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A Coruña

Venancio Salcines | “En mis tiempos de estudiante, cerré Lavedra dos veces para protestar por el bonobús”

Desciende de una familia de exiliados de Cantabria que encontraron trabajo como obreros en el sector de la carpintería en Monte Alto y que, finalmente, acabarían montando su propio negocio

Venancio Salcines, en la zona de  O Parrote
Venancio Salcines, en la zona de O Parrote
Javier Alborés
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Venancio Salcines (A Coruña, 1965) aprendió de niño que “no gana el más fuerte, sino el que más resiste el dolor”. La lección fue después de que otro niño le rompiera la nariz al defender a un compañero. “El dolor duró cuatro días pero el acoso terminó”, recuerda orgulloso de haber podido hacer algo por los demás, lo que achaca a ser creyente. En la ciudad, no tiene un rincón especial, sino un recorrido, que va desde La Marina hasta la Torre, con Monte Alto como el barrio al que más ligado está.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña? 

Caminando por la calle Arenal, en un Monte Alto medio vacío, con pocos coches, poco tráfico y yo cruzando la calle y, detrás mis padres, dándome un grito para que volviese para la acera.

¿Ese era su barrio? 

Nací en Monte Alto –soy de los que todavía nacían en casa–, porque la mía es una familia de exiliados de Cantabria, que vinieron a trabajar como obreros, en la carpintería, en Monte Alto, y después pasan a ser empresarios. Fue el barrio que nos acogió, en plena posguerra. Pasado el tiempo, nos fuimos a Almeiras. Después, me fui a Cambre. Toda mi vida es un trasiego entre Coruña, Culleredo y Cambre pero culturalmente soy coruñés porque mi familia estaba muy arraigada en Monte Alto.

¿A qué colegio fue? 

Al Liceo La Paz.

¿Y qué tipo de alumno era? 

Era muy inquieto; fui creciendo a medida que fui envejeciendo. En esto, la edad siempre me ha favorecido.

¿Qué quería ser de pequeño? 

Puede parecer una perogrullada, pero a mí siempre me interesó lo mismo, la economía. Cuando era adolescente pensaba en ello pero por la pobreza.

¿En qué sentido? 

Me importa la pobreza, me importa vivir en una sociedad que no sea justa, que haya un nivel excesivo de desigualdad, que haya gente que lo pase mal... Yo entendía que la economía era un instrumento para luchar contra la pobreza. Era hijo de empresarios y, en mi casa, el lenguaje natural era el lenguaje de los empresarios.

Toda mi vida es un trasiego entre Coruña, Culleredo y Cambre pero culturalmente soy coruñés porque mi familia estaba muy arraigada en Monte Alto”

¿Dónde estudió la carrera? 

Entre Santiago y Coruña. La carrera fue muy intensa, porque fui líder estudiantil y buena parte de mi generación debe de recordarme en esa etapa porque cerré Lavedra dos veces.

¿Cómo es eso de que cerró Lavedra dos veces? 

En el año 86, creo que fue, para protestar por algo que no había, que era el bonobús. Le exigimos a Paco Vázquez que nos recibiera y lo conseguimos. Y nos decía: “No soy el alcalde de Oslo, no puedo daros el bonobús”. Pero fue dialogante, nos dio buen trato y el bonobús acabó llegando.

Pero ya no le pilló estudiando... 

No, ya me pilló de profesor. De hecho, entré muy joven, con 25 años, y fui el profesor más joven de la universidad.

¿De qué asignatura? 

De Teoría Económica, que es lo que me lleva acompañando toda la vida.

¿Nunca le tiró dedicarse al negocio familiar? 

Lo que no me tiraba era estar con mi padre. Como tantos padres de aquella era un hombre con un carácter muy fuerte, empresarios hechos a sí mismos. Para mí, la universidad era un escape para no tener que estar en la empresa familiar. Después, ya con el tiempo, la compré. Iba a cerrar, mis hermanas tenían que jubilarse, era ley de vida, pero mi madre iba todos los días. Se sentaba y veía cómo entraban los clientes y yo no quería que mi madre se quedase sin eso. De esa manera, al comprarla, mi madre siguió allí mientras tuvo cabeza.

Y, tanto le gustaba la parte docente que, al final, llevó su negocio por ese lado... 

Monté una escuela de negocios, que está catalogada como una de las mejores de España por Forbes, tenemos dos centros de formación profesional y un centro universitario pequeño, que es Cesuga. ¿Por qué hago todo esto? Porque el modelo educativo de la Universidad de La Coruña no me permite hacer la educación que yo creo que hay que hacer, así que tengo dos opciones: o rendirme o pelear.

Y no parece ser precisamente de los que se rinden... 

Si no me rendí a los veinte... no me voy a rendir ahora.

Inditex ha hecho que, si eres joven, seas como seas, esta ciudad te dé un hueco. Y eso solo lo consiguen grandes urbes como Madrid o Barcelona”

En esas idas y venidas desde el área metropolitana a la ciudad, ¿cómo la ve? 

La ciudad ha tenido etapas gloriosas que a veces hemos olvidado. Ahora estamos en otra etapa gloriosa. De modo fundamental, por el cambio sociológico que provoca Inditex, que ha hecho que, si eres joven, seas como seas, esta ciudad te da un hueco. Y eso solo lo consiguen grandes urbes como Madrid o Barcelona. Una ciudad donde el talento se encuentra cómodo es una ciudad maravillosa.

Aparte de esto, ¿de qué presume como coruñés? 

De su historia. Al lado de la farmacia militar, hay una escuela que lleva abierta más de un siglo, que era un cuartel de Guardia Civil.Y ese cuartel lo tiraron unos coruñes del siglo XIX para abrir una escuela popular. Esa es mi ciudad: una ciudad hecha por personas, que crea un consulado donde cien personas tienen una ficha aunque para ser miembro de ese consulado había que tener dos cargas a América Latina. Y creo que es lo que debemos recuperar. El franquismo fue una época donde las figuras unipersonales eran muy potentes, pero esta es una ciudad llena de personas sensibilizadas con su espacio, con su territorio, creada por ejércitos de sociedad civil. Así llevamos existiendo prácticamente desde que Carlos III nos dio comercio con las Américas.

Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué momento de A Coruña iría?

Yo creo que la ciudad está en su mejor momento pero, mirando hacia mí, creo que todos buscaremos nuestra juventud. Mi juventud, de un joven estudiante de izquierdas, que quería cambiar el mundo, pues era muy divertida, con los grandes debates, tomándome un tumbadiós aquí al lado, en María Pita... esas cosas son fantásticas.

Joven de izquierdas pero un poco más conservador ahora... 

Más liberal. No creo que el Estado tenga que solucionar todos los problemas, la sociedad civil puede hacer grandes cosas. Me defino como un social liberal; de mi pasado de izquierdas mantengo mi visión social de la vida pero creo muchísimo en el valor del mercado y en el valor de la competencia, algo que no creía hace 40 años.

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