Marta Jiménez Serrano | "El momento previo a la muerte carece de emoción por completo"
La escritora presentó este miércoles en A Coruña su último libro, 'Oxígeno', en el que narra un episodio que casi acaba con su vida

Desde el momento que llegamos al mundo somos conscientes que un día todo tiene que terminar, pero siempre lo esperamos tras el paso de muchos años y de una manera natural. A la escritora Marta Jiménez Serrano le tocó vivir el momento de asumir que iba a morir ya a los 30 años, en su propia casa, por una fuga de monóxido de carbono en la caldera.
Ese momento de pensar que había puesto el punto y final a su vida y todo lo que pasó en el lapso de unas horas lo vuelca ahora, casi seis años después, en 'Oxígeno' (Alfaguara), un libro que presentó en la librería Moito Conto este miércoles.
¿Cómo fue ese momento en el que decide volcar esta experiencia traumática en un libro?
Pues, por un lado creo que siempre supe que la iba a contar y desde el primer momento estuve tomando notas sobre el tema y, por otro lado, creo que hubo un momento en que me rendí ante la historia, no lo viví tanto como una decisión como de: “Bueno, no me apetece especialmente escribir esto”, pero era lo único en lo que pensaba, así que claudiqué, digamos.
¿Un hecho como este, le ha cambiado el día a día?
Todo el proceso de terapia que narro en el libro me ha llevado a relacionarme mejor con el mundo, la verdad, a relacionarme con más sosiego, a disfrutar más. Lo que pasó fue que se me dispararon muchísimo toda una serie de miedos, que al ser mucho más grandes que antes tuve que aprender a controlarlos. Los controlé, los coloqué y creo que estoy en un lugar mejor que antes de lo ocurrido, sí.
¿Cómo es ese momento en el que cree que todo ha acabado ya?
Pues eso es lo que he intentado expresar en el libro. Pero es bastante mediocre. Yo estaba completamente anestesiada, entonces no hay emoción. Hay un momento del libro en que digo que el susto no era estar muriéndose, el susto era que me diera igual. Sí, te lo describiría, sobre todo, como un momento carente de emoción por completo.
Los caseros también están protegidos por el poder que les está dando el mercado"
Ya había escrito novelas antes, pero dice que este libro ha sido el más difícil, entiendo que por ponerse una misma delante y no usar un personaje ajeno para contar la historia.
Sí, pillar el tono fue muy complicado, ver exactamente cómo abordaba la historia. Ese juego, que fue lo que encontré para contarlo, ese juego que hago de estar contando la realidad, te lo estoy dando en crudo, me costó mucho pillarlo. Y sí, también fue muy difícil en la medida en que era una exposición personal grande.
Recordar todo este proceso, el poder hablar con los miembros del Summa, del hospital... ¿ha hecho el proceso más complicado o más liberador?
No, esa fue una parte bonita. De hecho, la entrevista que hice con Víctor, con el enfermero que me atendió, fue muy bonita, fue muy reparadora, nos gustó mucho vernos. Y digamos que la parte de rememorar lo ocurrido fue muy ingrata, pero toda esa parte de conectar con lo que tuvo de positivo la historia, sí que fue muy bonita.
En el propio libro comenta que hay partes del suceso que no puede contar de primera mano porque no era consciente, por eso ha recurrido a voces externas que la atendieron para completarla.
Pues entró muy bien en el libro porque el libro tiene ya una parte de composición de puzle, casi de collage. De hecho, están las entrevistas a los otros, pero también hay artículos de periódico, hay un artículo de la Constitución... Entonces, desde el principio tuvo un poco esta vocación de puzle el libro y de que las piezas que a mí me faltaban que las pusieran los demás.
Después de todo esto, concibe la muerte como un capítulo más, un capítulo que hay que asumir de la vida.
Sí, totalmente, como parte de las reglas del juego también. Si no nos fuéramos a morir, toda la vida sería distinta. ¿no? En realidad, cuando te hablaba del proceso, hay una parte de perder el control que primero te hace entrar en pánico, pero que luego es terriblemente liberadora. Es como: “No sé cuándo moriré, no lo voy a decidir yo, así que no importa”.
El libro le sirve también para criticar determinados aspectos de nuestro día a día. Uno de ellos es el estar en una vivienda de alquiler que no puede ser en ningún momento un hogar porque no puede hacer nada con ella.
Creo que la denuncia se hacía sola, la verdad, solo con contar los hechos. Pero claro, creo que hemos perdido ya un poco el norte con el tema de la vivienda, ¿no? Estamos tratando a los inquilinos como si les estuviéramos haciendo un favor, cuando los inquilinos están pagando, mucho además, por un servicio que debería ser para ellos y que debería ser de pleno derecho. Si uno está alquilando un piso, debería poder hacer lo que quisiera dentro de ese piso, dentro de lo legal, pero, desde luego no debería ser posible que el casero no haya revisado las instalaciones y que no se estén encargando de que la vivienda esté en buenas condiciones. Pero estas cosas de “no puedes colgar un cuadro”, “no puedes hacer una fiesta”, no nos deberían caber en la cabeza y las estamos aceptando sin pestañear.
En su caso, la falta de responsabilidad del casero fue lo que detonó este hecho que casi acaba con su vida.
Sí, totalmente, es una crítica a la falta de responsabilidad. Hemos naturalizado esta cosa de que no me tengo que encargar del piso, de que si estos inquilinos se van y no están contentos, habrá otros. Es decir, los caseros también están protegidos por el poder que les está dando el mercado. Yo sé que voy a alquilar mi piso, porque hay muchísima gente que quiere alquilar, entonces tampoco me preocupo de cuidar a los inquilinos ni de tener una buena relación con ellos, porque si no, pues ya vendrán otros, que más da.
Después de un proyecto tan personal como este, ¿qué será lo siguiente?
Pues tengo varias ideas, pero no sé cuál acabaré primero. Veremos a ver. Estoy con un poemario, seguiría por la vía de lo personal (ríe), y estoy también con dos ideas de narrativa, o sea que a ver qué termino antes.










