Las reinas de la noche de A Coruña
Cinco mujeres reflexionan sobre cómo han logrado abrirse paso y triunfar en un mundo de clichés

A pesar de que fue una mujer la que acuñó aquello de que en A Coruña lo propio es “andar de parranda e durmir de pé”, no siempre detrás de esa industria del entretenimiento ha habido una de ellas poniendo el dinero y marcando el ritmo, y no solamente en el micrófono. Por eso, seguro que hasta la propia Ana Kiro estaría orgullosa de hasta dónde ha llegado el empoderamiento y la capacidad de las coruñesas para romper el tradicionalmente conocido techo de cristal. Y nunca el término se ha ajustado tanto a la realidad. Durante mucho tiempo, hablar de trabajo en la noche se redujo precisamente a la cortesía, la atención al público y a ser una cara bonita. Es decir, al techo de cristal de una barra de pub y discoteca, o el de una tarima.
“Si había un hombre a tu lado, los grupos negociaban con él”
De un tiempo a esta parte, algunos de los establecimientos de referencia en la ciudad tienen detrás a cinco coruñesas que no solamente los han sacado adelante, sino que los han dotado de una personalidad y los han vuelto tan reconocibles que se puede hablar de las reinas de la noche como un grupo bien diferenciado.
Si hablásemos de María Cancela seguramente muchos pensarían en una política o una escritora, pero bajo el ‘nombre de guerra’ de Mery Bristol no solamente ha firmado innumerables páginas en 31 años en Torreiro, también ha logrado la simbiosis perfecta entre un pub y su dueña. Prácticamente coetánea, Yolanda Villa y Mardigras han ido de la mano durante 27 años y pueden presumir de haber visto nacer estrellas como Dorian, Sidonie, Xoel López o Pereza. De hecho, tanto Mery como Yolanda comparten contactos entre las altas esferas del indie nacional. Por su parte, Belén Calvete está orgullosa de seguir detrás de uno de los lugares libres de la ciudad (Backstage) y un clásico transversal (Astoria) durante más de una década. Y los dos permanecen tan vigentes y presentes como el primer día. Iria Pose, ahora jefa de equipo de The Clab (Chaston), sabe lo que es lidiar cada noche con una de las dos discotecas más fuertes de la ciudad. De hecho, una de las dos que siguen en pie. La última en llegar a ese trono, María Bellini, cuenta con seis años de experiencia y tres locales muy potentes: las coctelerías Cotton Club y Clover Club, así como el gigante de 2.000 metros cuadrados Bellini.
El Ideal Gallego las ha juntado para echar una mirada a sus inicios, a los prejuicios y barreras que aún se encuentran tanto ellas como sus compañeras, así como para felicitarse de lo que puede considerarse una labor pionera.
1. DIFICULTADES
“Hace 20 años no era fácil y, si había un hombre a tu lado, negociaban con él”
A pesar de que en muchos casos se consideren ‘madres’ de algunos clientes, el camino hasta la normalización en muchos sentidos ha estado lleno de trampas. Y también de anécdotas con las que tienen que lidiar en el día a día. Por ejemplo, Yolanda Villa no solamente ha sufrido en sus carnes el sexismo del público, sino entre bastidores en labores de producción. “Hace 20 años no era fácil, y si había un hombre a tu lado era él con el que negociaban, sobre todo en el aspecto musical.
“Esperemos que los que ahora tienen 25 años sigan saliendo con 50”
Siempre se fiaban más de un hombre que de una mujer, pero poco a poco hemos ido mejorando”, indica. Sin embargo, según matiza su colega de Bristol, no tanto como desearían. “Hace poco, al aparcar nuestra foodtruck, el de seguridad miraba para el chico todo el rato, y eso me ha pasado en el local, donde trabajamos tres chicos y dos chicas: cuando hay algo, dan por hecho que el hombre es el jefe y la primera mirada va hacia él”, lamenta.
La experiencia en Backstage y Astoria se reduce a un “acoso por ser mujer” del que la propietaria prefiere no entrar en detalles. Eso sí, subraya: “Una mujer monta algo como su casa y cuida a su gente como una madre. Siempre digo que Backstage funciona porque tengo a Paco, que hace de abuelo, y yo de madre”. Por su parte, Iria Pose señala que existe igualdad en el trato de chicos y chicas. “El personal es mío, al igual que los clientes”, dice la empresaria.
2.SEGURIDAD
“Con nosotras se cortan más”, dicen sobre la resolución de conflictos
Actualmente solamente existen dos mujeres ejerciendo como controladoras de accesos en A Coruña, pero la labor de las cinco pioneras del ocio nocturno no solamente se ha reducido a emprender y sacar negocios adelante. En muchos casos también se han puesto en primera línea o en la puerta para llevar a cabo labores de seguridad. En este caso, la opinión es unánime: “Con nosotras se cortan más”.
“Una mujer monta algo y cuida a su gente como si fuera una madre”
Sin embargo, también son críticas con algunas clientas que han utilizado, según denuncia la propiedad de Bristol, su sexo para sobrepasarse: “Sé que voy a ser una ‘chunga’, pero también es mucho más complicado con una clienta problemática. Somos unas... Las mujeres montamos más pollo que los tíos. Recuerdo una anécdota en el baño, con el bar desalojado, y ella no se iba. Se reía y decía: ‘No me puedes tocar’. Le respondí que ellos no, pero que yo sí. Saben perfectamente que pueden estirar más la cuerda”.
3. VECINOS
“¿Qué modelo queremos, el de una ciudad turística o una ciudad dormitorio?”
Se trata, posiblemente, de uno de los temas más sensibles para todo el sector, y en este caso no hay diferencia entre sexos. Todas las empresarias muestran su preocupación, y no creen que ese papel de madres respecto a los clientes les haya ayudado ni un ápice a la hora de conciliar. “Hay que molestar lo menos posible, pero en agosto tuve que cerrar la terraza a medianoche, pese a tener licencia hasta las 02.30 horas, para que una vecina no empezase a machacarnos por cualquier cosa. Que si la música, que si el aforo... como le digo yo a la Policía: si me buscas un cáncer, igual también lo tengo. Lo normal es que tengamos todo bien, pero cuando empiezas a rebuscar algo en profundidad, algo va a salir”, asevera Belén Calvete. Mery Bristol va un poco más allá y hace referencia al modelo de ciudad que se busca. “La solución es una comprensión, donde se debe entender dónde viven los vecinos. Igual que hay locales que llevamos muchos años, tú también sabías lo que había cuando compraste el piso donde lo compraste. También es cierto que, por ejemplo, hace 30 años no había las posibilidades de insonorización que existen ahora, y los vecinos pueden cambiar las ventanas. Tenemos que evolucionar todos de la mano y con una convivencia que pase por el diálogo, porque hay gente que mataría el gallo en la aldea”, sentencia. “Entiendo que la gente tiene que dormir, pero yo tengo siete empleados a mi cargo. Hoy en La Marina había dos trasatlánticos, ¿qué queremos, una ciudad turística o una ciudad dormitorio?”, se pregunta.
“Ha cambiado la forma de salir de la gente, el tardeo ha matado la noche”
La propiedad de Bellini, por ejemplo, relata cómo hace poco tuvo en una de sus coctelerías “problemas con un vecino del cuarto”. Sin embargo, afirma que los residentes más cercanos al bajo nunca mostraron desacuerdo con la actividad. Una de sus compañeras, que provoca el aplauso y el reconocimiento del resto, responde: “Dependemos de que haya un solo vecino al que le molestes. Una sola llamada te puede arruinar el negocio. Les damos un poder exagerado”. Finalmente, Yolanda Villa y su Mardi Gras viven en un estado de paz, “que es una cuestión de suerte”.
4. NORMATIVA
“Los bares en los que nosotras nos criamos estarían cerrados hoy en día”
Conscientes de que regentan locales de referencia, y de lo cambiante de las modas, confían en que la noche de A Coruña siga siendo un referente. La propiedad del Bristol contrapone la oferta actual a la de una generación que ya puede considerarse de mediana edad. “Ahora viene una generación que no bebe, pero es que piensas en los bares en los que nos criamos nosotros, como el Crápula, el Parrús o el Rus, y estarían todos cerrados. El Superfly, que había que bajar escaleras. Hasta había futbolines en los bajos... ¿quién no se ha caído por las escaleras del Rus? El Crápula llegó a anunciar el aire acondicionado como novedad”, explica. En esa misma línea se manifiesta Belén Calvete. “Todo el mundo quiere calle, y si yo me tengo que ir a un centro comercial no salgo”, advierte. Yolanda Villa, en cambio, asume que “las nuevas generaciones quieren todo en el mismo sitio”.
La reflexión final sobre el futuro y sobre qué papel seguirá jugando la mujer en la noche invita sobre todo a adaptarse a los nuevos tiempos. “Ha cambiado mucho, la nueva generación va por otro lado, y las que estamos aquí seguimos resistiendo con otra forma de hacer las cosas. El futuro es preocupante y no sé qué puede pasar. Seguiremos resistiendo con cariño, pero me quedo con el término preocupante”, apunta Yolanda. María Bellini, que ofrece esa variante en el local de Elviña, reconoce que “el tardeo ha matado la noche”. Sobre ese particular, la responsable de Astoria y Backstage confía en seguir regenerándose: “No me puedo quejar y he evolucionado con el tiempo gracias a mis hijos. Me dedico a cuidar a los locales y los vecinos, pero por Dios: que no perdamos la esencia de ciudad”.
“Cuando pasa algo, dan por hecho que el hombre es el jefe y lo miran a él”
El bisturí lo saca, nuevamente, la empresaria de Torreiro. “La generación que viene es completamente distinta. Antes no hacía falta quedar: sabías que a las 19.00 horas tu colega estaba en el Borrazás. Estábamos todos allí y era nuestra red social. Ahora no se relacionan ni beben como nosotros. Luego estamos los que no nos hemos casado o recién divorciados, y de ahí sigue el tardeo”, comenta.
Iria Pose pone el caso de la antigua Chaston. “Cuando empecé en The Clab, era gente muy mayor. Ahora estamos con gente muy joven, y resistiendo con noche de cercanía. Esperemos que los que tienen 25 sigan saliendo con 50. Yo, por ejemplo, tengo 46 y sigo en la noche”. Son ellas, precisamente, el más claro ejemplo de cómo, en la noche de A Coruña, lo inesperado puede acabar siendo la opción triunfante.












