Las postales de A Coruña que Picasso conservó hasta morir
Contaba en sus archivos con 31 imágenes de la ciudad, 14 de Ferrer, otras tantas de casas foráneas y tres de Tony Vaccaro

El escritor y político coruñés Ramón María Tenreiro visitó a Picasso en su casa de la ‘rue’ de La Boëtie (París) en 1923. Habían estudiado Segunda Enseñanza en el Instituto Eusebio da Guarda, aunque no en el mismo curso. Al entrar, se topó con el retrato del doctor Pérez Costales, mecenas en A Coruña del genio malagueño. Justo a lado, una obra mayor del Picasso gallego, ‘La muchacha de los pies descalzos’. Tenreiro le preguntó después por su padre, José, y fue ahí donde se puso nostálgico el hombre que por entonces ya había revolucionado el arte con el cubismo. “En La Coruña pasé los últimos años de la niñez y los primeros de la mocedad. No he vuelto jamás por allí, pero no sabe usted el cariño que le conservo a aquella tierra, que me parece bellísima en el recuerdo. Mire, mire, aquí tengo postales de La Coruña: los Cantones, el Relleno, el Jardín de San Carlos, la Torre de Hércules, el Instituto da Guarda, donde estudié el bachillerato”, enumeró.
Según acaba de trascender, esas imágenes que Picasso mostró a Tenreiro en 1923 se conservan. Las tuvo en su poder durante medio siglo, desde que llegaron a sus manos en 1920 hasta su muerte en 1973. Ahora las custodia el Museo Picasso de París. Se trata de 14 fotografías editadas como postal por Ferrer a comienzos del siglo XX, por lo que muestran una ciudad muy similar a la que abandonó el artista en 1895.
¿Qué reproducen? Dos postales de la Torre de Hércules, una en el que se ve el conjunto de la península y otra del faro de cerca. Una zona rocosa del Orzán. La playa de Riazor. La calle Real. La de San Andrés. El Instituto da Guarda. Tres vistas de la Dársena con las galerías de La Marina al fondo. Los Cantones y el parque de Méndez Núñez con dos tranvías eléctricos. Ese mismo parque, el Cantón Pequeño y plaza de Mina protagonizan otra imagen. De nuevo el parque de Méndez Núñez y, al fondo, el Palace Hotel. Y la tumba de Sir John Moore en San Carlos. Quizá esta última pueda ser la más sorprendente, pero tiene su explicación. Durante su estancia coruñesa, Picasso conoció la historia de Lady Hester Stanhope, amante del sir que murió en 1809 en la ciudad herculina y fue enterrado en este jardín. Le gustó tanto que se prometió visitar Inglaterra para indagar más sobre ella; de hecho, la primera vez que visitó París (1900) la capital francesa iba a ser solo una escala para llegar a Londres, si bien luego cambió de planes.
El pintor recibió estas postales en Juan-les-Pins (Antibes), a donde llegó el 29 de junio de 1920 y que abandonó hacia el 29 de septiembre, según nos apunta el biógrafo picassiano Rafael Inglada. ¿Quién se las envió? Se desconoce. Sí sabemos desde donde fue mandado el sobre que le llegó a Juan-les-Pins con las catorce en su interior: “Puentedeume”. La carta, certificada, se subió en la estación de esa localidad al tren de la línea entre Ferrol y Betanzos. Una vez en la villa betanceira, se trasladó junto a otras compañeras de saca al que cubría el trayecto entre A Coruña y Madrid. A la altura de Palencia, subieron la misiva a un tercer tren, que llegó a Hendaya, y a partir de ahí el servicio postal francés la hizo llegar a la localidad donde se encontraba el pintor. El recorrido de la carta lo han reconstruido para El Ideal Gallego José Luis Barreiro y Andrés García Pascual, de la Sociedad Filatélica de A Coruña.
El Museo Picasso de París conserva otras 14 postales coruñesas que pertenecieron a Picasso, pero ya de años posteriores, seguramente entre finales de los 40 y comienzos de los 50. Son de tres casas zaragozanas (García Garabella y compañía, Ediciones Argigot y Ediciones Lujo), una ovetense (Alarde) y otra barcelonesa (L. Roisin). Se desconoce cómo llegaron a él. Reproducen la Dársena de La Marina con las galerías (dos de ellas), el Cantón Grande con el Obelisco (dos), los Cantones con el Obelisco con el edificio del Pastor al fondo, la calle Juana de Vega, la plaza de Galicia y la de Vigo, las playas de Santa Cristina (tres) y Bastiagueiro, el Náutico visto desde O Parrote (en color) y la plazuela de las Bárbaras (en color). Además, Picasso guardó hasta su muerte tres imágenes tomadas por el famoso fotógrafo Tony Vaccaro en 1971 en la ciudad: dos de la calle Payo Gómez, donde Pablo vivió, y otra de gente aplaudiendo a una bailarina.
Nota aclaratoria: En este reportaje se reproducen postales iguales que las conservadas por Picasso, pero procedentes del archivo de El Ideal Gallego y de dos colecciones particulares.
San Andrés

San Andrés era zona de juegos del Picasso coruñés. Además, hacia el inicio de la vía visitaba la capilla, con obras de su maestro Brocos.
Imágenes más modernas

Instituto Eusebio da Guarda
El Eusebio da Guarda, hoy instituto, es el centro en el que Picasso estudió enseñanza secundaria, con malas notas, y Bellas Artes, con excelentes calificaciones. En la primera planta, el niño malagueño recibió clases de artistas como su padre, Román Navarro o Isidoro Brocos. Además, jugaba a los toros en la plaza.
Calle Real

Picasso realizó su primera exposición individual en el escaparate del número 20 de la calle Real, en lo que entonces era una tienda de muebles: mostró varios estudios de cabeza. En marzo hizo la segunda en esta misma calle, se cree que en el número 54: exhibió ‘El hombre de la gorra’.
Torre de Hércules


Picasso daba largos paseos desde su casa hasta la Torre de Hércules. La pintó al óleo. Y además la dibujó en uno de sus cuadernos coruñeses y también en uno de sus periodiquillos, añadiendo en este caso el sobrenombre de “torre de caramelo”.
Jardines de Méndez Núñez

Los Ruiz Picasso frecuentaban los jardines de Méndez Núñez. El padre de Pablo puso además una peseta para el monumento a Daniel Carballo.
Dársena de la Marina

Cuando el periodista gallego Antonio D. Olano visitó a Picasso en Francia los años 60, el artista le preguntó sobre A Coruña: “Supongo que han construido mucho. ¿Destruyeron las galerías? ¿O tienen el buen gusto de conservarlas?”. Las galerías más tradicionales, las de La Marina, aparecen, al fondo de la Dársena, en una de las postales de Ferrer que conservó el malagueño.
Playa de Riazor

Según John Richardson, uno de sus principales biógrafos, Picasso descubrió la desnudez femenina en Riazor. Ocurrió cuando jugaba cerca de las casetas con las que entonces contaba esta playa, en la que también había barcas (Pablo dibujó una en un cuaderno).
Playa del Orzán

El mar del Orzán lo pintó Picasso en una pequeña tablita que donó en 1970 al Museo Picasso de Barcelona y que está hecha desde la llamada Pedra do Can. La postal de Ferrer no tiene el mismo punto de vista, pero sí hay rocas y oleaje como en la obra del malagueño.









