Cuando La Solana transformó la fachada de O Parrote
Hace 85 años que se aprobó el inicio de las obras que convertirían esta infraestructura en una de las fundamentales del deporte y el ocio de A Coruña

"El Boletín Oficial del Estado publica una orden en virtud de la cual se autoriza a don Armando Casteleiro Varela para ocupar una parcela destinada a construir una piscina, gimnasio y locales anejos para servicio de la misma en la playa del Parrote, bahía de La Coruña".
Así anunciaba El Ideal Gallego en su edición del 5 de febrero de 1941 la autorización para la construcción de una infraestructura que cambiaría la fachada marítima de la ciudad. Estaba a punto de nacer La Solana.
Hace 85 años, un 12 de febrero, el diario daba cuenta del inicio de las obras de este espacio, considerado entonces como un "complemento del Estado Municipal" de Riazor.
La idea de crear estas instalaciones partió del nadador Armando Casteleiro, destacado deportista en la época, y se ejecutó en los planos gracias a uno de los arquitectos fundamentales de la historia moderna de A Coruña, Santiago Rey Pedreira.
El lugar elegido para levantar La Solana fue el que ocupaba en O Parrote la antigua cárcel, con una parte de relleno ganado al mar, "un emplazamiento maravilloso por lo abrigado de los vientos y el soberbio panorama que tiene en su entorno", explicaba El Ideal Gallego.

Una de las partes fundamentales de la nueva construcción era su piscina, "de dimensiones internacionales", o lo que es lo mismo, de 33,33 x 14 metros y con una profundidad máxima de 3,80 metros y mínima de 1 metro. Este largo iba a permitir que se celebrase la prueba de cien metros en tres recorridos y con ancho de siete calles para otros tantos nadadores.
Aunque la piscina se iba a alimentar del agua salada del mar coruñés, la obra también iba a dotar de la instalación precisa para que pudiese contar con agua dulce. Además, contaría con una estructura de hormigón con trampolines, dos de un metro, dos tres, una palanca de cinco y otra de diez.
Junto a la piscina habría también vestuarios de señoras en un "patio cerrado completamente independiente" con 24 cabinas individuales, una general y seis duchas individuales, además de un solarium totalmente invisible desde el exterior. Al borde del mar se crearía el solarium para hombres, también sin visibilidad externa. "Es decir, que las nadadoras y los nadadores podrán tomar sus baños de sol con absoluta separación de sexos", contaba El Ideal Gallego.
Además de la piscina, La Solana se completaría con un edificio de dos plantas. En la baja, a nivel de la explanada, se situaría un gran gimnasio con vestuario y duchas, mientras que debajo de la terraza-jardín habría un amplio almacén para piraguas y embarcaciones pequeñas. Desde ella una escalera de doble rampa permitiría subir a la zona de la piscina, donde otra terraza rodeada de pérgolas generaría un espacio de pista de baile para el verano.
La zona de ocio de La Solana se completaría con un "espléndido salón de fiestas" en el interior, con comedor, bar, vestíbulo y guardarropa.
La comunicación de la nueva infraestructura con O Parrote se haría a través de dos puertas, una abierta a la terraza y otra hacia el vestíbulo del edificio.
El arquitecto quiso que pese a ser de uso eminentemente deportivo el edificio estuviese en armonía con las edificaciones de la Ciudad Vieja, "adoptándose por ello el sistema de porches típicos de las casas marineras de Galicia".










