Así es la Fuente del Deseo de Azcárraga: los 150 años de la segunda fontana de A Coruña
Sus cuatro caños surten la Ciudad Vieja desde 1870

La Fuente del Deseo de la plaza de Azcárraga, dañada este domingo, 30 de noviembre de 2025 tras el accidente de un joven que se había subido a ella, es uno de los tesoros que esconde la Ciudad Vieja de A Coruña entre sus paredes de piedra y uno de los monumentos icónicos que hacen reconocible la zona antigua herculina.
De hecho, según el historiador José Manuel Fernández Caamaño, la Fuente del Deseo fue la segunda fontana con la que contó la Ciudad Alta de A Coruña, después de la situada en la plaza de la Constitución, que da frente a la fachada de la Real Audiencia y Capitanía General, que data de la época de la reina Isabel II.
En su libro 'El agua en A Coruña. Fuentes, estanques y lavaderos', Fernández Caamaño y Ricardo Vázquez Pérez explican que el origen de esta fontana está en un expediente de 1822 que solicitaba la construcción de una fuente en la que entonces era conocida como plaza de la Harina, a la que debían ir las aguas del manantial de San Amaro.
No fue, sin embargo, hasta 1870 cuando se levantó finalmente la fuente. Y no se hizo en el lugar que ocupa ahora en la rebautizada desde 1896 como plaza de Azcárraga. Y es que, en un principio, se situó más cerca de la calle Damas, frente al número 16.

Tiempo después, una vez revisado el plan general de la ciudad de 1876, se colocó en el centro de la plaza, en el sitio que conserva a día de hoy.
La Fuente del Deseo, llamada así porque se compone de una mujer tallada en hierro que representa este deseo, es considerada una de las más bellas de A Coruña. Sus cuatro caños permitieron abastacer a los vecinos de la Ciudad Alta y a los militares acuartelados, que contaban con uno de los tubos reservados, mientras que otro lo usaban para proveer los presidios.
Unos talleres parisinos se encargaron de la fundición de hierro de la elegante enseña, que porta un farol en su mano derecha. Además, todavía se conservan los asientos que servían para poner bajo los caños los recipientes para recoger el agua, unos elementos que pagó el benefactor coruñés Eusebio da Guarda.
La Fuente del Deseo no estuvo exenta en todo este tiempo de polémicas y altercados, como recuerda el historiador José Manuel Fernández Caamaño en El Ideal Gallego. Así, recuerda que se producían trifulcas a la hora de aguardar el turno para recoger el agua, lo que llenaba de bullicio y desorden la entonces plaza de la Harina, en la que se mezclaban "la ciudadanía, con las fuerzas de la guarnición de plaza, los criados y criadas, los carreteros de los presidios y hospitales y, sobre todo, la gran figura que por entonces representaba a los aguadores y aguadoras, que servían de agua a la población en general".























