José Luis Saavedra | “Soy epicúreo bien entendido, si no fuera así no hubiera llegado a los 78 años”
Su vida se desarrolla entre la plaza de Ourense y San Andrés, en donde vivió al volver de Canarias, en un piso “bastante bohemio” por el que pasaban muchos de los artistas de la ciudad

Su vida da para más de una entrevista. José Luis Saavedra (Cesuras, 1947) ha sido trabajador de Telefónica, empresario de moda y, sobre todo, del ocio nocturno, además de hacer sus pinitos en el mundo editorial o ser mecenas de artistas. Siempre, desde el mismo punto de vista epicúreo y hippy que le llevó a recorrer media Europa haciendo autostop en 1968. “Lo que nunca tuve con nadie fue una discusión por el dinero –explica– cuando se rompieron las cosas fue por valores”.
¿Qué es lo primero que recuerda de la ciudad?
Una impresión total porque yo llego de un pueblecito, Os Peteiros. La parroquia tenía una profesora muy mala y mis padres me mandaron a Curtis, lo que me obligaba a hacer todos los días 6,5 kilómetros a pie. Terminaron comprándome una bicicleta pero no había carreteras, así que iba por la vía del tren o empujándola. Mientras los demás se iban a comer, yo comía en la escuela. Cuando venían, tenía todos los problemas resueltos (risas).
¿Y cuándo se viene para aquí?
Venimos para que pudiéramos estudiar mi hermano y yo. Yo tenía 14 y él, cinco años menos. Entré en Maestría Industrial por nocturno, porque por el día trabajaba a media jornada en la plaza de Lugo, Caramelos Venus.
¿Qué tal estudiante era?
Siempre tuve facilidad para los estudios. Con 16 años, ya era oficial. En aquel momento, hacen un plan para poder saltar de oficial a perito. La escuela estaba en Vigo y nos dieron una beca que era una barbaridad. Pero el dinero no llegó nunca. Reclamamos, nos dieron excusas y, de estas cosas que te cabreas, uno tira una piedra y rompe un cristal.
Y les metieron para adentro...
Llegaron los grises y nos dieron una somanta de palos... pero gordos. Nos acusan de comunistas, nos aplican la ley de vagos y maleantes y nos expulsaron. Al volver a casa, por el parecido con mi padre, había mucha tensión. Y me fui a Barcelona.
¿Por qué a Barcelona?
Porque tenía un colega allí. Aprovechábamos los fines de semana y, sobre todo, el verano, para trabajar de camareros. Entre sueldo y propinas nos daba para el verano y parte del invierno. Aquello era una fiesta. En una calle vivía Peret y todos sus músicos y, en la otra, Chacho. Y en el mismo piso vivía un boxeador, Sombrita, que había sido campeón de Europa, y me metí en ese mundo. Me hice amigo de Ray Sugar Robinson y llegué a venir con él aquí, a la plaza de toros. Barcelona fue fantástico y ahí entré en Telefónica. Como me gustaba viajar, me apuntaba a cubrir plazas en los sitios que me gustaba. Y me vine con unos amigos a hacer la mili voluntario a La Coruña.
Lo normal era hacer la mili fuera pero, en su caso, fue al revés...
La hice en Artillería. El ejército permitía trabajar por las tardes en Telefónica y, al terminar, me dio por hacer un viaje en autostop. Y llegué hasta Turquía.
¿Por qué solo hasta Turquía?
Era el 68, el movimiento hippy, con los americanos que venían escapando para no ir a Vietnam. Subían por todo el Mediterráneo. No faltaba de nada, había colaboración: te dejaban cosas en el camino. La meta era Katmandú pero nos empezamos a topar con gente que volvía, enganchados al opio y a la heroína. Vi aquello y me fui a Las Palmas.
Y allí estaba...
Viviendo muy bien. Bueno, yo creo que viví muy bien toda mi vida (risas). O, al menos, como quería. Allí tenía, además, un complemento por insularidad y una distribuidora de alcohol.
¿Y en qué momento vuelve?
Quería que mi hermano siguiera aquí y, en 1973, le propuse montar una tienda. Tenía una amiga francesa que tenía tiendas y las chaquetas que se pasan en los desfiles las traje y las vendí todas. Puse una tienda en la calle Huertas que se llamaba Metamorfosis. Empezamos a viajar, a visitar proveedores y en una fiesta conozco al director comercial de la mejor fábrica de vaqueros que hubo en España, que es Lois. Sacaron un pantalón lavado –aquí solo vendía pantalones Maisonfor– y aquello fue una locura. Vendíamos más por metro cuadrado que cualquier tienda de la Quinta Avenida. En ese tirón, se crea Carnaby, en la plaza de Pontevedra, y Moda Joven, en la estrecha de San Andrés. Y una cafetería, Equilibrio, que es de lo más bonito que he hecho.
¿Dónde estaba?
En la avenida de Arteixo. Ambiente ibicenco, platos combinados –de cocina, no de plancha–. Se jugaba a las cartas, se ligaba... y tenía un pub dentro, con actuaciones. Por ahí pasó Facundo Cabral, Rafael Amor, Yupanqui, Cañones y Mantequilla, Juan Bautista Humet, Felipe y Bottamino... Esos no triunfaron más porque me decían: “Jose, nos gustó demasiado el recreo”.
¿Ahí es donde empieza a dedicarse más al ocio nocturno?
Sí, claro y abandono las tiendas. No es compatible la noche con la mañana.
Y ahí monta Pirámide.
Vendo Equilibrio, porque me hicieron una oferta que no podía rechazar. Con ese dinero, dos colegas y mi hermano, abrimos Pirámide.
Fue toda una revolución...
Primero, por el ambiente. El Playa Club tenía un marchamo pijito pero lo nuestro era una mezcla heterogénea. Nunca hubo follones dentro. Pasaron políticos, OBK, Sabina, Wyoming y el Reverendo... La primera discoteca que abrió en Nochebuena fue Pirámide. Fue una época maravillosa. Lo compatibilicé con llevar el Coliseo, hacer dos años de hostelería del Xacobeo y batir el récord, con los Rolling Stones, en el Monte do Gozo, de vender en una tarde 44.000 cervezas.
¿Por qué hemos hecho la foto en este lugar?
En esa casa viví cuando volví. Entraba todo el mundo: pintores, escultores... Mon Vasco, Cabanas, Tenreiro... y, desde luego, todos los artistas me debían muchas copas, porque no pagaban nunca en mis locales (risas). Entre todos, montaban un fanzine, que se llamaba ‘Uso externo’ y yo aportaba algo.
¿Se arrepintió de haber vuelto?
No, para mí fue un redescubrimiento de la ciudad. Y la vanguardia que se desarrollaba en mi casa. Ibas por la noche e igual había diez tíos en sacos de dormir en el pasillo. Yo pensaba montar la tienda y volver a Canarias pero me llamó mi hermano para decirme que aquello iba como un tiro. Pedí una excedencia en Telefónica y ya no volví.
¿Dónde vive ahora?
En la plaza de Orense. Desde hace tres años o cuatro años me quité de todo. Menos de hacer ejercicio y la lectura, que me lleva tres horas o cuatro horas cada día. Siempre he leído mucho, sobre todo ensayo.
De la noche, ¿qué le queda? ¿El horario?
Nunca madrugué mucho. Tengo un sentido total del compromiso, pero quedo a las doce, no a las nueve. La rutina y la disciplina las tengo conmigo pero...
Sigue siendo un poco hippy...
Lo que seguro que soy es epicúreo bien entendido. Me encantan los placeres en su medida. Si no fuera así, no hubiera llegado a los 78 años.
Preguntas cascarilleiras
¿Churros de Bonilla o churros del Timón?
A mí me gustan mucho los churros. Si salgo a desayunar, siempre pido un café cortado y dos churros. Como en los bares suele haber de Bonilla, los como de Bonilla. Los del Timón me gustan más.
¿Jardines de Méndez Núñez o monte de san Pedro?
A mí me gusta la visión panorámica, así que monte de San Pedro.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
No hay mucha diferencia pero sí, la calle de la Estrella, por la cercanía a toda esta zona que es en donde me he movido. Eran los bares que más frecuentaba.
¿Bebe agua de Emalcsa o embotellada?
Agua del grifo siempre. Teniendo un agua como tenemos aquí. En Barcelona o en otras ciudades, bueno, pero en La Coruña me parece una gilipollez consumir esa cantidad de plástico, que luego hay que reciclar.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Es curioso, pero viviendo aquí las he utilizado muy poco. Hay días que me gusta ir hacia la costa más dura, hacia Caión y por ahí. Y normalmente aprovecho para comer.
Busca las playas por la hostelería...
Exacto. La playa que más me gusta, con diferencia, porque me da la opción de caminar y hacer cuatro kilómetros y pico es Miño y tiene el agua más caliente de toda la costa gallega sin lugar a dudas. Y puedo comer con mi amigo Fernando en A Carboeira. O me vengo a La Terraza de Sada, que es uno de los lugares que me da tanto placer... El sitio en sí, la luz, el estilo... Yo soy un enamorado del Art Decó. Y estar allí, con Antonio, con una botella de vino y tomar algo en ese lugar maravilloso es la repera.
¿Se mueve a pie o motorizado?
Desde que ya no vivo en Oza, me muevo constantemente a pie. Voy a la Casa del Agua, que es un lugar maravilloso, y vengo a pie.
¿Prefiere una verbena o un concierto?
Verbenas he ido a pocas y conciertos he visto cientos. Recuerdo el de Paul Simon, que venía de hacer una gira mundial, un concierto muy bello en su conjunto, con los percusionistas, se puso de espaldas al público, dirigiendo aquella máquina de sonido... Y yo diría que el más bonito fue el Concierto de los Mil Años. Yo pude estar entre candilejas en esos conciertos. Neil Young venía de una fiesta de su rancho, vino en un avión privado, no sabía ni dónde aterrizaba... Tuvieron que sacarlo al escenario dos tipos, no encontraba la armónica... pero cuando la encontró, se tiró dos horas tocando.
¿Carnaval o San Juan?
He ido mucho a los carnavales de Tenerife y aquí siempre me falta música. San Juan me parece una manifestación popular de enganche muy mágico por el fuego, la playa, el mar, el olor de sardinas que invade toda la ciudad...
¿Dice más veces chorbo o neno?
Neno, me parece más cariñoso.











