
La concienciación sobre el reciclaje es una batalla que, vista en perspectiva respecto a hace unos años, tiene visos de ganarse en lo que al ciudadano de a pie se refiere. Sin embargo, pese a la voluntad de ser parte activa de esa realidad, no siempre es sencillo entender un proceso que requiere de asesoramiento cuando cambia la normativa o cuando los desperdicios son tan diversos y voluminosos como en el caso de la hostelería. Por eso, desde el pasado mes de mayo, la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería de A Coruña ha puesto a disposición de sus miembros una serie de cursos y charlas informativas para cumplir con el nuevo marco legal.
Silvia Kehl, bióloga y encargada del área de Medio Ambiente en el ente presidido por Héctor Cañete, lleva medio año reuniéndose con empresarios para resolver las dudas y aclarar los desafíos futuros que tienen que ver con la llamada Ley de Desperdicio Alimentario, así como con la implantación del quinto contenedor. Y, pese a haber despejado muchas de las incógnitas, advierte de que aún queda mucho trabajo por delante: “Las mayores incidencias que detecto son la falta de información y de contenedores en el rural: muchos no han llegado y se unen la desinformación y la confusión”, dice, tras haber asesorado a unos 2.000 profesionales.
“A veces, la información es un poco liosa; me gustaría que hubiera menos contenedores y más información”, asegura la profesional de la biología
De todas las horas dedicadas a asesorar a los hosteleros de A Coruña, Kehl señala como principal quebradero de cabeza la gama cromática para los diferentes residuos. “Hay muchas dificultades a la hora de usar el colector marrón y los hosteleros no saben muy bien cómo emplearlo”, reconoce. “Creo que todavía hay mucho camino que recorrer, estamos un poco todavía en proceso de cambiar la mentalidad de la gente. A muchos todavía les da pereza y te hacen comentarios de que va todo al mismo sitio”, añade sobre los más perezosos.
No obstante, también derriba algunos prejuicios y el edadismo a la hora de reciclar. “He descubierto con estas charlas que la gente mayor está bastante concienciada, incluso te cuenta que antes se reciclaba más”, comenta. Preguntada por su opinión personal sobre el sistema en cuestión, la profesional de la biología apunta: “A nivel personal, como bióloga, lo que siempre hay que hacer es simplificar lo máximo posible. A veces, la información es un poco liosa. Me gustaría que hubiera menos contenedores y más información. Apostaría por reducir los desperdicios en origen”.
Los táperes
La Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería de A Coruña y la Xunta de Galicia han repartido más de 60.000 táperes y 65.000 bolsas para que los clientes se lleven la comida y el vino que no consuman durante los servicios. Es el caso del líquido lo que sigue sorprendiendo a algunos, cada vez menos reticentes a la hora de pedir para llevar. “Tendría que estar todo ya implementado, debido a la aplicación de la Ley de Desperdicio Alimentario, pero hay que decir que, a la hora de repartir los táperes, ya no les suena tan raro; la gente es todavía reticente, aunque menos, a pedir para llevar”, explica Kehl.
No obstante, la vergüenza o el supuesto mal trago que parecía implicar el solicitar una bolsa y un envase es cuestión del pasado. Al menos, en lo que a alimentos sólidos se refiere, porque algunos clientes todavía no se acaban de creer que existan recipientes herméticos para los líquidos como el vino.






















