
Ducel et Fils -Ducel e Hijos- es la fundición francesa que se encargó a finales del siglo XIX de crear la estatua antorchada que presidía hasta este domingo, 30 de noviembre, la fuente de la plaza de Azcárraga.
Esta fundición, situada en el valle del Loira francés, empezó a trabajar ya a finales del siglo XVIII, pero no fue hasta 1829 cuando alcanzó su máximo esplendor. Según explica el Ministerio de Cultura de Francia, la forja situada en la localidad de Fréteval fue vendida ese año a Jean Jeacques Ducel y Paulin Viry. Este último falleció poco después, en 1843 y fue el hijo de Ducel, Gustave, el que se puso junto a su padre al frente de una fundición que creó numerosas estatuas y elementos de forja que viajaron por todo el mundo, literalmente.
Porque hasta el cierre de la fundición de Ducel et Fils en 1878 -cuando fue comprada por su 'rival', los altos hornos de Val d'Osne que, curiosamente, se encargó de las estatuas egipcias que presiden la escalinata del Eusebio da Guarda-, la empresa había vendido objetos artísticos a ciudades y personas de todo el mundo.
A la ciudad de A Coruña llegó la estatua con antorcha de la Fuente del Deseo, pero es que en Madrid salió de su forja la fuente del pequeño Tritón de la casa de El Retiro, en Los Ángeles cuentan con una doble escultura con flores en en su jardín botánico y en Río de Janeiro varias esculturas en hierro se reparten por la ciudad con la marca de la fundición francesa.
Ducel et Fils trabajaba a través de catálogo. Compradores públicos o privados contaban con una vasta colección de diseños, inspirados en modelos clásicos de los escultores que trabajaron para Luis XIV, el popularizado como Rey Sol, como los hermanos Coustou, Hardy, Coysevox y Bouchardon, así como contemporáneos como Pradier, lequesne o Loisin. En todos ellos se apreciaba una clara reminiscencia de los modelos con los que se diseñó el palacio de Versalles, el centro de poder creado por Luis XIV y uno de los mayores retos artísticos de la historia.

Desde bancos, fuentes, ribetes, sillas y columnas, hasta los más diversos tipos de estatuas -figuras de mujeres, individuales, colectivas, animales, dioses griegos y romanos...-, todo formaba parte de los extensos catálogos de la familia Ducel que consultaron los mandatarios coruñeses cuando se decidieron a encargar la que sería colocada en la que se llamaría Fuente del Deseo de la plaza de Azcárraga.
La estatua coruñesa no es única en el mundo. Numerosas 'primas' están repartidas por puntos muy lejanos y algunas incluso se pusieron a la venta en los últimos años en grandes casas de subastas y dedicadas al coleccionismo, con precios en torno a las 8.000 libras británicas, algo más de 9.000 euros al cambio. Se trata de figuras de doncellas con antorcha en alto de 205 centímetros de altura (305 si se suma su pedestal) que Ducel et Fils produjo para numerosos clientes y que la fundición Val D'osne recogió una vez tomado el control de la fábrica.

También hay otros 'familiares lejanos' de la estatua coruñesa que viajaron hasta Galicia, como la Diana Cazadora de la vecina Betanzos, como recogen Xesús Torres Regueiro y Antón García González, "elixida por un catálogo dos obradoiro parisinos de Ducel et Fils, facilitado polo Arquitecto Provincial Faustino Domínguez. Mientras, en la ciudad de Pontevedra escogieron para colocar en la parte trasera de la icónica iglesia de la Peregrina una fuente de cuatro caños de la forja gala.
La investigación de Torres y García también permite conocer cómo se realizaba la adquisición de este tipo de elementos decorativos. Porque aunque todo comenzaba a través de un catálogo general, luego se iban produciendo intercambios de comunicaciones entre vendedor y cliente en el que se iban fijando los detalles y necesidades propias de cada obra. Así, cuentan que en las cartas entre Betanzos y los Ducel se hablaba de cosas como el peso de la fuente, la altura de los cuatro caños "que den servicio al público sin estorbo" o la abertura de la boca de agua.
Curiosamente, también se recoge que la Diana Cazadora estuvo a punto de ser cambiada por un modelo de Centauro, por consejo de la forja francesa, aunque finalmente el consistorio betanceiro insistió en mantener la figura de la diosa que ya es un icono de la villa.

La etapa dorada de la fundición de los Ducel terminó después de la Primera Guerra Mundial, cuando tuvo su último momento de esplendor realizando un catálogo especial para producir monumentos dedicados a los fallecidos en la contienda bélica. Tras varios cambios en la empresa, vinculados también al cambio tecnológico y a la reducción de encargos, finalmente la fundición cerró su actividad en julio de 1986, no sin antes dejar la impronta de sus metales por todo el mundo.


























