Cristina Blanco | “Un buen científico no puede perder el diálogo con la sociedad”
Es la primera española en recibir el prestigioso premio ‘Colin Bell Award’, otorgado por la Universidad de Cambridge

El inconformismo es lo que ha llevado a Cristina Blanco Sío-López (A Coruña, 1980) a ser una de las historiadoras más reputadas de Europa. Así lo certifica la Universidad de Cambridge, al otorgarle esta misma semana el premio ‘Colin Bell Award’, un prestigioso galardón que cada año reconoce cualquier trabajo archivístico, académico o de investigación realizado sobre los documentos de Winston Churchill, la Segunda Guerra Mundial y otras colecciones relacionadas dentro del Centro de Archivos Churchill. Su análisis muestra especial atención a los documentos del Premio Nobel de la Paz Philip Noel-Baker centradas en temas de paz y desarmamento, debates de paz en ciencia y educación y paz y derechos humanos en las relaciones internacionales de Europa a lo largo del siglo pasado.
¿Cómo surge la investigación?
Yo tengo como lema personal ‘echar la vista atrás para ver más allá’. Lo que siempre me pregunto como historiadora es si, a través de reflexiones, podemos traer algo al presente que nos pueda quitar la venda de los ojos, que nos haga vencer los dilemas que nos paralizan muchas veces. Yo trabajo sobre todo en el proceso de construcción europea, y normalmente lo tradicional es analizar esto desde el punto de vista de la geopolítica. Pero, cuando empecé a ver los archivos, en la Universidad de Cambridge, empecé a ver una serie de fuentes en las que muchas veces artistas se ponían en contacto con políticos y diplomáticos y les decían, ‘os estáis equivocando al hacer las preguntas’. Eso me pareció fascinante y dije, bueno, pues voy a intentar ver cómo todo esto se ha obviado, pero nos puede quizá dar claves para los grandes dilemas del presente.
Su análisis se centra en los papeles de Philip Noel-Baker en los Archivos Churchill.
Europa es una historia de interacciones. Esos archivos del Premio Nobel de la Paz de Noel-Baker, cuando uno lee sobre ellos desde fuera, pueden parecer monolíticos, pero cuando uno entra en la colección y comienza a leer los testimonios, las cartas o los intercambios, descubre esa historia de interacciones y un hilo conductor que es mucho más transnacional y europeo de lo que parece.
¿Cómo llegó a esa colección?
Yo llevaba mucho tiempo trabajando sobre una historia muy contemporánea. Pensé que quizá necesitaba remontarme hacia atrás y, cuando realicé mi estancia en Cambridge, empecé a hablar con historiadores y con politólogos y me hablaron de esta colección. Me decían que quien hace estudios europeos suele ignorar esta colección de Noel-Baker, que revela esas interacciones desde 1908 hasta 1980. Pasa a través de tantos puntos de inflexión en la historia, como son las dos guerras mundiales, o la Guerra Fría. Es un protagonista de gran impacto en ellos, desde el punto de vista de las ideas y la influencia en la cultura.
Aprender a desafiarnos a nosotros mismos es esencial. La investigación es como la cocina, tiene sus tiempos
Su lema le ha servido para ser reconocida también con el María Moliner, en 2024.
Me sirvió siempre porque hay algo de lo que siempre se acusa de los historiadores, que es el estar aislados y perdidos en ese pedazo de tiempo que estudia. Yo creo que cualquier persona que trabaje en cualquier disciplina científica, nunca debe perder de vista el diálogo con la sociedad. Yo me daba cuenta de que si no se realizaba de esa manera, ese diálogo era muy difícil.
También por su dilatada experiencia profesional.
Cuando terminé el máster, en 2003, comencé el doctorado en Florencia. Para mí fue muy importante estudiar en ese lugar y realizar un doctorado allí. De alguna forma, el tener verdaderamente una experiencia cosmopolita. Había gente de todo el mundo. Para mí ese momento fue muy importante. Después he trabajado en diversas universidades, en Luxemburgo, en Inglaterra, en Países Bajos, en Estados Unidos..., en muchos lugares. Esa experiencia internacional es lo que he querido traer de vuelta conmigo. Yo me incorporé a la UDC en 2022 y ha sido una oportunidad de traer legados, culturas académicas o maneras de pensar, pero también un profundo respeto hacia la diversidad.
¿Es más importante atraer o retener el talento?
La movilidad es esencial. El aprender a desafiarnos a nosotros mismos y acabar siendo maestros de un espacio en el que jamás nos habíamos imaginado, me parece esencial. La investigación es como la cocina, tiene sus propios tiempos.











