¿Quiénes son los que más la montan en la noche de A Coruña?
Las cenas de Navidad se convierten en el terror del ocio nocturno para hosteleros, porteros y clientes

Entre el “los coruñeses no saben beber” que expresó recientemente una visitante a la ciudad y el “quien no sepa orinar que no beba”, máxima de la cultura popular, se puede explicar buena parte del problema que desde hace años trae de cabeza a los empresarios del ocio nocturno. Cierto es que el mes de diciembre resulta especialmente suculento en términos de facturación, pero en esa ecuación y en las cuentas no estaría de más incluir un apartado que midiese en euros las dosis de paciencia que cuesta aguantar ciertas situaciones. Y es que las cenas de Navidad son el origen de buena parte de los engorros, conflictos y motivos de expulsión de los locales. Básicamente, clientes que no están acostumbrados a salir o a consumir alcohol durante el año, y que después de un homenaje resultan cargantes no solamente para sus compañeros o colegas, sino también para el resto de los clientes.
No se trata de cuantificarlo en denuncias, golpes, peleas o reyertas respecto a otras épocas del año. Es más una cuestión de actitud que crispa el ambiente y que da mucha pereza a los más habituales. “Son las épocas más complejas del año y las cenas de Navidad y la falta de costumbre de alguna gente es, sin duda, uno de los motivos”, afirma Emilio Ron, director de operaciones de The Clab. En la misma línea de manifiesta un conocido coctelero de la zona centro, que prefiere no dar su nombre para que ningún cliente se dé por aludido. “La gente quedó 'tocada' desde la pandemia y, si ya antes había líos familiares, ahora es para alucinar”, lamenta.
Porteros
Es a los porteros, o controladores de accesos, a los que les toca lidiar con unas situaciones que muchas veces requieren mano izquierda, tacto y calma. “La fama se la llevan los jóvenes, pero la gente de mediana edad y de cierto nivel adquisitivo, cuando no está acostumbrada a salir, es lo peor que te puedes echar encima”, confiesa uno de esos profesionales, con 30 años de noche a sus espaldas. “Y lo peor de todo es que te miran por encima del hombro y te tienes que callar”, añade.
Una situación similar se dio durante la tarde Nochebuena, el pasado miércoles. En referencia a la pérdida de educación y valores, uno de los empresarios más conocidos de la zona de la plaza de Vigo dijo: “Antes podía dar vasos de cristal y me los devolvían todos. Ahora tengo que ofrecer plástico y recogerlo debajo de los coches”.
















