El metrosidero del Obelisco muestra síntomas de que empieza a secarse
El Ayuntamiento asegura que entra dentro de lo esperado que el árbol amarilleara al principio hasta que arraigue

El metrosidero que hay junto al Obelisco, en el Cantón Grande, empieza a dar señales de que no está llevando demasiado bien su traslado unos metros más allá del que era su emplazamiento original. Los transeúntes que circulan a diario por esta céntrica zona de A Coruña se han dado cuenta de que las hojas de las ramas más bajas del árbol tienen un color diferente a las de la copa, un tono amarillento que ha empezado a hacer sonar todas las alarmas sobre cuál es su estado de salud.
El ingeniero de montes Carlos Franco explica que la transmisión de savia entre las raíces y la copa se produce de forma lineal y no circular. Es decir, que las raíces de una zona alimentan directamente a las hojas que están justo encima. De tal manera que, si las hojas secas se encuentran solamente en una zona, podría deberse a que las raíces de esa área podrían estar dañadas, probablemente a raíz del traslado. También podría darse la circunstancia de que no hayan arraigado y hayan muerto, con lo que no dan sustento a las ramas.
“El problema –explica el experto– sería si esas hojas secas o amarillas están por varias zonas”, porque eso sería una señal de no le está llegando la savia desde las raíces hasta la copa. Echando un vistazo rápido al ejemplar, parece que las hojas secas se encuentran por varios lugares. El color tampoco lleva a ser demasiado optimistas. Está apagado y sin brillo, dos señales claras de que el árbol está sufriendo.
Fuentes municipales aseguran que los expertos con los que trabajan habían advertido ya antes del traslado de que en un primer momento las hojas empezarían a amarillear, con lo que es parte del proceso y entra dentro de lo esperado. "Hay que esperar a que arraigue y, lógicamente, a que llegue la primavera porque los árboles no pasan por su momento más vistoso en invierno", añaden.
Diagnóstico
Lo mismo opinan los expertos externos al Ayuntamiento, que habría que esperar algunos días para emitir un diagnóstico definitivo sobre cuál es el auténtico estado del metrosidero. Una vez que pasen los temporales previstos, con todo el viento que traen consigo, será más fácil ver cuántas hojas se han caído y cuántas permanecen en la copa.
La esperanza, añaden los profesionales, sería que, dentro de poco, el árbol empiece a mostrar algunos brotes verdes, cuando las raíces se hayan asentado. Si esto sucede, podría haber una oportunidad para que pohutukawa siguiera en los Cantones.
Los asesores del Ayuntamiento, de hecho, creen que en esta nueva ubicación el árbol podría estar incluso mejor. "Antes tenía 60 centímetros de tierra y ahora tiene 180", por lo que confían en que crezca a un ritmo mayor de lo que lo hacía hasta ahora. En este sentido, los técnicos aseguran que era anómalo que en 25 años de vida el metrosidero hubiera crecido tan poco y achacan la causa a la cercanía de muro de hormigón del parking y a la escasez de tierra en las raíces.
Mudanza
El árbol fue trasplantado el pasado 26 de noviembre desde su ubicación anterior a la actual en una complicada operación para tratar de que el ejemplar no muriese en el traslado.
Una grúa extensible se encargó de alzar el especimen para trasladarlo unos metros más cerca del Obelisco. A los operarios encargados de los trabajos les llevó varias horas ejecutar la operación, muy delicada, para asegurarse de que no hacían daño a pohutukawa, como le llaman los habitantes de Nueva Zelanda a esta especie tan abundante en la ciudad.
El motivo del cambio son las obras que se están desarrollando en los Cantones. Concretamente, la reconfiguración de los accesos del aparcamiento subterráneo, con mejoras de accesibilidad, como la instalación de un nuevo ascensor conectado con la superficie, que no existe ahora, y que es “imprescindible”, tal y como señalan fuentes municipales, para permitir el acceso a personas con movilidad reducida o carritos de bebé.




























