
El cierre de los cines Yelmo de Espacio Coruña ha pillado por sorpresa por el momento, pero no tanto por no considerarse esperado. Y es que la crisis del sistema fílmico es una realidad que seguidores y expertos del sector ven desde hace mucho tiempo. Salas vacías, cierres completos. Una situación que se vuelve a dar en A Coruña, como en otros lugares, y que los expertos contemplan con tristeza, pero también con la esperanza de que que se pueda convertir en una oportunidad.
Desde el Ayuntamiento de A Coruña el concejal de Cultura, Gonzalo Castro, considera que se están sufriendo "cambios profundos en todo o que ten que ver coa industria audiovisual: a aparición de novos formatos, de plataformas dixitais, dunha nova de acceder a contidos audiovisuais... Todo xenera un contexto diferente, tamén para a nosa cultura". Todo ello en un sector, como el audiovisual, muy importante en la ciudad de A Coruña, recuerda Castro, que considera el cierre de los Yelmo de Espacio Coruña "unha mala noticia".
"Os cines cumplían unha función tamén, ou deberían cumplir unha función, de facilitar o acceso á cultura ao conxunto da poboación. E efectivamente, eu creo que hai factores moi diversos que explican esta situación e que deben ser abordados por actores diferentes", llama Gonzalo Castro a la reflexión. Así, considera que también el propio sector audiovisual, su industria, debe conseguir adecuar el ecosistema para que convivan tanto las plataformas digitales como los cines de toda la vida.
A esta reflexión llama también José Manuel Sande, exconcejal de Cultura del Ayuntamiento de A Coruña, programador cultural y escritor cinematográfico. "Para os que cremos nas salas de cine, na pantalla como lugar de encontro, de creación de comunidades, é unha nova desafortunada, pero tamén require matices, porque nos últimos anos sucederon moitas cousas, o aumento da oferta de ocio, a mutación da sociedade, o cambio na composición social do público, o consumo que xa se foi transformando dende os 80 e non só en canto as pantallas...", señala, para apuntar a un problema que considera fundamental: "Hai programacións moi similares".
"Hai máis salas ca nunca, pero agás nas grandes cidades, non hai modelos de programación distintos. As películas repítense en todos os multicines", señala. Con todo, frente a esto, considera que cierres como el de los Yelmo y la crisis general abren también la posibilidad de encarar nuevos formatos.
"A maneira de contraatacar é buscar modelos alternativos, programacións diferentes, máis imaxinativas, acompañadas tamén de experiencias educativas", explica. Y es que, para Sande, se debe aprovechar que en realidad se ve más cine que nunca, sobre todo a través de las plataformas. Ejemplos de buen hacer son para el programador cultural experiencias como Dúplex en Ferrol o Númax en Santiago, además de reductos públicos como la Filmoteca de Galicia y el Fórum Metropolitano en A Coruña.
"Hai que potenciar cousas como que á xente lle interesa máis que nunca os idiomas e está máis disposta a ver versión orixinais, recuperación de clásicos, ciclos máis definidos. Numax transformou a programación de Santiago. O que antes botaba nun mes Cineuropa, que non chegaba en todo o ano, agora xa esta sala o ten de forma regular", explica.
Frente a esto están los modelos de las grandes salas, como las de Marineda City o las del centro comercial Vialia, de la estación intermodal de Vigo, donde lo que atrae no son los cines en sí mismos, sino el aspecto comercial que los rodea, que los hace "quedar en segundo plano".
Sande apostaría por salirse de la "era do algoritmo, das necesidades creadas" que proponen las plataformas, para ir hacia elementos diferenciales, algo que ya se plantea desde las instituciones públicas pero hacia donde la iniciativa privada todavía es tímida.
"Crucemos dedos para que algún proxecto se poida poñer en marcha neste sentido na Coruña", concluye.
Porque si en la actualidad A Coruña es uno de los grandes centros del audiovisual gallego y estatal, con productoras de éxito que cada año plantean numerosos proyectos, también es cierto que no es una situación nueva. Desde que el cine llegó a Galicia, A Coruña se situó a la vanguardia, primero de la mano de personas como José Sellier, luego con espacios ya míticos como el Cine París o el Avenida.
"En A Coruña siempre hubo muchísimas salas, en barrios, en el centro. Peor ese se fue transformando de forma progresiva, hasta quedar en los centros comerciales, de donde desaparecen cuando no hay público", explica José Luis Castro de Paz, historiador de cine y catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Santiago. Atrás quedan, asegura, aquellos años en los que en España se vendían 400 millones de entradas, "una barbaridad".

"A medida que se va asentando la televisión como espectáculo popular máximo, el cine se convierte en otra cosa. En los años 60 abrió el cine Riazor con 1.500 butacas, pero ya empezaba el declive progresivo que fue cerrando cada una de las salas", comenta, para rememorar que aquellos cines de su infancia, como "el Goya, el Coruña, el Avenida, todas aquellas preciosas salas" ya no existen.
Coincide con Sande en que se ven más imágenes en movimiento que nunca, pero el cine ya no es lo que era: "Ahora ya no vas a ver una película, vas a comprar cosas y en medio te metes a ver lo que hay". Como profesor y amante del cine, la situación le causa "dolor", aunque también es consciente de que es algo "esperado".
"El mercado se mueve en función de la evolución de la exhibición, de los gustos del público, de los modos de consumo, de las formas de ocio. Y hoy en día se cumplió lo que nunca pensamos. Siempre decían los historiadores del cine que había dos posibles maneras de que se desarrollara la finales del siglo XIX y principios del XX, que era con una maquinita individual y una moneda, como pretendía Edison en los Estados Unidos, es decir, una visión individual del espectáculo, y la manera europea, la manera de los hermanos Lumière de poner una sábana y que todos compartiéramos socialmente esas historias que empezaban la nacer. Ahora mismo estamos en la evolución absoluta de este concepto, priorizando el consumo privado, que nos da muestra también de una transformación profundísima desde el punto de vista antropológico y sociológico. Y es lo que hay. No merece la pena lamentarse", concluye.
¿Y qué alternativa queda? Para Castro de Paz, las personas a las que les gusta el cine "tendrán que buscarse la vida". "Yo hoy iré a ver Nouvelle Vague en versión original, porque todavía tenemos ahí ese pueblo de Astérix, ese reducto que es la Filmoteca de Galicia, un reducto extraordinario de conservación y difusión del mejor cine gallego, español y mundial", explica, para ensalzar también, como Sande, la experiencia de Numax en Santiago.






























