Blanca Riestra | “En A Coruña vivimos de manera inestable, en un trozo de tierra plantado en el mar, y el agua tira por nosotros”
Su vida transcurre entre la plaza de Vigo, donde disfrutó su infancia, y la Gaiteira, donde vive ahora la escritora, que considera el mar como algo fundamental en su vida

De niña, Blanca Riestra (A Coruña, 1970) quería ser escritora y, con el tiempo, ha logrado mantener su sueño mientras se encarga de otras ocupaciones más mundanas. Licenciada en Hispánicas por la Universidad de Borgoña, fue directora del Instituto Cervantes en Albuquerque y, tras dar clase en Italia y Francia, ahora es la responsable en el IES Neira Vilas de Oleiros del único programa de Galicia que permite obtener el doble bachillerato francés y español.
Acaba de publicar ‘As augas interiores’, con una “foto de portada de Vari Caramés que está hecha en La Solana”, explica la autora mientras enseña el libro, que forma parte de una trilogía atlántica en la que el mar tiene gran importancia.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña?
Tengo un recuerdo curioso: recuerdo los Cantones y un montón de piernas.
¿Cómo un montón de piernas?
Sí, como un montón de piernas, porque era pequeña. Por eso recuerdo estar en los Cantones y tener esa sensación. Creo que era el Cantón Grande, concretamente.
“Me gustaría ir a la época de la República, donde Coruña era un lugar moderno donde los bares estaban llenos y las mujeres fumaban y salían por la noche”
¿A qué colegio fue?
A las Esclavas y a los Jesuitas.
¿Qué recuerdo tiene del colegio? ¿Qué tipo de estudiante era?
Ahora soy profesora, pero –y espero que no me lean–, pero a mí el colegio me horrorizaba.
¿En serio?
Sí, sí.
¿Y cómo acaba siendo profesora una persona a la que le horroriza al colegio?
Pues supongo que la vida ha dado muchas vueltas. Yo realmente soy escritora, pero he acabado trabajando en Secundaria e intento hacerlo lo mejor posible, aunque recuerdo que como niña no me gustaba nada ir al colegio. Era buena estudiante, pero no me gustaba. Hubiese preferido quedarme en casa.
¿Qué es lo que le gustaba hacer?
Me gustaba leer. Y estar a mi bola.
¿En qué tipo de asignaturas destacaba? Imagino que serían las que después han sido su medio de vida: lengua, literatura...
Yo siempre fui de letras pero, curiosamente, lo que se me daba bien era el dibujo. Era la enchufada de la profesora y dibujaba muchísimo. Se me daba muy bien, pero por ahí no tiré.
“A Gaiteira es un lugar maravilloso porque conserva todo el encanto del pequeño comercio y del barrio. En mi calle está todo lleno de bares donde la gente canta, en vivo”
¿Cuál es el libro que más le marcó o aquel al que le tiene un cariño especial?
Soy la hermana pequeña de una familia muy grande y heredé todo lo que había por mi casa. Leía un montón de libros de aventuras y luego empecé a escribir como las continuaciones de esos libros. Pero, realmente, el que me marcó fue un libro que tenía mi hermana Teresa, las ‘Iluminaciones’ de Rimbaud, el poeta francés. Fue lo que yo considero mi entrada en literatura de verdad, porque lo cogí y no entendí nada pero no dejé de cogerlo una y otra vez hasta entender cómo se leía eso. Me llamaba mucho la atención.
¿Y en qué momento descubre que lo que quiere es formar parte de ese universo de los libros y de los escritores?
Tengo la impresión de que siempre quise ser escritora. También es verdad que en mi casa no les pareció nada raro. Les pareció complicado, pero lo aceptaron desde el principio. Cuando pienso en lo que hubiese querido hacer de mi vida, no se me ocurre otra cosa. Estoy bastante orgullosa de no haberlo dejado nunca, de seguir intentando cumplir lo que quise ser de niña.
Ha vivido en Francia, en Estados Unidos... ¿Qué es lo que echaba de menos cuando estaba fuera?
Siempre y, ahora cada vez más, el mar. Por ejemplo, no podría volver a Madrid, no lo podría soportar. Ahora me he ido a vivir a la Gaiteira y tengo la playa de Oza por ahí cerca. Mis padres vivían en Primo de Rivera y hace poco vendimos esa casa, pero echo muchísimo de menos ese espacio porque era un lugar donde el mar estaba por todas partes. Y eso te condiciona para siempre. Para mí no solo es un espacio físico, es un espacio mental. He vivido bastantes sitios interiores, como en Albuquerque, en Estados Unidos, un sitio en el medio del desierto, pero creo que ahora ya no podría.
De niña su casa estaba en Primo de Rivera pero, ¿cuáles son sus barrios en A Coruña?
Para mí siempre fue Primo de Rivera, la plaza de Vigo... Pero no la de ahora, la de mis padres, con una serie de bares que desaparecieron, Marte y Venus, donde iban a tomar el aperitivo. Recuerdo esa plaza que era maravillosa y había coches, no era peatonal como ahora, y el cine Equitativa. Ahora me da un poquito de pena volver por ahí.
Y ahora se ha ido a la Gaiteira...
Sí y estoy encantada, creo que me viene bien diversificar un poco. A Gaiteira es un lugar maravilloso porque conserva todo el encanto del pequeño comercio y del barrio. En mi calle está todo lleno de bares donde la gente canta, en vivo. Eso es maravilloso, ¿no? Y pequeño comercio, hay un montón de zapateros y ultramarinos.
Cuando ha ido por el mundo como coruñesa, ¿de qué presumía de su ciudad?
Esta ciudad es un un trozo de tierra plantado en el mar. De hecho, mis tres últimos libros, que son una trilogía atlántica, hablan de eso, de que la ciudad está construida sobre el agua. Aquí donde estamos, en la dársena, es relleno, todo está ganado al mar. Es de lo que habla ‘Aquí comeza o mar’, de esa inestabilidad se transmite también a nuestra vida cotidiana. Vivimos de manera inestable y el agua tira por nosotros. Y me siento muy bravú también: toda la mitología del mar, de Monte Alto, de las leyendas marinas me parece maravilloso. Creo que sigue muy vivo y muy actualizado en la cultura que viene de aquí. Y otra cosa que me encanta de Coruña es todo el underground, ese contraste entre la vida burguesa del centro y la vida nocturna de la contracultura, que era muy patente en los 80 y los 90 y creo que sigue existiendo: el circuito del rock alternativo, los conciertos en vivo en bares pequeños...
Si tuviera una máquina del tiempo, ¿qué momento de la historia de A Coruña elegiría?
Me gustaría volver a finales de los 80, que lo viví, pero fue una época maravillosa. Otra época que me da bastante curiosidad es ese momento antes de la guerra, del estatuto, la República... Hay unos artículos maravillosos de Roberto Arlt publicados en ‘La Nación’, donde habla de Coruña como un lugar completamente moderno donde los bares estaban llenos, la gente bailaba y las mujeres fumaban y salían por la noche. Me parece maravilloso.
PREGUNTAS CASCARILLEIRAS
¿Churros de Bonilla o del Timón?
La verdad, no suelo tomar muchos churros, pero los que recuerdo de mi infancia eran los de Bonilla. Recuerdo ir a la finca de una amiga y que parábamos a tomar churros. Y bocadillos de Munín, a mitad de camino a Cambre, que entonces era como si fuésemos a Rusia.
¿Monte de San Pedro o Jardines de Méndez Núñez?
Jardines de Méndez Núñez. De hecho, yo creo que sueño con los jardines: el estanque de los peces, los caballitos, el barquillero... Los suelo ver de vez en cuando en mi subconsciente.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
Pues mira, ninguna de las dos. Yo iba a la calle Compostela, al Compostelano y al Enrique. Y aún estoy haciendo luto por esos dos lugares. Creo que es trágico que se haya convertido en una zona comercial cuando era una zona de vinos y de salir. Yo iba al Enrique. Y la calle de los vinos, pues pasaba por allí, pero no eran mis sitios.
¿Bebe agua de Emalcsa o agua embotellada?
Del grifo. Dicen que el agua de Madrid es muy buena y a mí me gustan las dos. No soy exquisita.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
El Orzán, por ir de adolescente. Yo estudiaba en las Esclavas y recuerdo mucho las mareas vivas en Riazor y que siempre moría alguien, los niños de Zalaeta morían mucho. Nos anunciaban por megafonía que había que tener cuidado.
¿Se mueve por la ciudad a pie o motorizada?
Hoy he cogido el autobús desde mi barrio. Pero es verdad que esta ciudad es muy de caminar. Uno de los grandes placeres que echo de menos estando un poquito más lejos es dar la vuelta al Paseo Marítimo paseando o corriendo. Esto es un lujo asiático.
¿Es de helados tradicionales como la Colón o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
Voy a decir una aún más antigua, la Ibense. Recuerdo que estaba al lado de la confitería Los Cantones, donde mi madre compraba merengues de café. Eran dos paradas maravillosas para el postre del domingo.
¿Es más de una verbena o de un concierto?
De conciertos, pero no del Coliseo. Suelo ir todas las semanas a sitios pequeños, con grupos locales: la Mardi Gras, el Garufa o la Filomatic. Es uno de los grandes lujos de la ciudad, un montón de música en vivo y rock. Hormigonera tocó hace poco en la Mardi Grass, que son amigos y son estupendos.
¿Carnaval o San Juan?
Carnaval. Soy entroidera de Monte Alto. Me gustan los disfraces fáciles. Tengo uno que suele ser un éxito y a veces repito, que es el de monja. Otra cosa que me gusta es ir normal, pero con barba, por ejemplo.
¿Dices más veces chorbo o dices más veces neno?
Ninguno. En mi época, nos gustaban los gichos.
Pero gichos eran los que te daban el palo.
Sí, te daban el palo un poco, sí, pero era lo que nos gustaba así.








