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Coruña Insólita

Las huellas del gran patio de recreo que esconde la plaza del Libro

La plaza del Libro, donde hay algunos de los árboles más altos de la ciudad, es una reminiscencia de los jardines de la que fue una de las instituciones académicas más importantes de Galicia

A la izquierda, puerta de entrada al colegio a principios del siglo XX. A la derecha, árboles del jardín que están hoy en la plaza del Libro
A la izquierda, puerta de entrada al colegio a principios del siglo XX. A la derecha, árboles del jardín que están hoy en la plaza del Libro
| archivo el ideal gallego/Javier Alborés
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Los enormes plátanos que viven en la plaza del Libro tienen el honor de figurar entre los árboles más altos de la ciudad, con permiso de los eucaliptos del parque de Santa Margarita y sus hermanos de la plaza de Azcárraga. Son especímenes que, en algunos casos, superan los treinta metros de altura, y que llevan ahí más de cien años. Pero no siempre fueron los protagonistas de una plaza, sino que son la reminiscencia de un jardín anterior, el del patio de recreo del colegio Dequidt.

Este centro de enseñanza, que llegó a estar entre los más imoprtantes de Galicia, fue una idea de Luis Dequidt, que lo fundó en 1850 en Ferrol aunque en 1871 se trasladó a A Coruña. La primera ubicación fue la calle Real pero, debido al éxito del colegio, pronto necesitaría un espacio más grande. Ese lugar fue el Ensanche. Y, más concretamente, la calle Juana de Vega, en donde ya ejercía como director el joven hijo de Luis, Enrique Dequidt, tras la muerte del primero, en 1885.

Pero no sería esta la última ubicación del colegio, que pronto volvería a quedarse pequeño. En 1900, se trasladarían hasta el número 96 de Camino Nuevo, lo que hoy se conoce como Juan Flórez. Los números se han movido con el tiempo y ahora el 96 coincide en la esquina con Wenceslao Fernández Flórez.

Un gran jardín

El colegio disponía de una gran zona de esparcimiento, con más de 10.000 metros cuadrados de finca, lo que les permitió crear un enorme jardín para que pudieran disfrutar los alumnos durante los recreos.

La revista ‘Claroscuro’ informaba, en agosto de 1900, en un amplio reportaje con varias fotos, de las magníficas instalaciones del Dequidt, con un gimnasio en el que cualquier niño “voltea y salta con la agilidad de un acróbata” y una capilla en la que se llegaron a celebrar numerosas comuniones y bodas de alumnos y de varios miembros de la familia propietaria.

El Dequidt fue, en 1900, el primer centro de A Coruña en contar con un servicio de transporte escolar, que empezó siendo de tracción animal

Aquella parcela permitía disponer de espaciosos dormitorios, comedores y habitaciones independientes para el internado, además de grandes salones “convenientemente divididos para la enseñanza” como promocionaban en sus anuncios publicitarios. Tenían también un laboratorio, gabinetes de física e historia natural y un teatro.

Sección para señoritas

La modernidad del colegio había hecho que fueran pioneros en cosas como crear un departamento para señoritas “completamente independiente de las demás secciones”.

También crearon escuela, nunca mejor dicho, en lo que se refiere al traslado de los estudiantes. El Dequidt disponía de un “coche-automóvil de su propiedad” a disposición de los alumnos, con lo que establecieron el primer servicio de transporte escolar de A Coruña. Esta prestación ya estaba en marcha en 1900, aunque por entonces todavía se hacía con tracción animal.

Pero, sin duda, si había algo que los estudiantes agradecían era el enorme jardín del que podían disponer y que incluía, entre otras prestaciones, un campo de fútbol. De las instalaciones disfrutaban los 350 matriculados pero también servía para organizar fiestas y verbenas. Incluso era utilizado como reclamo en la ‘Guía del turista’ de Juan de Suevos, publicada en 1924, en donde se definía, junto con el Leirón del Sporting Club Casino, como “parques espléndidos” y “escenarios de fiestas al aire libre en primavera y verano”.

José Antonio Barbeito recordaba en 2010 en las páginas de El Ideal Gallego la avenida de plátanos, “que tenían un banco de cemento entre cada uno”. El jardín estaba flanqueado “por la impresionante finca de Molezún” a un lado y por otro colegio, el de las Josefinas, más conocidas como las Pepas, por el otro.

El centro cerró sus puertas finalmente en el año 1972, cuando el barrio comenzó a crecer y la presión urbanística hizo que terminara por desaparecer para construir viviendas.

Alumnos ilustres

Por las aulas del Dequidt pasaron muchos alumnos ilustres, como es el caso del que fue presidente del Gobierno durante la segunda república, Santiago Casares; el escritor Wenceslao Fernández Flórez, y alcaldes como Manuel Casás, Alfonso Molina o José Manuel Liaño Flores. Precisamente fue este último quien crearía durante su mandato la plaza del Libro más o menos como la conocemos hoy en día, respetando para hacerlo aquellos árboles que veía en cada uno de sus recreos.

Las placas que definían la plaza se colocaron en junio de 1976, dentro de una serie de homenajes a Camilo José Cela. El nombre se debía a que la zona estaba rodeada de librerías, como era el caso de Nós y Couceiro, que ya no están allí. A cambio, ahí siguen los plátanos de aquel jardín de antaño en donde correteaban los alumnos de un colegio que llegó a ser el mejor de toda Galicia.

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