
Los habituales de A Pulpeira de Melide tendrán en 2026 un referente menos: Antonio Rodríguez Sande (Melide, 1955) se jubila. La suya es la tercera generación dedicada a este sabroso cefalópodo y, en menos de un mes, será la cuarta, que lleva ya años trabajando, la que se encargue de llevar el negocio.
Es una jubilación merecida porque empezó en esto a los veinte. Entonces, trabajaba y estudiaba. Hizo Graduado Social, pero no llegó a ejercer porque se metió de lleno en la dinámica familiar. “El negocio siempre fue bien, ¿por qué cambiar lo que funciona?”, reflexiona.
Santa Catalina
La primera pulpeira de su familia estaba junto a la fuente de Santa Catalina, en los años treinta, pero con la llegada de la Guerra Civil se marchan a Melide. “Montaron un negocio allí pero mi abuela siempre tuvo la inquietud de volver y, de hecho, –recuerda– venía a vender a la romería de Santa Margarita y a las fiestas de la Ciudad Vieja”.
Finalmente, en 1955, regresaron a la ciudad y se instalaron en la Cuesta de la Unión. “Secábamos los pulpos en Santa Margarita”, comenta. Al poco tiempo, abrieron en la calle del Orzán. “Allí estuvimos muchos años hasta que mi abuela se jubiló, en los años ochenta”, explica. Ya entonces eran una referencia en el sector y “se montaban unas colas tremendas”.
Los padres de Antonio tenían una pulpeira en Os Mallos, que sigue funcionando, y él buscó su hueco dedicándose “a vender pulpo por todos los lados: bodas, ferias...” hasta que, hace catorce años, se estableció en la plaza de España.
El éxito hizo que, en poco tiempo, tuvieran que ampliar el local. La clientela es muy variable: cuando llueve y hace malo, la cosa baja un poco pero, con el buen tiempo, el local está a reventar. “En verano, tenemos muchísimas colas pero nosotros damos de comer a todos los que vienen”, advierte.
Carballiño y Melide
El abuelo de Antonio era de O Carballiño y, la abuela, de Melide, dos sitios que siempre se han distinguido por consumir bastante pulpo, a pesar de estar en el interior. “Eso es por el monasterio de Oseira –explica–; es por algo que hacían ya en el siglo XII, que llegaban un montón de productos para intercambiar, sobre todo los que se podían secar, entre otros, el pulpo”.
“Hay documentada en el siglo XIV una feria, que organizaron los monjes, como la primera vez que se vendió pulpo en Galicia –añade– ¿Cómo lo preparaban? Ni idea, nadie sabe cómo fue lo de empezar a cocerlo”.
El mejor de Galicia
Si hay alguien que pueda presumir de preparar el mejor pulpo de Galicia, esa es precisamente A Pulpeira de Melide. No porque lo digan ellos o sus clientes, sino porque acaba de recibir el premio de Amigos da Cociña Galega en esta categoría, tras imponerse a los otros finalistas, dos restaurantes de O Carballiño, Casa Gazpara y O Fuchela.
Sobre la cantidad de pulpo que puede pasar cada día por el restaurante, lo mejor, dice, es hacer un cálculo anual: “Entre 25.000 y 30.000 kilos”, lo que supone unas “50.000 raciones”.
La receta del éxito que le ha llevado a tener el mejor pulpo de Galicia es bien sencilla: “Comprar la mejor calidad. Y años de oficio, lógicamente”
La receta del éxito es bien sencilla: “Comprar la mejor calidad. Y años de oficio, lógicamente”. La mayor parte del pulpo que vende se importa: “Viene de muchos sitios: Senegal, Marruecos... y, dentro de eso, hay zonas. En el banco canario sahariano hay una zona, Dajla, que es la antigua capital del Sáhara español, y es un sitio muy importante de pulpo de calidad”.
Al final, más que la zona, se trata de que el animal esté bien alimentado. “En los años cincuenta, los españoles eran bajitos porque comían regular y al pulpo le pasa lo mismo; además, necesita que las aguas estén un poco frías, por eso el de esas zonas todavía es bueno, ya un poquito más al sur la entrada de aguas es caliente y ya no está tan bueno, pero eso igual lo explican mejor los biólogos”, explica.
Al igual que pasa con los mariscos, al cefalópodo le sientan bien los meses con erre. “Diciembre, enero y febrero está muy bien –asegura Antonio rodríguez–, luego la cosa ya empieza a bajar un poco”. Pero, aunque muchos lo asocian a un consumo más bien veraniego, no hay problema, porque se congela. “Nosotros compramos en invierno para tener para todo el año, ahora mismo están empezando a pescar, si no empezaron ya”, avanza.
En el mercado, hay diferentes calidades: pulpo Japón, pulpo España y pulpo Europa. “El mejor es el pulpo Japón, lo que no significa que sea de allí, sino que es el que compran ellos; los japoneses pagan el pulpo más caro del mercado, si lo quieres, tienes que pagar como ellos”, explica.
Por su parte, cuando se jubile, seguirá comiendo pulpo “una vez a la semana”. “Nunca lo aburrí”, confiesa. Y, por supuesto, moja pan. Sobre a qué dedicará el tiempo libre aún no lo tiene claro: “Creo que estoy con lo que dijo Moncho Núñez en una entrevista, que hay que aprender a ser jubilado”.























