Cándido Hermida, el histórico carpintero de Inditex: “El valor de la empresa es el equipo humano que se formó, es algo que me emociona”
El empresario recibirá la semana que viene un premio de la CEC en reconocimiento a una trayectoria de 40 años trabajando con firmas como Inditex

Cándido Hermida Campos (San Sadurniño, 1939) recibirá el próximo lunes el Premio Liderazgo Empresarial que otorga la Confederación de Empresarios de A Coruña (CEC) en reconocimiento a una trayectoria de más de 40 años en los que convirtió un pequeño taller de ebanistería artesanal en un grupo empresarial de referencia internacional, con sede en el polígono de Río do Pozo (Narón). Presta servicios a compañías como Inditex, Mango, Loewe o Armani y tiene presencia en el sector naval.
¿Cómo se siente al recibir este premio de la CEC?
Me siento muy orgulloso. Me parece que es un galardón inmerecido, porque mirando los que fueron galardonados anteriormente, verme en ese mismo grupo, me hace sentirme pequeño al lado de ellos. Pero es un orgullo y un agradecimiento a la Confederación —de Empresarios de A Coruña— que me lo otorga.
¿Se lo esperaba?
No, para nada. Yo creía que mi vida pública estaba cerrada. Pero, cuando alguien le reconoce a uno su trabajo, pues eso gusta también.
De su trayectoria profesional, ¿hay algún momento que recuerde con especial cariño?
Los recuerdo todos con cariño, porque todo lo hice con mucho cariño.
¿Cuándo empezó?
Hasta los 17 años, fui labrador. Ahí entré de aprendiz en una empresa en Ferrol. Era aprendiz número cinco, por lo tanto me tocaba coger el carretillo y llevar los muebles. Era conductor de carretillo. Tuve mucha suerte porque el jefe me trató muy bien. Yo era de los que iba a aprender un oficio. Vivía con mi madre, no tuve padre, y tuve que luchar, de aquella no había paro, para ganarme el puesto.
Una vez contó que con 45 años se quedó en el paro y ahí empezó a ser empresario.
Ahí alquilé una nave que había sido un salón de bailes y ahí empecé. Mi idea con 45 años era tener a los mejores operarios que había en Ferrol. Cogí a cuatro. Y mi idea también era coger a gente mayor que yo, para que llegara a los 65 años y pudiera cerrar y retirarme. Pero la vida te va llevando. Cada vez tenía más clientes, venían más operarios a pedirme trabajo y vas creciendo sin darte cuenta. No hubo un plan.
¿Casi sin pretenderlo?
No había un objetivo de crecer. Siempre fue de una forma natural. En el año 91 fue el primer pedido que tuve que hacer para Inditex. Me encargaron unos muebles. En aquel entonces, la artesanía estaba bajando. Ya venía otro tipo de mueble. Yo dibujaba el mueble, dibujaba la factura, hacía el presupuesto. Encontré a alguien con el que el diseño ya venía hecho. Aposté por Inditex.
Y salió muy bien, ¿no?
Como una aventura. Digo, pues vamos a probar a trabajar para Inditex. A mí me gustó siempre el oficio. Yo no era elitista, me daba igual hacer una cosa que otra. Ahí empecé y me fue absorbiendo y a crecer y a crecer. Pero, realmente, el motor de mi crecimiento ha sido Inditex.
¿Fue un punto de inflexión en su carrera como empresario?
Claro, a mí me gustaba lo que hacía. Valoraban mi trabajo, cosa que se agradece mucho. Ahí pasé de artesanía a industrializarme. Fue cuando compré en Valdoviño una nave grande y maquinaria ya de última generación de control numérico. Y, a partir de ahí, empecé a rodearme de los mejores operarios. Siempre me quise rodear de los mejores y empecé a viajar a las ferias de maquinaria. Siempre compraba la maquinaria puntera, la de última generación. Ya tenía que montar una oficina técnica. Cogí al primer ingeniero hace 30 años para montar una oficina técnica, de la que hoy es el director. Aún está aquí. Y estar siempre en vanguardia de las tecnologías de este sector.
¿Y todo eso sin llegar a dejar de ser artesano?
Siempre tuve algún cliente artesano como vocación, pues mantuve ebanistas, que costó mucho formarlos. Formar a un ebanista lleva mucho tiempo. Aún hoy podemos hacer trabajos artesanales. Ya hace años, ya estaba trabajando para Inditex, y me encargaron un trono de la Cofradía de Dolores. Yo nunca en mi vida había visto un trono. Veía el que había de las Angustias en las procesiones. Y me encargaron otro trono e hice un trono. Después me encargaron otro. Hice cuatro para la Cofradía de Dolores. Pero siempre en paralelo al trabajo de Inditex. Artesanía e industria.
¿A día de hoy, cuánto supone Inditex en la facturación?
Aproximadamente, un 50%. Al ir creciendo, me gustaba el sector naval porque en la empresa en la que aprendí también trabajaba algo para naval. Entonces, ya tenía algún conocimiento. Y ahora el naval se lleva un 50% aproximadamente y el otro 50% se lo lleva Inditex. Aparte hay otras firmas.
¿Sigue viniendo todos los días a trabajar? Podría estar jubilado si quisiese.
Yo, de momento, prefiero estar aquí. Si tengo una responsabilidad, quiero participar. Una responsabilidad sin llevarla yo, no las he llevado. Vengo porque me gusta estar aquí, pero esto funciona de una forma prácticamente en automático. Cada uno sabe lo que tiene que hacer y yo estoy un poco coordinando y tal, pero esto funciona con el personal de la empresa.
¿Se puede decir que es feliz viniendo a trabajar?
De lo que estoy más orgulloso es del equipo profesional. El valor de la empresa es el equipo humano que se formó y me emociona pensar en ello. No hay nada más que verlos, cómo trabajan, cómo defienden su trabajo, cómo defienden todo... A mí eso ya me emociona.
La empresa empieza con cuatro empleados y ahora son más de 600. ¿Cómo se da ese salto?
Sin personal cualificado no podría atender prácticamente ni la mitad de trabajo. Es gente muy preparada, que son los que tratan con el cliente. Yo soy presidente, pero quien trabaja es el equipo. No tengo ninguna faceta imprescindible aquí.
¿Su sector ha cambiado mucho durante los últimos 40 años?
Muchísimo. Es poco conocido lo mucho que evolucionó este sector. Es de los que utiliza más tecnología en todos los procesos. Yo tengo aquí una oficina técnica, tengo un departamento de informática, tengo ocho informáticos que son los que hacen los programas y las aplicaciones para poder coordinar todo. Aquí todo funciona a través de una forma digital. Para las máquinas se hace el programa de la oficina técnica. El pulmón de la empresa está en los técnicos. No bajas a darle un trabajo con un plano físico, aparece en la pantalla de la máquina y el operario no tiene más que pulsar la clave y ya sabe lo que tiene que hacer.










