Las cinco muertes de A Coruña por ir a recoger arena en la playa
Hace 90 años fallecieron dos mujeres y tres niñas en un desprendimiento de tierras junto a la Torre de Hércules

"Cinco personas muertas en un desprendimiento de tierras en La Coruña". Así titulaba en su edición del martes 14 de enero de 1936 El Ideal Gallego el suceso que se había producido el domingo 12, hace 90 años. Dos mujeres y tres niñas habían fallecido en un desprendimiento que se produjo en lo que hoy se conoce como la playa de As Lapas. Y todo por recoger un poco de arena para vender en la calle.
El desprendimiento de tierra se produjo a las tres de la tarde cuando se derrumbó un área de 24 metros cuadrados, sepultando a las cinco víctimas mortales y dejando herida a una sexta que iba con ellas. El lugar, "en una pequeña ensenada que hay al pie de la Torre de Hércules, a 150 metros de la prisión provincial", era al que acudían diariamente mujeres y niñas con el fin de recoger la llamada "tierra blanca", que luego vendían por las calles. Esta arena es la que en los años 30 se utilizaba en las limpiezas del hogar para fregar, sobre todo como abrasivo para dejar reluciente el menaje de cocina.
De esta zona, llamada también, según el proyecto Galicia Nomeada, "O Areal da Lagoa", "O Areal", "O Areal do Cárcere" u "O Areal dos Curas", extraían diariamente la arena, hasta llegar a formar una cueva de "seis metros de largo por cuatro de ancho" con "herramientas pesadas", explicaba el periódico entonces.
Debido a la excavación y a que las tierras se ablandaron por las lluvias, se produjo un desprendimiento que atrapó a las dos mujeres y las tres niñas, además de alcanzar a una sexta, que sufrió heridas en una pierna.
Las fallecidas fueron Emilia Catoira Rabuñal, de 20 años, y su hermana Manuela, de 11, Sofía Fuentes Riveiro, de 45 años, y su hija, Consuelo Pérez Fuentes, de 7, además de Manuel Fuentes Rivas, de 12 años y sobrina de Sofía. Vivían todas en la Travesía de Hércules, la calle de la Torre y ronda de Nelle.

Otra joven que se encontraba en las cercanías fue la que dio la voz de alerta y pidió socorro a los guardias de la prisión provincial, que llegaron de inmediato junto a dos transeúntes que pasaban por la zona. "Se dedicaron a la extracción de los cadáveres, operación que secundó el cuerpo de bomberos previamente avisado", contaba hace 90 años El Ideal Gallego.
Al entierro de las cinco víctimas acudió el alcalde, José Fandiño Arrojo, además de varios concejales, el comandante de Asalto, en representación del gobernador civil, y miembros del clero. "El público estacionado ante las casas de las víctimas se opuso terminantemente a que la conducción se realizase al trote y exigió que fuese hecho al paso", es decir, más lentamente, señala el diario.
El alcalde accedió a esta exigencia de los vecinos y la comitiva fue por "el campo de Marte, por las calles de Independencia, Tren, San Roque, Campo de la Leña, San Juan y Orillamar", hasta el cementerio de San Amaro.
Allí se produjo una nueva polémica: "Cuando los cadáveres iban a ser depositados en el anfiteatro para más tarde realizarles la autopsia, el público se opuso terminantemente a ello y exigió que los cadáveres fuesen directamente a la fosa, lo que se realizó en presencia de las autoridades. Inmediatamente cuatro jóvenes fueron al depósito y se incautaron del ataúd en que se encerraba el cadáver de Emilia Catoira y también lo llevaron a la fosa". Después de ello se personó el juez en el camposanto y los forenses, al enterarse de que los cadáveres ya habían sido enterrados, requirió la presencia de la Guardia de Asalto para echar a los vecinos del cementerio. La tragedia de las dos mujeres y las tres niñas terminó con la exhumación de sus cuerpos para realizar una autopsia para su posterior regreso a la tierra.










