El hombre que revolucionó los cumpleaños y las despedidas de soltero en A Coruña se jubila
Confitería Waldo pone fin a un ciclo de 31 años en los que ha preparado algunas de las tartas más originales

Quien haya soplado las velas hasta alcanzar la mediana edad seguramente ponga en valor y en contexto el papel que durante muchos de esos cumpleaños, o de los de sus amigos, ha jugado la confitería Waldo. Desde los sándwiches de miga a las tartas con la cara del cumpleañero, pasando por campos de fútbol o motivos eróticos para despedidas de soltero. Varias generaciones diseñaron en su cabeza lo invisible y Waldo Ferrio lo llevó a la práctica de la forma más sabrosa posible. Este viernes, recién cumplidos los 66 años, pone fin a un ciclo que se puede definir, sobre todo, como muy dulce. “Aunque soy como Benjamin Button, me tocaba jubilarme”, bromea.
Situado en el número 34 de la calle Manuel Murguía, el éxito de Waldo ha ido durante mucho tiempo de la mano de los tiempos de gloria del Dépor. Abrió sus puertas el 8 de febrero de 1995, solamente cuatro meses antes de la primera Copa del Rey. Desde entonces, jugadores, aficionados y medios de comunicación han tenido allí un punto recurrente para sus celebraciones. “La primera tarta que hice fue para Songo’o, y a partir de ahí cada cumpleaños de un jugador me pedían algo. Ellos, y los medios de comunicación que querían una foto especial”, recuerda.
Y es que Waldo fue en muchos sentidos un precursor. Nadie en la ciudad llevaba a una tarta ideas tan impensables a finales del siglo XX. Por mucho que ahora las tartas parezcan sacadas de una película de ciencia ficción. “Hasta hice algo para Ángel Cristo y Bárbara Rey”, comenta en relación a la parada de los circos en Manuel Murguía, antes de la construcción de la Casa del Agua.
Waldo Ferrio, como así se llama este hijo de migrantes retornados de Argentina, lleva en su DNI el nombre de dos de las confiterías con más solera de la ciudad. El apellido familiar transporta directamente al 246 de la ronda de Outeiro. Allí, en Ferrio, empezó todo en 1982. Y también la historia de unos sándwiches con mucha miga y que a día de hoy son objeto de numerosos encargos cada semana. Sin embargo, a pesar de que Waldo también los ofreció siempre en su local de Manuel Murguía, tiene claro que su especialidad era otra. “El producto que creo que ha tenido más éxito son los alfajores de dulce de leche”, confiesa. A la pregunta de si son los mejores de A Coruña, zanja las dudas con retranca gallega e ironía argentina. “Nunca diría que yo hago lo mejor de nada, pero lo dice mi clientela”, asegura, azuzado por su mujer, Mari Carmen, compañera inseparable en el negocio durante estas tres décadas.
Pasado y futuro
Respecto a lo más bizarro que ha salido del mundo de las tartas eróticas, lo divertido tiene que ver más con el proceso y las consecuencias que con el miembro en sí. “Como eran otros tiempos, yo hacía un catálogo con fotos para enseñarle a los próximos clientes, y resulta que muchos luego me pedían que los borrase, que no querían verse allí”, asevera.
Waldo firmará el traspaso esta semana. El relevo lo tomará un pastelero madrileño que, aunque seguirá apostando por el dulce, cambiará el concepto de los últimos 31 años. La degustación, un concepto que el propietario saliente ya intentó implementar hace una década, será el plato fuerte en el nuevo ciclo del número 34 de Manuel Murguía. Allá donde lo 'imposible' se hacía realidad.














