Santiago Romero | “Noto mucha sed de Dios y un renacer espiritual en España bastante fuerte”
Párroco de la Unidad Pastoral de Riazor, propone nuevas dinámicas. Desde encuentros para jóvenes hasta cenas en las que conocerse y vivir la fe mejor

Santiago Romero (Marín, 1982) es el párroco benjamín de A Coruña. Lleva la Unidad Pastoral de Riazor, que incluye Los Rosales, San Pedro de Visma, San Pío y San Roque (Esclavas) y Labañou. “A Coruña es una ciudad donde hay curas buenísimos, beneméritos, trabajadores pero la edad pesa lo que pesa” y algunos no pueden hacer todo lo que quisieran, admite. Ahí entran los más jóvenes: “Algunos somos, gracias a Dios”, reconoce con una sonrisa.
¿Qué tal este primer año?
La impresión es positiva y aunque el primer año uno se está situando pudimos poner en marcha varios proyectos nuevos.
¿Cuáles son esos proyectos?
Son proyectos de nueva evangelización y de primer anuncio. Por supuesto, seguimos trabajando cosas de siempre, como la catequesis, pero con un nuevo estilo. Por ejemplo, con los jóvenes se empezó una cosa se llama Life Teen, una metodología que nació en Estados Unidos.
¿En qué consisten?
Son encuentros catequéticos, pero con momento de acogida de juegos, otro de tomar algo juntos y luego se expone un tema que puede ser sobre la vida de Jesús o algo más social, como el bullying o la ansiedad, de una manera muy dinámica. Acabamos con un tiempo de adoración. Fruto de esa experiencia, empezamos algo similar para niños de Primaria y le pusimos Holy Fire, porque ahora todo hay que llamarlo en inglés (risas).
O sea, un poco lo de siempre pero con nuevas dinámicas.
Transmitir la fe es fundamental. Y hay que presentar nuevas formas que era lo que nos pedía san Juan Pablo II. No se trata de decir cosas nuevas sino decirlo con un nuevo ardor, con nuevos métodos y nuevas ilusiones. Para los mayores pusimos en marcha las cenas alfa y la experiencia también está siendo muy positiva.
¿Cómo son esas cenas?
Durante tres meses, los citamos a cenar todos los viernes para poder saludarse, hacer amistad y, hacia el final, se expone un tema. A la sexta semana se les propone un día de convivencia con el mismo esquema, pero ya se profundiza más. Fue tan bien que empezamos a hacerlo con universitarios. En lo que me gustaría ahondar este curso, lo que pasa es que no doy hecho, es en la cuestión más caritativo-social. Y reforzar el ámbito de la oración y la liturgia, cuidar nuestras celebraciones, poder ofrecer espacios distendidos y abiertos para que la gente pueda rezar y sentirse a gusto.
Fue también uno de los ‘culpables’ de la jornada jubilar que reunió a un millar de fieles en San Pedro de Mezonzo...
Como secretario del arciprestazgo algo ayudas pero luego es mérito de cada párroco, que son quienes mueven a la gente.
¿Cómo recibe la gente estas propuestas?
Cuando propones algo nuevo, pero con calidad, hay respuesta. También hay que entender que estamos en una sociedad cada vez más individualista, más apurados de cosas, que apenas tenemos tiempo para nada. Yo lo que noto es mucha sed de Dios en la gente y hay un renacer espiritual en España ahora mismo bastante fuerte. Sí que es cierto que, sobre todo, es de Madrid hacia abajo, al norte aún le está costando.
¿Están volviendo a la Iglesia?
Sí, aunque todavía hay mucho prejuicio.
Pero las vocaciones siguen siendo pocas...
Es cierto que hay pocas, porque nacen de la sociedad en la que vivimos, individualista y sin tiempo, pero va habiendo y, a veces, te sorprendes. En mi caso, soy de Marín, un chaval normal que fui a al colegio, al instituto, que empecé como monaguillo, que estaba en la banda de tambores... Mi pandilla surgió en torno a la parroquia y salieron muchas vocaciones: yo soy sacerdote, hay tres carmelitas de clausura... Cuando vives bien tu fe, en un ámbito normal, pero te tomas las cosas en serio, la respuesta va saliendo adelante.























