El mercadillo más sostenible: basura a la venta en A Sardiñeira
Los vendedores que rebuscan su género en los contenedores se han desplazado a la vecina plazuela de Puerto Rico
La pequeña plaza de la calle de Puerto Rico, aledaña a A Sardiñeira, se ha convertido en un mercadillo ilegal donde se venden los hallazgos de los contenedores de basura. El hecho en sí no es una novedad: desde hace años, en la periferia del mercadillo, donde se vende ropa interior y calcetines, han merodeado personas que no tienen licencia para la venta callejera, pero que se sacan unos euros vendiendo lo que han rescatado de los contenedores.
Hombres y mujeres en riesgo de exclusión recorren las calles de A Coruña inspeccionando los contenedores, abriendo y cerrando las bolsas de basura, en busca de algo para vender. Todo está sucio, muy usado, roto o desgastado: ropa, calzado, electrodomésticos, juguetes, adornos... No se molestan en arreglarlo o limpiarlo antes de ponerlo en venta. Y, desde luego, no se ofrece ninguna garantía al cliente pero siempre se encuentra algún comprador: con cinco euros en el bolsillo uno puede volver a casa con un buen montón de lo que otro coruñés ha descartado el día anterior.
El mercadillo de A Sardiñeira se celebra todos los martes y sábados, de 09.00 a 14.00 horas, y cuando termina, también lo hace el mercado de la basura, pero los vendedores no recogen los desperdicios que no han conseguido vender. Ni siquiera los devuelven a los contenedores. Simplemente los abandonan en el espacio público, como si se hubieran vaciado allí los propios cubos de basura.
Es necesario entonces llamar al servicio municipal para que los retire. En algunos casos, se han llegado a acumular cantidades bastante importantes, hasta 40 bultos de ropa que se cargan en camiones. Por supuesto, es tan ilegal la venta en la calle sin licencia, como husmear en los contenedores, dado que eso es una tarea del servicio de recogida de basura, así que la Policía Local interviene de vez en cuando. “Ya hemos tenido que ir en varias ocasiones”, comentan fuentes municipales, que reconocen que solucionar el problema resulta difícil.
El servicio de limpieza retira cada martes y sábado muchos bultos de ropa usada que acaban en la planta de reciclaje de Nostián
Pero los vendedores no les tienen miedo a las multas, puesto que, al tratarse de gente que vive en riesgo de exclusión, se declaran insolventes. Los agentes les confiscan el material que, de todos modos, ellos han obtenido gratis, y el servicio de recogida de basura se lo lleva para su procesamiento.
Este ha sido el estado de cosas durante muchos años, pero a finales de 2024, se anunció que el mercadillo de A Sardiñeira se trasladaría de su lugar original, la explanada del aparcamiento detrás del complejo deportivo. El motivo es la construcción de un nuevo acceso desde la avenida de Arteixo hasta la intermodal: los autobuses circularán desde la avenida de San Cristóbal hasta la de Arteixo para entrar directamente a la intermodal.
En cuanto a los vendedores, la concejala de Comercio, Diana Cabanas, anunció su traslado a la plaza que se encuentra detrás del centro cívico de Os Mallos, unos metros más allá. El espacio era suficiente para 80 vendedores ambulantes, pero no para los vendedores de basura que normalmente se situaban más arriba, cerca de la avenida de Arteixo. Tuvieron que buscar una localización diferente y la encontraron al otro lado de la calle de Puerto Rico. En su cruce con la de Filipinas se forma una pequeña plaza triangular donde se ha creado este mercado de la basura.
Objetos robados
En algunos casos, también se ha registrado en el mercadillo de la basura la presencia de material robado. Singularmente, comida de los supermercados. Pero esto ocurrió hace unos años y las fuentes policiales consultadas aseguran que no tienen constancia de que se haya vuelto a producir.
Desde una perspectiva más positiva, este espontáneo mercadillo se puede entender como un triunfo de la filosofía de la reutilización, de dar una segunda vida a los objetos. Pero no resulta tan moderno cuando se usa un contenedor en vez de una aplicación.

