, junto al hotel Riazor. Y ahora vivo en Pérez Cepeda. Llevo ahí ya 35 años. Y también vamos mucho a una casa que tenemos en Mera, que nos gusta mucho.
De todos estos sitios, ¿cuál es la zona que más le gusta?
La Torre. Y mi farmacia sigue siendo la de la Torre.
Cuando ha estado fuera, ¿qué echaba de menos de aquí?
El ambiente, mis amigos... En esta ciudad tenemos un ambiente muy familiar. De Coruña me gusta todo. Es una ciudad muy tranquila para caminar, muy asequible. Y luego entiendo que la gente es muy amable, porque en Valencia no eran así; nos gusta convivir. Cuando era pequeño, recuerdo que dejábamos la puerta de casa abierta. Pero no solo la de mi casa, la de todos los vecinos.
¿Sigue haciendo deporte?
No puedo, por el tema de las rodillas. La principal lesión que tuve fue la rodilla, que me operé ocho veces y no quedé bien. Pero, en total, de varias cosas, me he operado 16 veces. De hecho, aún me estoy recuperando de la última. Tuve un susto gordo, porque creyeron que era ELA. Lo pasé muy mal.
Pues se le ve estupendo...
Eso me dicen los médicos, que voy hecho un pincel. Menos mal que soy muy religioso y la fe mueve mucho. Voy tirando.
Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué momento le gustaría ir?
Me gustaría hacer lo que hice. O sea, ser futbolista.
Sabiendo lo que sabe.
Claro. Llegaría mucho más lejos. En los años 70, era un milagro ser internacional con el Deportivo. Si los milagros existen, ese fue uno.
Preguntas cascarilleiras
Hay que elegir: ¿churros de Bonilla o churros del Timón?
Es que los dos son amigos... Bueno, venga, vamos a decir Bonilla.
¿Jardines de Méndez Núñez o monte de San Pedro?
Jardines de Méndez Núñez. Por su belleza, por su situación, por su antigüedad... por muchas cosas. Hay muchos recuerdos: allí iba mucho al Frente de Juventudes, que estaba en los jardines. Y al Kiosco he ido mucho al cine también.
Para salir a tomar algo, ¿calle de la Estrella o calle de la Barrera?
Calle de la Barrera. Es muy típica. Tengo muchos recuerdos. Íbamos bastante por la Barrera, aunque tienen mucha fama las dos.
¿Bebe agua de Emalcsa, agua del grifo, o agua embotellada?
Normalmente, me tomo un par de vasos de vino en la comida. Y luego agua. Y es agua del grifo.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Orzán, porque estaba junto a mi casa. Íbamos al Matadero, que es casi es el Orzán aunque, en realidad, donde estábamos todo el día era en San Amaro.
Pues el agua es la más fría de todas...
Helada. Tuve buena suerte en mi vida, pero esto del agua sí que tuve mala suerte: en San Amaro estaba helada y luego me fui para Mera, que está igual de fría.
¿Cómo se mueve por la ciudad, suele ir a pie o motorizado?
En coche. Me gusta hablar con los amigos y tengo cuatro o cinco sitios sitios para tomar un café con unos y otros. Entonces tengo que coger el coche: voy a la Torre, al edificio Mediodía, a tomar café con Moncho Viña, voy a las Pajaritas... Entonces me muevo en coche. Aparte, que no puedo andar mucho.
¿Es de helados tradicionales, como los de la Colón, o de sabores modernos como Bico de Xeado?
Me encantan los helados. Yo era de la Ibense. Y helado de vainilla.
Si tuviera que elegir, ¿le gusta más una verbena o un concierto?
Bailar, bailo muy mal. Porque, claro, mi época de bailar la pasé de futbolista. Y no podíamos ir. Jugábamos los domingos y a nosotros nos concentraban los jueves. Y nos soltaban el lunes.
Como fiesta típicamente coruñesa, ¿prefiere Carnaval o San Juan?
Ninguno de los dos. Es que no podía ir de fiesta. Carnaval, si quieres.
¿Pero se suele disfrazar?
Alguna vez sí. Naciendo en la calle de la Torre... Los carnavales llegaban justo a donde estaba mi casa, así que...
¿Dice más veces neno o dices más veces chorbo?
Ninguna de las dos.








