Lola López-Menéndez | “Tengo ese vicio de los coruñeses del centro, que ir a las afueras es como ir al extranjero”
Entre la Rúa Nueva, el estanque de Méndez Núñez y la Franja transcurre la vida de esta coruñesa, enamorada de rebuscar historias en los archivos para luego plasmarlas en sus libros

Lola López-Menéndez (A Coruña, 1974) se define a sí misma como “hija de la Transición”. “Teníamos que ir con guardaespaldas al colegio –recuerda–; mataron a Claudio San Martín y los hijos de los guardias civiles iban en un autobús todos juntos. Fue una época dura”. A pesar de que su padre, Joaquín López-Menéndez, fue alcalde de la ciudad, asegura que le tira “cero” la política. “Liaño Flores se nos acercó en la capilla ardiente de mi padre y nos dijo que era una vergüenza que ninguno siguiera los pasos de mi padre, pero la verdad es que a ninguno nos dio por ahí”, comenta. Coruñesa de pro, está en la directiva del Náutico y es congregante de la Virgen de los Dolores. Dejó a un lado su trabajo como periodista para reconvertirse en escritora, que siempre fue su pasión, y lleva ya dos libros inspirados en hechos históricos acaecidos en Galicia. El primero contaba la epidemia de cólera de 1854 en A Coruña; el segundo, el naufragio del ‘Serpent’ en 1890 en la Costa da Morte. Del tercero solo adelanta que tiene lugar en la zona de Vigo.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene relacionado con la ciudad?
Estar en la Rúa Nueva, en la sastrería de mi abuelo. Recuerdo la trastienda, con todas las costureras y había un brasero con un cacharrito lleno con agua y hojitas de eucalipto.
¿A dónde fue al colegio?
A la Compañía de María.
¿Qué recuerdos tiene de esa época? ¿Qué tal estudiante era?
Era muy buena, no mataba una mosca. Era la típica que no molestaba. Sacaba buenas notas pero me molestaba cuando un profesor ponía de ejemplo un examen mío. La EGB, genial. De hecho, tenemos un chat todos los compañeros a día de hoy. El bachillerato ya era otra cosa.
Ya era de esa generación en la que niños y niñas iban juntos...
Sí, había niños un año mayores.
¿Qué quería ser de mayor?
Escritora.
“Soy hija de la Transición; recuerdo que teníamos que ir con guardaespaldas al colegio; mataron a Claudio San Martín y pusieron una bomba en el colegio de mis hermanos”
¿Tan claro lo tenía?
Sí, lo que pasa es que luego tuve un par de traumas con este tema y por eso he llegado tan tarde. De pequeñita, cogía una máquina de escribir Fisher Price de mi primo. Y luego, una máquina de mi madre, alemana. Escribía en folios, los doblaba por la mitad, los cosía con hilo dorado y se los regalaba a mis padres.
¿De dónde nace esa vocación?
De leer mucho. Mi tía era profesora de literatura y siempre me caían libros en Reyes: los compactos de Anagrama. Recuerdo el primer libro que me gustó, de una niña que se enfadaba porque no le hacían caso y decidía estar ocho días sin hablar. Me sentí muy identificada. Ahí empecé a leer, a leer, a leer... Mi favorito era ‘El príncipe feliz’, de Óscar Wilde. Una vez nos quedamos a dormir en casa de mis abuelos, me fui a la biblioteca y cogí ‘El príncipe’, pensando que era ese, y era el de Maquiavelo (risas).
Quería ser escritora y, al final, cogió un camino intermedio, que fue ser periodista...
Estudié en el CEU. Cuando acabé la carrera, me quedé haciendo el doctorado en Madrid y mis padres me dijeron que si quería seguir allí me tenía que buscar la vida. Llamé así, peregrinamente, a la embajada de Cuba y me mandaron a la porra. Luego llamé a la de México y me cogieron, con 23 años. De ahí pasé a hacer prácticas en la CEOE, luego en una agencia... Ya en Coruña, llevé temas de 'product placement' para una productora y, al final, me independicé. Lo hacía por mi cuenta pero seguía igual y mi padre, que siempre me animaba a escribir desde niña, me decía: “¿Y lo tuyo, para cuándo?”. Y se murió mi padre. Y pensé: “Llego tarde”. Pero también pienso que antes igual no lo habría sabido hacer.
¿En qué momento decide que lo que quiere ser es escritora?
En el bachillerato había un concurso de novela y yo había preparado un relato, que dejé en el cajón de mi pupitre. Había unos chavales que me hacían lo que ahora llaman bullying y llenaron la pizarra con mis frases y yo me quería morir. Me quedé traumatizada. Pero, cuando estaba acabando la carrera, iba todos los días a la Biblioteca Nacional y dije: “Dios mío, esto es lo que me gusta”. A mí me pones unas fotos antiguas y me encanta.
“Me gusta muchísimo Galdós y pensé que Galicia no tiene unos Episodios Nacionales. Y dije: ‘Pues voy a hacer lo mismo’, pero con el toque gallego, que es la magia”
Rebuscar en la historia...
Sí, sí. Las actas del Congreso de los Diputados, por ejemplo, me vuelven loca. Todo esto me viene de mi padre, que coleccionaba antigüedades. De repente, te aparecía con un álbum de fotos de un piloto de la Segunda Guerra Mundial. Le gustaba mucho, los domingos por la mañana, ir a San Agustín, a los anticuarios. Había uno que se llamaba Murias y un día le compramos una caja sorpresa. Había vinilos, postales, fotografías y dos estampitas de la Virgen de los Dolores.
Toda una señal. Lleva ya dos libros de ‘Ardentía’. ¿Cuántos quiere hacer?
Muchos. Me gusta muchísimo Galdós y pensé que Galicia no tiene unos Episodios Nacionales. Él era periodista como yo, tampoco estaba en los lugares, sino que se inspiraba en la prensa de la época para escribir y dije: “Pues voy a hacer lo mismo, pero con el toque gallego que es la magia”. Lo que me permite el hecho de que sean viajes en el tiempo es darle el punto de vista de una persona actual. No es lo mismo que te cuente una historia de una persona del siglo XIX que una niña de 1992.
Hemos hecho la foto en Méndez Núñez pero creí que elegiría la iglesia de San Nicolás, que es donde empiezan sus libros...
Un poco por variar. Y mis paseos de pequeña siempre eran al estanque. Yo viví primero en la Rúa Nueva, encima de la sastrería de mi abuelo. Luego nos mudamos a San Andrés y el estanque era como el punto intermedio entre las casas de una familia y otra. Mi abuelo materno tenía el despacho aquí, en los Cantones, entonces los paseos siempre eran al estanque de los peces y tengo un montón de fotos de mi padre de pequeñito ahí.
¿De qué presume como coruñesa?
De nuestra historia. Está muy bien tener orgullo de cultura, de lengua... pero sobre todo hay que estar orgulloso de las personas que te han precedido y Coruña es una ciudad de valientes; que la gente se fije por qué tenemos ese lema en la fachada del Ayuntamiento.
En sus libros hay viajes en el tiempo pero, si pudiera hacerlo, ¿a qué época de la ciudad le gustaría viajar?
Yo es que soy muy caguetas para el tema de las enfermedades... No me apetecería pillar el cólera o la escarlatina. Pero a mí el siglo XIX siempre me ha tirado muchísimo. Y toda esa época hasta los años veinte.
Preguntas cascarilleiras
Si tuviera que elegir, ¿churros de Bonilla o churros del Timón?
Bonilla. Además, de la calle de la Galera. De toda la vida. Allí hacíamos todo: los cumpleaños... Y recuerdo las mañanas de Reyes ir corriendo a por el chocolate.
¿Jardines de Méndez Núñez o monte de San Pedro?
Méndez Núñez. Mis paseos de niña siempre eran al estanque.
Para tomar algo con los amigos, ¿calle de la Estrella o calle de la Barrera?
Uy, ahí... las dos. La Estrella era ir más con mis padres, a tomar un pincho, cuando era muy pequeñita. A tomar una Mirinda. La Barrera ya fue más de mi adolescencia o juventud y ahora estoy volviendo a la Estrella.
¿Suele beber agua de Emalcsa o agua embotellada?
Agua del grifo. El agua de Coruña es maravillosa.
Para el verano, ¿cuál elige, la playa de Riazor o la playa del Orzán?
Mmmm... es que yo soy de Mera. La Berbiriana, que reivindico que le quiten el nombre de Matadero y le vuelvan a llamar Berbiriana, que es un nombre mucho más bonito.
A la hora de moverse, ¿suele ir por la ciudad a pie o va motorizada?
A pie. Cojo el coche lo mínimo posible pero tengo el vicio de los coruñeses del centro, que ir a las afueras es como ir al extranjero (risas).
¿Es de los helados tradicionales como los de la Colón o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
La Colón. Además, es de aquellos que fueron empleados de La Ibense, que para mí era lo más de lo más. Cuando teníamos alguna comida familiar, iba con mi abuelo en el coche y hacíamos la ronda: parada en la Ibense, chocolate y vainilla; luego a Hildita a por las pastitas para el café y a Berna a por una tarta de milhoja.
¿Es más de verbenas o de conciertos?
La verdad es que me gusta todo. De pequeñita, con cinco años, me llevaban a la ópera y me encantaba. Me gusta Puccini pero también me gusta la bachata. Eso sí, las verbenas me gustan más de día: la sesión vermú, los niños, el tardeo...
A la hora de elegir una fiesta, ¿prefiere Carnaval o San Juan?
San Juan sin duda. Por la magia. Y porque conocí a mi marido en la noche de San Juan, saltando las hogueras.
Pero eso es una historia estupenda...
Sí, además fue el año que regresé a Coruña. Volví un 5 de junio y lo conocí en la noche del 23. La magia de San Juan.
¿Dice más chorbo o dice más neno?
Ni uno ni otro (risas).























