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Entrevista CTV

Irene Álvarez | “Una ciudad sin ir a las librerías, a los mercados, a los comercios pequeños... no es una ciudad”

Coruñesa residente en Madrid, tiene una editorial de libros ilustrados desde la que intenta que la vida de peques –y no tan peques– esté llena de historias interesantes y de color

Doda Vázquez
11/01/2026 06:30
Irene Álvarez Lata, en el interior de la librería Berbiriana
Irene Álvarez Lata, en el interior de la librería Berbiriana
Javier Alborés
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Tutifruti es el nombre de la editorial que ha montado Irene Álvarez Lata (A Coruña, 1981) aunque quizás se le podría aplicar también a ella por el zoo familiar que tiene montado: dos gatas en custodia compartida con su expareja y cuatro perras compartidas con su pareja actual. Aunque vive en Madrid, Meiga es el nombre de la que le acompaña siempre que puede a su ciudad natal. “Conoce Coruña a tope”, confiesa mientras le acaricia la cabeza con cariño. Su vida transcurre entre ambas ciudades y entre los libros ilustrados que edita, tanto Para peques como Para no tan peques, porque así se llaman sus dos colecciones.

¿Cuál es el primer recuerdo que le viene a la memoria si piensa en la ciudad?

Los paseos por los Cantones con mi madre. Se paraba a hablar con todo el mundo y nunca llegábamos a tiempo a ningún sitio. Recuerdo eso como algo interminable, que cuando llegábamos estaba cerrado ya.

¿Por qué ha elegido Berbiriana para la foto?

Es la librería de mi prima y una socia suya y, además, siempre colaboro con ellas. Antes de tener Tutifruti, tuve otra editorial con mi expareja que se llamaba Lata de Sal. Desde que abrió, estoy muy vinculada a Berbiriana porque, aparte de que me encanta la filosofía que tienen, de estar siempre haciendo actividades, crean espíritu de vecindario, algo que me parece indispensable en una ciudad. Para mí, una ciudad sin cercanía, sin ir a las librerías, a los mercados, a los comercios pequeños, no es una ciudad, es otra cosa.

¿Qué otros rincones favoritos tiene en A Coruña?

A mí me gusta mucho ir a sitios a comer. Siempre voy a tomar una empanada al Alameda y quedo con mis amigas, que siempre me descubren algún sitio nuevo. Me gusta mucho Bonilla y pasear con mi perra, Meiga, que la traigo siempre cuando vengo a Coruña... En la zona de la iglesia de San Francisco me encuentro a los perros de todos los vecinos, que conozco ahora y que, sorprendentemente, no conocía cuando era pequeña.

¿Esa es la zona en donde vivía?

Sí, donde la iglesia. Mi madre sigue viviendo en el mismo sitio, en la calle Pérez Cepeda y ahí es donde me crié. Yo nací en el sanatorio Belén y, de hecho, mi madre fue caminando cuando rompió aguas, con su bolsita desde la calle hasta el sanatorio. Sola.

“El libro es un sector en el que nadie se lleva un porcentaje para tener una economía cómoda; el problema es que la editorial asume el riesgo por adelantado”

¿Dónde fue al colegio?

A la Compañía de María.

Todo en el mismo sitio...

Sí, me caía de la cama, como dice mi madre. Y, aun así, llegaba tarde siempre (risas).

¿Y cómo era de estudiante?

Siempre fui buena estudiante, no tan buena como mis hermanas, pero sí. Claramente de letras –de hecho, llegué a suspender Física y Química– y me gustó siempre mucho la literatura. Tuve una profesora que luego fue directora del colegio, que era María López, y que me marcó mucho. Nos dio clase de teatro y a mí siempre me ha gustado. Fui profesora de teatro en Madrid y dudé un tiempo si dedicarme a eso.

Pero optó por el periodismo...

Sí, me gustaba también la comunicación audiovisual. Quise entrar en Santiago pero no me dio la nota porque era superalta y por eso me fui a Madrid. Es una carrera que me gustó y la ejercí un tiempo, en la tele: estuve de redactora, en programas de entretenimiento, de reportera de información... pero empecé a a colaborar con librerías. Al principio, para hacer cuentacuentos, que es algo que hacía desde antes de tener la editorial. Me metí en una asociación que iba a hospitales a contarle cuentos a los niños y me empezó a gustar. Y me metí en la literatura infantil y el libro ilustrado.

¿En qué año fue eso?

En 2005 que, aunque parece muy cercano, fueron unos años todavía muy pioneros en España en el libro ilustrado. Yo creo que no hubiese podido hacerlo sin contar con mi expareja, que fue mi socio y un gran impulso para mí. Además, hice un máster que había de Santillana con la Complutense y creo que fue lo mejor que he hecho en mi vida. Fue un año súperduro, porque yo estaba trabajando, pero maravilloso. Conocí a un montón de gente y me sirvió mucho. Cuando hacemos algo de cuentacuentos y pregunto, el 96%, y ya estoy siendo muy generosa, de la gente –y no hablo de niños, sino de adultos– no sabe lo que es una editorial.

“Yo me crié en la zona de San Francisco; nací en el sanatorio Belén; mi madre fue caminando cuando rompió aguas, con su bolsita desde la calle hasta el sanatorio, sola”

¿Qué es lo más duro de tener una editorial?

Yo siempre digo algo que parece muy polémico: los libros son baratísimos. Es el producto más barato del mercado porque intervienen muchísimos agentes. Un autor, que escribe el libro durante, a lo mejor, cinco años, se lleva un 10% como mucho pero es que la editorial, adelanta toda la producción. Es un sector en el que nadie se lleva un porcentaje para tener una economía cómoda, siempre hay riesgo; el problema es que la editorial asume el riesgo por adelantado. Al final, una editorial es una cosa que te tiene que gustar un montón, porque sabes que no vas a hacerte rica ni vas a estar tranquila económicamente.

Tutifruti lleva a pensar en libros infantiles, pero también tienen libros para adultos...

El libro ilustrado no es solo para niños, lo que pasa que es verdad que se asocia y siempre se va a asociar más a niños pero yo quería hacer alguna colección que fuese específicamente de adultos y por eso monté la de No tan peques. En esta colección publico un sello francés y que son libros de curiosidades que son de los más vendidos de mi editorial. Al final, hay un 70-30 de infantil y adultos.

¿Qué echa de menos de A Coruña cuando está en Madrid?

Echo de menos la cercanía de las cosas, los aperitivos, por ejemplo, el no planear todo tanto. Y a mi madre, que es un pilar en mi vida y una matriarca. Curiosamente, no echo tanto de menos el mar como la mayoría de la gente.

Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué momento de la ciudad le gustaría viajar?

Me gustaría mucho viajar a la infancia de mi madre. Tiene 85 años, vivió en varias zonas y me gustaría muchísimo viajar a la posguerra, que creo que es la época en la que deberíamos viajar todos hoy en día. Mi madre nació en el 41 y siempre dice que la posguerra fue muchísimo peor que la guerra. Me gustaría ver esa época donde todo lo que vemos ahora es un lujo. Yo me considero súper privilegiada y creo que el 75% de la población nos tendríamos que considerar así. Vivimos en una sociedad y una democracia que tenemos que cuidar mucho. 

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