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A Coruña

Las farmacias en A Coruña donde también se arreglan móviles y se aprende a usar WhatsApp

La labor del farmacéutico va mucho más allá de dispensar medicamentos y, en ocasiones, se convierten en amigos de sus clientes, a los que ayudan en todo tipo de tareas

Blanca González, en la farmacia que lleva su nombre en la calle Orillamar
Blanca González, en la farmacia que lleva su nombre en la calle Orillamar
Carlota Blanco
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Para ser farmacéutico hace falta tener conocimientos en química, biología, anatomía o fisiología, además de gestión y legislación sanitaria o incluso nutrición y cosmética. Pero se necesita una faceta más que no aparece en el listado de asignaturas de la carrera ni suma créditos a final de curso: humanidad. La cercanía de estos profesionales sanitarios con sus pacientes es su sello distintivo y, en ocasiones, llegan a crear vínculos que acaban en grandes amistades.

Así lo aseguran Blanca González y Carlos Varela, dos farmacéuticos “de barrio” –en Orillamar y Os Mallos, respectivamente– que hablan con orgullo de la conexión con sus pacientes, a los que ven crecer, casarse y tener hijos y nietos. Incluso hay quien se ve obligado a mudarse pero no abandona la que llama “su farmacia”, aseguran.

Parte de la razón la tiene que la farmacia se convierte en un lugar que va mucho más allá de dispensar fármacos. De atender infartos a ayudar en robos o, simplemente, escuchar a sus clientes, los profesionales se transforman con el objetivo de ayudar. “Mis padres y mi hermano son farmacéuticos y yo he crecido viendo esa parte más humana. Los pacientes acudían a ellos como el profesional con el que tienen una confianza máxima y veía la tranquilidad que le daban aunque fuera sólo por escuchar sus problemas”, cuenta Blanca González.

Esta farmacéutica, con doce años de trayectoria, reconoce que no pone esa barrera emocional entre ella y sus clientes. “Voy a corazón abierto”, asegura y confiesa que lo pasa mal cuando fallecen sus pacientes. “Hay gente que viene todos o casi todos los días por aquí”, explica.

Acompañar en la soledad

La farmacia a veces se convierte así en un lugar al que ir incluso a pasar un rato y hablar con alguien, sobre todo para aquellas personas mayores que están solas o no tienen familia cerca.

Y no solo eso, los farmacéuticos llegan a transformarse en informáticos si hace falta. “Muy habitualmente las personas mayores vienen a pedirme ayuda con su móvil porque no les suena, no les entran las llamadas o no saben cómo mandarle un WhatsApp a alguien”, cuenta Blanca González.

Atracos y robos

Las tres décadas de experiencia de Carlos Varela también le dejan infinidad de anécdotas, la mayoría positivas dentro del mal trago, como cuando atendió a una persona a la que le estaba dando un ataque al corazón en la farmacia y se salvó. En estas intervenciones cada minuto vale oro y es clave saber actuar.

Aunque también se ha tenido que enfrentar a momentos con peor final. “Yo tengo un banco enfrente y he visto muchos tirones de bolso a señoras que iban a cobrar la pensión. Hubo épocas muy duras y ves cómo a una persona le quitan todo el dinero que tiene para pasar el mes. Al final, si puedes ayudarla, lo haces, aunque solo sea para comprar pan”, cuenta Varela.

Una ayuda que viene de vuelta

Esta forma de entender la relación entre el farmacéutico y el cliente no es un camino solo de ida y muchas veces los propios profesionales se han visto beneficiados de esa ayuda.

Así le ocurrió a Carlos Varela en plena pandemia, cuando sufrió un atraco el Jueves Santo de 2020. “Era un día que había muy poquitas farmacias abiertas y, sobre las nueve y cuarto de la noche, la farmacia se vació y entró un chico de unos 30 años”, recuerda perfectamente.

“En ese momento estás tan a tope que ni me di cuenta de que pasó del mostrador para dentro. Entonces sacó un cuchillo de grandes dimensiones y me dijo que le diese todo lo que tenía”, cuenta. Aunque casi lo hiere, la llegada de un vecino lo salvó. “El chico se asustó y se fue corriendo y uno de nuestros clientes lo persiguió”, recuerda.

Aunque al ladrón lo cogieron días después, para Varela el aprendizaje que se lleva es la importancia de la confianza en sus clientes. Y viceversa. “Llegas a tener hasta un cierto grado casi de amistad con ellos”, zanja. 

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