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A Coruña

Beatriz Mato | “Cuando era una niña yo solo quería bailar; me va la verbena más que a la París de Noia”

Hija de emigrantes, su carné de identidad pone que nació en Bilbao pero se confiesa una enamorada de su ciudad, sobre todo del lugar donde pasó gran parte de su infancia, la calle San Juan

Doda Vázquez
08/03/2026 04:00
Beatriz Mato, en la calle San Juan
Beatriz Mato, en la calle San Juan
Carlota Blanco
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Entrevista en la que nadie es forastero

Beatriz Mato (Baracaldo, 1965) es una de esas coruñesas que nacieron donde les dio la gana. Además, un 25 de diciembre. “Nací el día de Jesucristo, siempre me quedé sin un regalo”, comenta. Fue conselleira de Traballo y de Medio Ambiente con Feijóo y se presentó a la Alcaldía hace siete años. Aquella empresa no salió y acabó en la privada. Es una gran enamorada de su ciudad y tiene todas las camisetas de Inditex con referencias herculinas. “La única que no me compré es la de la tortilla del Cabo porque es de niños y no me sirve”, confiesa.

Nació en el País Vasco. ¿Cuándo llega a A Coruña?

Mi padre es de Melide y mi madre, de Coruña, de Atocha Baja, así que estábamos siempre aquí. Soy el típico caso de hija de emigrantes. Hace 70 años, aquí no se ofrecían las posibilidades de trabajo que tenemos ahora y había que emigrar, pero por necesidad, no para aprender inglés. Mi padre y mi madre emigraron, pero nunca se desvincularon de Galicia: pasábamos aquí los dos meses de verano, Navidad, Semana Santa y el puente que se podía con esos caminos de Dios.

¿Cuándo se viene definitivamente para aquí?

En el año 1989, cuando termino la carrera. Yo ya me había enamorado de uno de esta calle, de la calle San Juan, y les dije a mis padres: “Yo me vengo para Galicia”. Ese mismo año, mi padre se prejubila de Altos Hornos de Vizcaya y me dijeron: “Pues nosotros también”.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña?

El portal de mi abuela, que vivía en Atocha Baja, número 27. Recuerdo ese olor y las escaleras de madera, porque no había ascensor. Y luego tengo otro recuerdo también, ya más mayor, cuando veníamos de Bilbao. La entrada era por los Castros y recuerdo esa sensación de ver la ciudad desde arriba y pensar: “Ya estamos aquí”.

¿Qué quería ser de niña?

Mis amigas querían ser médicos, enfermeras, profesoras... Y yo solo quería bailar. Pero me quedé en el intento. O sea, nada.

¿Pero sigue bailando?

Eso sí. Soy el alma de todas las fiestas (risas).

Y, al final, lo que hizo fue Ingeniería Industrial...

A mí, lo que se me daba muy bien eran las matemáticas, la física, la química... Todo lo que tenía que ver con letras se me daba muy mal, así que tenía claro que iba a ir por una carrera técnica. Mi primera opción era Informática, pero en Deusto no te dejaban entrar si no era con una media alta. Y por eso elegí Ingeniería Industrial, que era mi segunda opción. Hoy le doy gracias a Dios porque es una carrera súpercompetitiva y con mogollón de posibilidades.

O sea que no se arrepiente...

Si vuelvo a nacer, repetiría. Y a todo el mundo le diría que la hiciera. Sobre todo, si son mujeres. Es una de las profesiones que tiene un abanico más amplio de salida laboral.

En A Coruña, ¿cuáles son sus barrios? ¿Dónde ha vivido?

Ahora vivo en la Ciudad Vieja, pero este, la calle San Juan, es el de mi infancia. Aquí me crie, aquí jugaba con todos los chicos, aquí me enamoré, aquí empecé a salir, aquí empecé a beber mis vinos... Este es mi barrio, que yo llamo Monte Alto, aunque hay quien dice que Monte Alto es de la calle San Juan para arriba.

Por eso ha elegido este lugar para hacer la foto.

No tiene nada que ver la calle de ahora con lo que era antes: prácticamente no había tráfico y se podía jugar en la calle. De hecho, no jugábamos prácticamente nada en la plaza de España porque la plaza de España de aquella era de gravilla. Y cada vez que te caías te hacías una avería. Nos conocíamos todos y las mamás te llamaban desde la ventana. Y yo jugaba con todos los chicos de la calle: Chicho, Chacho, Carlos, Manolo, José, Miguel... Me gustaba más que jugar con muñequitas. Como decía mi madre, era un pirucho.

Siempre se ha movido en un mundo de hombres: en la calle, la ingeniería, la política...

La verdad es que me siento muy cómoda en ese mundo. No me he sentido nunca ni desplazada, ni minusvalorada, ya desde niña. Y, efectivamente, hice una carrera muy masculina y toda mi carrera profesional, en la privada y en la política, también en un ambiente muy masculino.

Hablando de política, ¿la echa de menos?

Nada. Pero por un convencimiento personal que tenía incluso antes de entrar. Cuando alguien te invita a participar de un proyecto político como fue en mi caso, en el año 2002, el desconocimiento hace que veas solo el lado más bonito y no te das cuenta hasta que estás dentro de lo que significa de sacrificio personal, que es absoluto. Sobre todo, si entiendes la política como yo, como una entrega total: 24 horas, siete días. Pero a todo el mundo le recomendaría que pasara por ahí. Yo repetiría exactamente toda mi vida en el mismo orden, no cambiaría absolutamente nada.

¿Incluso cuando se presentó a alcaldesa?

Fue lo más bonito de mi vida...

¿De verdad?

Es que parece que lo voy a decir para la entrevista, pero es verdad. Yo, desde niña, estaba enamorada de esta ciudad, pero con pasión: el cielo, el color, las galerías, la calle, el olor de la plaza de San Agustín... Cuando me dijeron que podía ser la candidata pensé: “Válgame Dios, si levanta la cabeza  mi abuelo, le da un siroco” porque era lo que más orgullo le podía dar. Y, por mi manera de ser, la gente me encanta y ahí hablaba con todo el mundo. O sea, que sí, que fue una experiencia maravillosa.

¿De qué suele presumir como coruñesa?

Podría hacerlo de muchas cosas pero presumo de ciudad bonita. No hay nada que más me pueda gustar que ir por ahí y decir: “Tengo mar, tengo un cielo azul indescriptible, un paseo marítimo precioso...”. Presumo de ciudad muchísimo.

Cuando no está aquí, ¿qué es lo que echa de menos?

La Estrella Galicia. Cuando voy fuera, siempre la pido. Y, si no la tienen, digo: “Pero ¿cómo no puedes tener la mejor cerveza del mundo? Y la tortilla de patata. Cuando vuelvo, me tengo que ir a tomar una. Ahora es verdad que voy mucho a El Cabo, pero antes la tomaba en un restaurante que todavía existe que se llama Los Ángeles.

Y, si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué momento iría?

A cuando el Dépor ganó la primera Copa del Rey. Fue una pasión, un ambiente, una entrega, todo el mundo éramos uno... Fue maravilloso.

Preguntas cascarilleiras

¿Churros de Bonilla o churros del Timón?

Es que no puedo decir uno. Bonilla es mi infancia. Y Timón, la infancia de mis hijos.

¿Monte de San Pedro o jardines de Méndez Núñez?

Jardines de Méndez Núñez. El monte, no te voy a decir que no supiera ni que existía, porque sí lo sabía, porque de hecho hay un cañón ahí que lo colocó el abuelo de mi marido. O eso me dice, yo me lo creí (risas). Pero San Pedro no era parte de mi vida y en los jardines tengo fotos, subida a las cadenas cerca de la fuente desde pequeñita.

¿Calle de la Barrera o calle de la Estrella?

La Barrera. A la Estrella me llevaban mis padres de niña y yo jugaba por allí pero la mía realmente es la Barrera. Desde la época en que éramos novios y ya salíamos, íbamos al Tarabelo. Dejamos de ir en el momento de la crianza y volvimos hace un montón de años. Al Tarabelo, al Surrey, al Cocodrilo...

¿Bebe agua de Emalcsa o embotellada?

Del grifo y me parece deliciosa, me parece de las más ricas. Y, además, como sé que es de las mejores, no lo dudo. Incluso en la oficina voy rellenando la botella.

¿Playa de Riazor o playa del Orzán?

Orzán. Y tira para el Matadero. De niña, bajábamos por la calle Hospital, e íbamos a la playa del Orzán.

¿Se mueve a pie por la ciudad o motorizada?

Si puedo, paseo. Y uso mucho el transporte público. Tanto taxi como autobús, me da igual porque me resulta muy cómodo. Y ahora, con la tarjeta, es comodísimo.

¿Es de helados tradicionales como la Colón o de sabores modernos como Bico de Xeado?

Es que no como helados, pero ni de niña. No soy de helados...

¿Es más de verbenas o de conciertos?

Uy, de los dos. Es que me va la verbena más que a la París de Noia. Y los conciertos también. He ido a conciertos magníficos.

Dígame uno...

Recuerdo uno de Sting, que estaba deprimido y no nos dio ni un bis. Ni un bis. Ese me decepcionó. Y uno que me impresionó y a partir de ahí me enganché fue Bryan Adams. Lo he visto como cuatro veces. Y, luego, por multitudinario, no recuerdo nada igual como el de Juan Luis Guerra en el Coliseo. Había gente hasta detrás del escenario... Soy de concierto y de las primeras, a mí no me sientas.

¿Carnaval o San Juan?

San Juan. Disfruto más de la fiesta con la cara despejada.

¿Dice más veces chorbo o neno?

Neno. Y nena. Lo digo con cariño. Con mi madre y mi tía, entre las tres, cualquiera que nos trate sabe que lo decimos. Y luego, a ver, es que así se hablaba en este barrio, y yo aprendí. No lo practicaba, porque no me salía lo de “mi ja, mi plas”, pero lo entendía perfectamente. Para todos mis amigos era una modernidad y hablaban así todos.

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