La visita a A Coruña del rey que abdicó por amor: tierra de la batalla de Elviña y una piedra para sir John Moore

Fue un 19 de enero de 1931, hace 95 años, y todavía no era rey. A Coruña recibió la visita del entonces príncipe de Gales, Eduardo, junto a su hermano Jorge, duque de Kent. Fue solo una hora de estancia, pero en la que le dio tiempo a pasar por uno de los lugares más icónicos de la ciudad y también a honrar a un héroe inglés.
Eduardo, quien se convertiría en 1936 en Eduardo VIII de Inglaterra durante diez meses, para luego abdicar por amor y casarse con Wallis Simpson, estadounidense y divorciada, llegó a bordo del trasatlántico inglés 'Oropesa' al Puerto de A Coruña, explica la crónica de El Ideal Gallego.
Fue el cónsul inglés, "señor Guyatt", quien recibió comunicación de la llegada del príncipe y anunció que este colocaría la primera piedra del monumento en honor a sir John Moore. "Poco antes de la una el Vigía de Montealto anunciaba que el 'Oropesa' estaba a la vista y que entraría en puerto a la una y media. Divulgada rápidamente la noticia, empezaron a acudir al muelle distinguidas personalidades coruñesas y numerosísimo público que ocupaba totalmente el espigón del muelle de trasatlánticos y las explanadas adyacentes", explicaba el diario.
Nada más llegar, el príncipe de Gales recibió como regalo de la ciudad un cofre que contenía tierra del lugar en el que se produjo la batalla de Elviña y una reproducción fotográfica del plano de esta.

Una caravana de coches llevó a la comitiva desde la dársena hasta el jardín de San Carlos, el "poético jardín donde reposan los restos del general inglés" sir John Moore. Al llegar a su tumba, en la que se habían colocado las banderas inglesa y española, además de una gran corona de flores naturales, se guardó un respetuoso minuto de silencio.
Personal municipal explicó al príncipe de Gales y a su hermano el "afectuoso cariño con el que la ciudad de La Coruña cuida aquel jardín, que sirve de tumba a los restos de un heroico militar inglés que perdió la vida defendiendo la independencia de España".
Tras estar en San Carlos, la comitiva real salió del centro de la ciudad por "el Parrote, plaza de María Pita, Alcalde Casás, Calle Real, Cantones, avenidas de Linares Rivas y Fernández Latorre y siguiendo la calle de Caballeros se dirigió al alto de Eirís". Allí, en un campo cercano a la entonces clínica de Monserrat se había dispuesto, al pie de una roca, la base del que sería un monumento en honor a Moore. Y ahí terminó la visita exprés, de solo una hora, del futuro rey inglés a A Coruña.
Desde Eirís se dirigió la comitiva de los príncipes a Santiago, desde donde el futuro Eduardo VIII se lamentaba de "la rapidez con que se vio obligado a pasar por la Coruña". Además, mostró su agradecimiento al "afecto que sus habitantes habían demostrado a él y a su augusto hermano, y deploraba no haber podido estar en el Palacio municipal". Sin embargo, el príncipe de Gales sí demostró en A Coruña con su visita exprés una característica que sería su sino vital: la misma fugacidad que distinguió sus diez meses como monarca de los ingleses.









