
Seguramente, el mundo no giraría sin ellos. Esas personas que entregan su tiempo, trabajo y cariño a los demás sin esperar nada a cambio están hoy, 5 de diciembre, de celebración con motivo del Día Internacional de los Voluntarios, una efeméride que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemoró por primera vez hace exactamente 40 años.
“Para ser voluntario no hace falta nada, simplemente querer ayudar. Todo lo demás te lo van a facilitar en las asociaciones”, asegura Rocío García de la Barga, coordinadora territorial de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en la provincia de A Coruña, que añade rotunda: “Los voluntarios son el alma y el corazón de esta entidad”.
La AECC, por ejemplo, cuenta con más de 800 colaboradores por toda la provincia, con un perfil eminentemente femenino, la tónica habitual en este sector, “ya que las mujeres siempre han sido las encargadas de los cuidados”. La tendencia, añade De la Barga, “empieza a cambiar”. “Sin ir más lejos, el presidente de la AECC en A Coruña es voluntario y es un hombre”, indica.
Fina Pombo, oftalmóloga retirada y cooperante de Solidariedade Galega desde hace casi 30 años, cree que es necesario tener “una cierta edad” para acudir a misiones humanitarias, pero anima a todo el mundo a probar, al menos una vez en la vida: “A veces los jóvenes se sorprenden de las carencias que hay en los países a los que vamos. No hay luz, no hay agua... y yo les digo que si hubiera ya no nos necesitaban para nada. A muchos les abre los ojos conocer la precariedad que hay lejos de aquí”.
Satisfacción incomparable
Esta labor solidaria es extenuante, a veces, pero todos los voluntarios coinciden en que cada hora invertida se compensa con una sonrisa recibida o un abrazo inesperado. “Cuando entro en el centro los viernes llega Manuela, una usuaria, a darme un achuchón con una cara de felicidad tremenda; esa satisfacción es incomparable”, dice María López Figueroa, que acude a Afaco (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer) para acompañar a los dependientes en sus actividades de ocio y memoria.
El voluntariado engancha, dicen todos, y casi siempre es algo vocacional: “Siempre tuve ganas de ayudar, esto me hace muy feliz”, señala María José Castro, venezolana afincada en A Coruña que perdió a una amiga por el cáncer y hoy acude al Centro Oncológico de Galicia para prestar apoyo a pacientes.
“Cuando viajas a países desfavorecidos no miras el reloj y tratas de hacer lo máximo posible, pero siempre quedan cosas pendientes. ¿Cómo no vas a atender a una persona que ha venido toda la noche caminando con su hijo en brazos para que lo veas?”, dice Fina Pombo.
“Estas personas dan su tiempo, su empatía, su solidaridad, su sonrisa, su brazo, su calidez... y eso no lo sustituye ningún recurso que los profesionales de las asociaciones podamos tener”, asegura Rocío García de la Barga.
Una labor que no tiene edad
Protección Civil es otra de las entidades de A Coruña con alta participación –sobre 60 personas, con edades que van desde los 16 hasta más allá de los 70–. Para Ana Ares, que entró hace 24 años en la agrupación, lo más importante de su labor es “estar donde se necesite y prestar apoyo y consuelo en la medida que se pueda”. “A veces recibes malas contestaciones o se ignoran nuestras recomendaciones, pero se olvidan cuando otra persona te agradece tu trabajo”, apunta.
Rocío García, que empezó como voluntaria con 16 años, destaca que es un sector “con personas maravillosas”: “Solo veo altruismo, cariño y entrega sin esperar nada a cambio. Veo valores todos los días”. Feliz día a estos héroes sin capa.

Ana Ares: “A veces no se nos reconoce, pero lo que importa es prestar apoyo”
Ana Ares cumplirá en 2026 un cuarto de siglo como voluntaria en la agrupación coruñesa de Protección Civil y lo tiene claro: “Esto es cuestión de vocación”.
Empezó con 18 años en Protección Civil. ¿Por qué?
Era algo que siempre me llamó la atención y solamente quería probar, pero al final me enganchó. Creo que siempre tuve vocación.
No siempre se reconoce su trabajo.
Hay quien no respeta nuestras recomendaciones pero, en general, la gente es agradecida y reconoce nuestra labor. Muchos creen que estás cobrando y contestan mal, pero agradecemos muchísimo cuando nos valoran de corazón, es la mejor parte.
¿Y la peor?
En la parte mala siempre quedan sucesos como el ‘Prestige’, Angrois, los policías ahogados en Riazor... son cosas que marcan. Cualquier búsqueda de desaparecidos es angustiosa, nosotros siempre estamos a las duras y lo importante es estar con los familiares, darles apoyo y consuelo, estar cuando se nos necesita.
Además de los dispositivos especiales, ¿cuál es su labor en el día a día?
Protección Civil siempre se encarga de la logística y apoyo a los grupos de emergencia: Bomberos, Policía, 061, Cruz Roja... En el día a día nos encargamos de la prevención. Que no ocurra nada en un concierto, en un partido... y, si ocurre, ayudar a evacuar o lo que sea preciso.
¿Alguna vez pensó dejarlo?
Es cuestión de vocación, te tiene que gustar. Y a mí me encanta. Ahora mismo rondamos los 60 voluntarios en A Coruña, el mayor pasa de 70 años y el más joven entra ahora con 16.

María López: “Esta labor es una gran responsabilidad pero compensa cada minuto que das”
Esta técnico de informática de gestión y empleada de Naturgy dedica las tardes de los viernes a acompañar a los usuarios del centro de Afaco en Salvador de Madariaga.
¿Qué le llevó a escoger Afaco?
Mi marido, que trabaja allí, me contaba cada día anécdotas e historias y hace poco participé en la cuestación del Día del Alzhéimer. Me animaron a empezar de voluntaria y como mi hija ya tiene 19 años quise buscar una actividad con la que sentirme un poco más útil en la sociedad. Siempre tuve ganas de ayudar e involucrarme es una responsabilidad pero compensa cada minuto que das.
¿Qué tareas realiza con los usuarios?
Mi labor es acompañar a los usuarios en las actividades de ocio, desde bailar, hacer gimnasia, manualidades o sentarme con ellos a ver un programa en la televisión. Son un encanto, siempre sonríen, te abrazan... es súper reconfortante.
¿Había hecho alguna otra labor de voluntariado antes?
Nunca, quise formar parte del voluntariado de la Asociación Contra el Cáncer pero mi familia me lo prohibió, al menos por ahora, porque mi padre falleció de cáncer hace siete años e iba a remover cosas muy duras. Yo soy una persona que se lleva todo a casa y lo vieron contraproducente. Mi hija, por ejemplo, ha hecho siempre labores de este tipo, tiene más experiencia que yo (risas).
¿Qué enseña ser voluntario?
De todo, yo le diría a todo el mundo que se anime porque no es necesario tener experiencia y siempre vas a aprender cosas, además de cultivar la empatía. En mi caso, por ejemplo, el personal de Afaco me guía a la hora de las tareas diarias con personas dependientes, desde cogerlos hasta la manera de hablarles.

María José Castro: “Era una cuenta pendiente, mi amiga murió y no pude despedirme”
Realiza acompañamiento a pacientes con cáncer en el Centro Oncológico de Galicia (COG) y se muestra “completamente feliz”.
Creo que tiene una historia con el cáncer.
Sí. Comenzó el año pasado en junio, tenía una amiga con cáncer hospitalizada en el Chuac y prometí que iría a visitarla, pero en paralelo enfermó mi padre y tuve que viajar a Venezuela. Mi padre se murió y cuando volví me encontré que esta chica también había fallecido. No pude despedirme de ella y esto me afectó muchísimo.
¿Cómo llegó a la AECC?
Una amiga de la asociación me habló de los servicios que prestaba, entre ellos el de acompañamiento a pacientes en domicilios y hospitales. Yo tenía esta cuenta pendiente por lo de mi amiga y me hice voluntaria. Al principio solo pude colaborar en las cuestaciones para la investigación, porque los grupos de los hospitales ya estaban cerrados. En junio de este año me avisaron para empezar en este programa de acompañamiento y es algo que me tiene demasiado feliz.
¿Qué balance hace de la experiencia?
Estoy súper entusiasmada, me motiva muchísimo y es muy gratificante ayudar a los demás. Este acercamiento humano es muy reconfortante, poder darles una sonrisa en una situación tan difícil.
¿Acude todos los días?
Los jueves por la mañana. También tuve la oportunidad de acompañar a una chica que recibía tratamiento para un cáncer pero no estaba hospitalizada, hicimos un montón de actividades y fue súper importante sacar a esa persona de un momento depresivo. Una señora un día me dio un abrazo sin más en el ascensor del Oncológico, dándome las gracias por mi labor. Eso es lo que me llevo para siempre.

Fina Pombo: “Lo de la cooperación te acaba enganchando como una droga dura”
Oftalmóloga ahora jubilada, lleva desde 1997 como voluntaria de la ONG Solidariedade Galega y ha realizado 32 expediciones sanitarias por África, Latinoamérica y Asia.
Es una de las históricas en Solidariedade Galega.
Llevo desde 1997 y entré de casualidad. Un día estaba de guardia en el hospital y cuando fui a cenar, unos cuantos compañeros estaban hablando de que se iban a Perú. Pregunté cómo era eso y ya me contaron que tenían una ONG y que no iba nadie de mi especialidad, oftalmología, porque les hacía falta más despliegue y aparataje para operar. Pero ese mismo año cuando regresaron ya me dijeron que tenía que unirme porque había muchas carencias y al año nos fuimos a Madre de Dios, al sur de Perú. La experiencia fue extraordinaria y me enganchó muchísimo. La cooperación te acaba enganchando como una droga dura.
¿Qué labores realizaba en los viajes?
Consultas, operábamos de cataratas, de párpados, graduábamos y dábamos gafas... Había gente que se ganaba la vida haciendo manualidades y había tenido que parar porque no veía bien y no tenía gafas, o niños con retraso escolar por lo mismo... Una persona me dijo un día que las gafas le costaban ocho gallinas y eran las que tenía para darles de comer a sus hijos. Esas anécdotas te iban sensibilizando de una manera tremenda.
Está jubilada pero sigue ‘enganchada’.
Sí, es verdad que al no estar en activo vas perdiendo facultades a la hora de operar, pero las ganas las sigo teniendo y para graduar o para operar de párpados aún me manejo. Normalmente hacemos un viaje al año, a veces dos. Hemos ido a Togo, a Senegal, a Perú, a la India... en total he hecho 32 misiones de este tipo, usaba mi mes de vacaciones para esto y tanto mi marido como mi hija también han participado en estas expediciones.









