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A Coruña

Las mil caras del detective Napoleón: “No interpretaba un personaje, él lo era”

La nieta y la viuda de uno de los personajes más curiosos de las últimas décadas recuerdan a un hombre que lo hizo todo: paracaidista, tuno, investigador privado y, ante todo, padre, abuelo y marido

Marta Agra Santos, nieta de Napoleón, señala el cartel de la oficina de su abuelo en Cuatro Caminos
Marta Agra Santos, nieta de Napoleón, señala el cartel de la oficina de su abuelo en Cuatro Caminos
Patricia G. Fraga
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Hay personas a las que el carisma y el carácter les viene dado por el propio nombre. Quizá por eso Juan María Félix Andrés Santos Gayoso, a la tierna edad de diez años, decidiese en una fiesta infantil que el mundo debería referirse a él como Napoleón, igual que el famoso emperador francés. Un hombre, fallecido en 2016, que A Coruña y su familia recuerdan como un personaje de lo más peculiar. Paracaidista durante el servicio militar, figura crucial de los tunos locales y detective privado de profesión, su nieta, Marta Agra, y su viuda, María Mendieta, lo definen como un fenómeno tan extraordinario como auténtico: “No interpretaba un personaje, él lo era”.

Mendieta lo conoció cuando ya “era famoso”. Y da buena cuenta de su anecdótica biografía: “Cuando hizo la mili estuvo en los legionarios y fue paracaidista. Estudió Comercio y, como vio en el periódico que había muchos anuncios de detectives privados, decidió convertirse en uno”. Tras estudiar unos cursos y aprobar un examen que hizo en Madrid, abrió su oficina en Cuatro Caminos, el barrio en que vivía la familia. Mendieta y los cuatro hijos que tuvieron juntos trabajaron en algún momento allí: “Yo le llevaba las cuentas, pero todos hacíamos algo”.

Oficina Cuatro Caminos

Incluso su nieta pasó incontables horas en aquella oficina, hoy abandonada en la calle Marqués de Amboage. Un “circo” en el que podía encontrarse de todo, desde maniquíes a pruebas de algunos de sus casos (principalmente infidelidades) o las cerillas que repartía como su personal tarjeta de contacto. Todo celosamente guardado por ‘Trosqui’, un pastor alemán que ejercía como Cerbero de los secretos de este Sherlock Holmes coruñés.

Napoleón Santos, en su oficina de Cuatro Caminos
Napoleón, en su oficina de Cuatro Caminos
Archivo El Ideal Gallego

Un Napoleón, explica Agra, que era una persona de carácter risueño, aunque con mucha disciplina, capaz de inventarse tantas historias que, incluso a día de hoy, ni siquiera sus familiares saben cuáles eran ciertas o no. “Tenía varios DNI y pasaportes, cuando murió no estábamos seguros de qué edad tenía”, ejemplifica. No ayudaba al misterio su oficio. Ni su fama. “Para ser detective privado no pasaba desapercibido”, apunta Agra. Aunque ocultaba su rostro tras unas gafas de sol: “Nunca se las quitaba, incluso en su boda las llevó puestas”. “Todo el mundo le conocía”, añade Mendieta.

Quizá por eso su velatorio, en el Tanatorio de A Grela, ha sido quizá uno de los más extraños –y bonitos– que haya conocido la ciudad. A él acudieron cientos de personas, entre militares, tunos (fue miembro honorario de la Tuna de Veteranos de A Coruña), clientes y amigos, que “montaron una fiesta” y cantaron en su honor. “Me lo pasé tan bien que le pregunté al cura si podía estar allí un día más”, expresa entre risas Mendieta. “Me dijo que en 30 años oficiando no había visto nada igual”, remata. “Nunca vi tantos alcaldes juntos como ese día”, rememora Agra Santos.

Y, si bien era una persona ocupada, “siempre sacaba tiempo para su familia”. Con sus cuatro hijos creó una banda infantil, Los Napoleónicos, con los que tocó en bares, radios e incluso en el teatro Colón, como reviven sus allegadas. Y por ellos luchaba, como cuando insistió para que admitiesen a Chus, una de sus hijas, en la tuna del IES Elviña, su instituto, abriéndole paso en un mundo masculino. Una faceta, la familiar, que sobresalía entre las mil caras que este hombre, una incógnita para toda una ciudad, mostraba al mundo. Elemental, querido Santos.

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