Cómo desayunar en Nápoles sin salir de A Coruña
Alimentari Terra Mía incorpora una carta para las mañanas en las que ofrece dulces típicos como la graffa o los pasticciotti, además de tostas con guanciale o mortadela sureña

La pintada con la que amaneció el cementerio de Poggioreale una mañana de 1987, justo el día después de que el Nápoles ganara la liga de la mano de Maradona, define a la perfección la esencia de la ciudad sureña: "No sabéis lo que os habéis perdido", le decían unos desenfrenados tiffosi a sus ancestros. Podrían citarse numerosos ejemplos y anécdotas de viaje, y aún así la primera visita a las faldas del Vesubio sigue sorprendiendo a los debutantes. Hace tiempo que A Coruña y Nápoles están unidas por el paladar, hasta el punto de que el herculino medio maneja con cierta soltura conceptos, tipos de pizzas e ingredientes. Buena parte de la culpa la tiene Luca Noviello, un napolitano de los pies a la cabeza que en 2019 abrió la pizzería Terra Mia, y que ahora con Alimentari se ha propuesto que bajemos al ultramarinos como su 'nonna'. Y también que desayunemos como si nos encontrásemos en pleno Quartieri Spangnoli. "El Alimentari lo abrí por morriña, porque no me crié como pizzero, sino en los típicos ultramarinos, como comerciante", confiesa.
Es difícil ser más sureño que Luca. Todo lo explica con pasión, intensidad y desde lo más profundo de su corazón. Puede que ese mimo y cariño, o morriña, sean la clave de que se haya convertido en uno de los puntos más reclamados de Juan Flórez para desayunar. Evidentemente, la calidad del producto, la variedad y el precio hacen el resto. Es posible salir hinchado como si esa 'nonna' del ultramarinos nos metiera en su casa y saliéramos rodando. Y todo por menos de diez euros. Por ejemplo, una tostada de pan recién horneado, mortadella (con doble l por ser napolitana), burrata y pesto, acompañado de un espresso o capuccino, apenas alcanza los 8 euros.

El resto de términos que ya empiezan a manejar los coruñeses, con cierto acento del sur de Italia, son la graffa (una especie de donut al que se le añade patata para ablandarlo), los pasticciotti (típicos de Apulia y acompañados de chocolate y ricotta o crema pastelera) o la pastiera napoletana. Además, también está el sello vital de Luca. "Estuve diez años en Inglaterra y ellos para estas cosas son unos cracks, así que de la influencia de esos años tenemos un croissant con huevos revueltos y guanciale crocante", afirma. Y, como colofón, la reivindicación del café disfrutado y tomado a ritmo italiano. "Si tomas un café es para saborearlo", indica con cierto recelo hacia la falta de delicadeza en las prisas por apurar el espresso o el capuccino de un sorbo.
Proyecto
El local Alexandre Cundíns es socio y consejero de Luca en el día a día. En el horizonte existe la voluntad de seguir creciendo, pero siempre sin descuidar la cercanía y la condición de artesano que han convertido a Terra Mía en el primer embajador de Nápoles en A Coruña. Primero fue él, y luego se puso de moda el producto. "Cuando abrí el Alimentari, tuve la suerte de que ya me conocían como pizzero. La gente conoce el 10 por ciento de la cocina o los productos italianos", asevera, rodeado de botellas, envases y presentaciones que son como el Giorgio Armani del packaging.
De momento, son aproximadamente 15 comensales los que cada día 'viajan' hasta una terraza a la orilla del Tirreno y se toman ese momento con la calma que ruega Luca. Sin embargo, a juzgar por sus obras anteriores, pronto serán muchos más. Por cierto, la pintada aquella del cementerio tuvo respuesta al día siguiente: "¿Quién dijo que nos lo hayamos perdido?".













