La troula deja paso a la rutina en A Coruña, después que el reinado de Momo desafiase y venciese a los elementos
Unas 300 personas acompañaron el cortejo fúnebre en un entierro de la sardina pasado por agua y ‘resignación’

El reinado del dios Momo es historia desde las 21.32 del Miércoles de Ceniza. A pesar de que el rey de la 'troula' contuvo los elementos y consiguió que los carnavales se impusieran a borrascas, temporales, alertas varias y chaparrones, nuevamente la ciudad volvió a la normalidad con un innegable sentimiento de pena y morriña. Fueron unos festejos masivos, con estampas inolvidables y que durante casi una semana hicieron de A Coruña nuevamente un espacio para que la imaginación y la realidad se abrazasen. Empapados, eso sí, de la sátira y la mala leche de unas fechas en las que, tal y como aseguró su juguetona deidad, se hace cada vez más difícil diferenciar a los villanos de historieta de los que mandan en el mundo.
El cortejo fúnebre que debía acompañar a la sardina hasta San Amaro para ser enterrada, o mejor dicho devuelta al mar, salió con antelación del Circo de Artesanos. Allí terminaron seis días de un divertidísimo velatorio, en los que cada noche se bailó, cantó, rió y, también bebió, hasta entrada la madrugada. Después del apropósito 'A derradeira vontade do carnaval', la comitiva partió con media hora de adelanto sobre el horario previsto, que diría un experto en ciclismo. Unas 300 personas acompañaron a la sardina hasta su encuentro con Momo primero y con su destino final después. Entre medias, algunos de los rostros más fotografiados del Carnaval de A Coruña vestían esta vez de luto, solemnes porque ellos también regresarán a una rutina que, para muchos, es en realidad una cuenta atrás. Es el caso de las comparsas, que al igual que las cenizas y los restos de la fiesta a golpe de miércoles eran ya más bien un fantasma de lo que comenzó el viernes anterior: caras de cansancio, disfraces a los que les faltaban unas cuantas piezas y una notable sensación de tristeza por un tiempo que tardará un año en volver. “Que rápido pasa todo cando se pasa ben”, asumía uno de ellos.
Tampoco faltaron a la tradición las plañideras, a las que lideraron las ya inmortales As Toliñas. Lloraron la marcha del Carnaval en el que fueron las choqueiras del año, y en el que pasaron a formar parte del Salón de la Fama del Entroido con su placa en la calle de la Torre. Después de pasar por San Andrés y María Pita entre sollozos y lamentos, se juntaron Momo y la sardina en la plaza de España, donde se subieron a las carrozas y pusieron rumbo a su destino final: la playa de San Amaro.
La tregua que había dado la lluvia se terminó justo a la hora de enfilar el arenal. “A sardiña pode entrar, pero os surfistas non”, bromeó uno de los presentes, justo antes de que, embaladas, las viudad de la sardina la devolvieran al agua. Apenas dos minutos después, Momo se ardió entre llamas mientras sonaba 'Carmina Burana' y los fuegos artificiales anunciaran su derrota.











