El propietario del punto más conflictivo de Os Mallos reforma el edificio
El Ayuntamiento exigió al propietario que tomase medidas tras la inspección llevada a cabo en octubre

Los vecinos, comerciantes y hosteleros de Os Mallos llevan cuatro años denunciando lo que ocurre en el conocido como ‘punto negro’ del barrio, y por fin parece que sus plegarias ven la luz. El número 137 de la ronda de Outeiro, junto a un locutorio y un ultramarinos, es desde 2022 un foco de preocupación. Problemas de convivencia, peleas, ruido nocturno, suciedad y supuesto trapicheo de drogas forman el cóctel perfecto para que incluso los comercios de la zona noten una bajada de ventas por el simple hecho de que la gente no quiere pasar por la acera de este edificio.
Tras meses de aumento de presión policial en la zona, el pasado 27 de octubre la concejala de Seguridad Ciudadana, Montserrat Paz; el jefe de la Policía Local, José Manuel Rico; el director del área de Seguridad Ciudadana, Carlos García Touriñán; y varias unidades de Policía Local y Nacional acudieron al edificio para examinarlo y comprobar si cumplía con las ordenanzas. Los funcionarios de Servicio Sociales, Medio Ambiente y Urbanismo confirmaron que había infracciones de seguridad y sanidad, aunque el edificio no se encuentra en un estado ruinoso. Por ello, no fue tapiado.
No obstante, el Ayuntamiento, tras reunir a todas las áreas implicadas para abordar este asunto, exigió al propietario del inmueble que tomase medidas. Ahora, confirman, este ha pasado a la acción y está ejecutando obras de reforma en el edificio, tal y como se le había reclamado.
Alquiler de habitaciones
Además, si en octubre vivían en el 137 cerca de cuarenta personas –no eran okupas y se hallaban en diversos grados de riesgo de exclusión, pagando unos 280 euros por habitación– en la actualidad quedan pocos residentes, ya que se han ido marchando del inmueble.
Y es que durante años, el dueño de este inmueble se ha dedicado a alquilar habitaciones a individuos en riesgo de exclusión social o directamente marginados, muchos de ellos recién salidos de Teixeiro. Los vecinos reconocen que, desde hace un tiempo, este punto ha dejado de dar problemas, o, por lo menos, al nivel que tenía acostumbrados a todos. Ahora, con la reforma, podría dejar de ser el problema del barrio y mejorar las condiciones para futuros inquilinos.











