El barrio de A Coruña en el que salir se ha convertido en una necesidad: “Es como vivir en una isla”
El mercado municipal, renovado en 2022, es el único edificio de la zona con posibilidad de acoger algún tipo de comercio

Si alguno se ha preguntado alguna vez cómo es vivir en una isla dentro de una ciudad, los vecinos de Adormideras tienen la respuesta. Y es que, desde su creación, en los años 80, el barrio no ha experimentado un gran crecimiento. Por lo menos, en lo que a servicios y oferta respecta. Un renovado mercado, que cuenta con seis puestos y una cantina, no resuelve las demandas de los vecinos de una zona sin supermercado, cajero y, desde hace dos años, tampoco farmacia.
En su caso –y a diferencia de una isla–, sí pueden salir por tierra del barrio. Pueden hacerlo por la calle Regata Cutty Sark, única vía de entrada y salida a un vecindario coruñés en el que salir, aunque sea para ir a comprar algunos productos indispensables como papel higiénico o enseres de higiene personal, se ha convertido en toda una necesidad.
Así lo explica Antonio Fernández, quien disfruta de su jubilación en un mercado municipal en el que, además de vender productos alimentarios, también sirve como único punto social de un barrio que no llega a los 3.000 habitantes. “Vivir aquí es como hacerlo en una isla. Ahora, porque el mercado está renovado, que hasta hace unos años ni eso. No tenemos supermercado ni ningún otro servicio comercial. Para comprar algo que no sea carne, pescado o fruta, hay que subir a Monte Alto. En ningún otro barrio de la ciudad pasa algo así”, expresa. Para Fernández, el entorno privilegiado entre naturaleza y mar a orillas de la playa de San Amaro no lo es todo. Para los vecinos, los parajes de ensueño no solucionan la falta de abastecimiento y, sobre todo, de bajos comerciales.
Los inicios
El barrio de Adormideras se creó en los años 80 con el objetivo de evitar la fuga de los coruñeses en plena expansión de los municipios del área metropolitana. La mayoría de los que aterrizaron a orillas de San Amaro eran matrimonios y familias de unos 30 años, hoy la mayoría jubilados. Cuarenta años después, la zona no ha avanzado demasiado, más allá de la construcción de un hotel de cuatro estrellas y de la renovación del que hoy es su local estrella: el mercado municipal, que el Ayuntamiento renovó en 2022 con una inversión de casi dos millones de euros.

El edificio es el único del barrio que tiene posibilidad de acoger cualquier tipo de comercio. En la actualidad, cuenta con seis puestos más la cantina, que además cambió de propiedad el pasado 20 de noviembre. Al mercado acuden personas de todo tipo, desde la clientela propiamente del barrio hasta usuarios del Club del Mar o, en verano, gente que va a la playa y aprovecha para hacer sus compras en los diferentes puestos.
“No somos la plaza de Lugo, pero se va llevando”, comenta una de las carniceras del mercado. Sin embargo, la joya de la corona es la cantina. Frecuentado tanto por vecinos como por comerciantes, se ha convertido en el local social de un barrio al que ya solo le queda eso.















