Un chollo por casualidad en el Black Friday de A Coruña
La cola a las puertas del Zara de la calle Compostela fue el único momento que rompió la estampa de un viernes como otro cualquiera

Existe una legión de compradores que podrían ajustarse a la definición de ‘cazadores de chollos’. Del clásico anuncio de detergente “busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo” permanece parte del espíritu en quienes tienen en el Black Friday una de las citas del año. Sin embargo, se trata todavía de un reducido grupo, que no consigue elevar la campaña global a los niveles de expectación y respuesta de las rebajas de toda la vida. Solamente el Zara de la calle Compostela y algunos curiosos en los centros comerciales rompieron lo que, a grandes rasgos, fue una jornada de viernes prenavideño como otra cualquiera. Eso sí, los que se decidieron a pasar por caja se beneficiaron de suculentos descuentos, muchos de ellos de rebote y sin haberlos buscado a propósito.

Pongamos las cosas en su debido contexto. Los que afirmaban que no sabían qué día era es que no prestan demasiada atención a los detalles, o seguramente son ya de esos viandantes de nuca inclinada en dirección a la pantalla de su móvil. Una realidad por otro lado muy frustrante para los escapartistas y pequeños comerciantes que empapelaron toda la ciudad con carteles promocionales. Da igual el tipo de negocio o actividad: desde comprar unas lentillas a una napolitana era el chollo de los chollos. O al menos así se lo vendían a los más despistados, que al pasar por caja se sorprendieron por el atípico montante. “Vine a renovar las lentillas y, si normalmente pago 45, hoy me las llevo por 38”, explica Joaquín, que fue a hacer un recado a su óptica de confianza en Juan Flórez y aprovechó la devolución para tomarse una tapa tortilla en O Cabo. Entre esa óptica y el templo tortillero se encuentra uno de los termómetros del comercio local: la plaza de Lugo. Allí, poco antes de la apertura del Zara de la calle Compostela, unas 30 personas hacían cola. “Es por si se acaban las tallas”, advertía Miriam, quien por otra parte estaba ‘latando’ a clase. Fue, en realidad, el único momento y la única zona de la ciudad en la que parecía estar sucediendo algo ‘especial’.
Hablemos de un estudio de campo de andar por casa. Entre las respuestas de los viandantes, con un cribado previo que implicaba llevar bolsas de comercios del entorno, las respuestas fueron tan impactantes como: “Vine de compras y no sabía ni que había esto”; “Vine por acompañar a mi hija de compras, pero a mí esto me da pereza”, “me coincidió porque no tenía otro día” o “para mí, el Black Friday es en internet”.
Redes
Decían que el videoclip mataría las radiofórmulas, e incluso fue objeto de canciones tan eternas como ‘Video killed the radio star’. Sin embargo, la MTV ha pasado a mejor vida. Algo así puede decirse de quienes consideran que el Black Friday o la compra online condenan al comercio. Pueden haber supuesto un pequeño golpe, pero el ‘toqueteo’ no desaparece, ni tampoco el bajar ‘de miranda’. Y si no que se lo digan a Paca, una vecina de Arteixo que, a sus 80 años, sí decidió poner rumbo a las tiendas de la ciudad, especialmente a las de Inditex, y dejarse engatusar por las ofertas. “Me interesa todo, y aunque sea para ahorrarme diez euros merece la pena el paseo”, indica en Marineda City, donde sí se nota una nutrida presencia de clientes en cada esquina.
Es difícil saber hasta dónde llega el tirón del Black Friday y cuánto influyen la nueva plaza, la recién estrenada iluminación y las más de 30 tiendas, pero dentro de Marineda City sí es Navidad, sí es un día especial y hay un ‘tráfico’ denso en todas las direcciones. Lo mismo sucede en Cuatro Caminos Centro Comercial y la disponibilidad de plazas, cuando aún no era siquiera la hora de comer. “Nosotras nos hemos gastado 50 euros, y aún encima hemos faltado a clase”, bromean dos amigas que, sin las ofertas, seguramente no hubieran contribuido a la economía local.
Otros ámbitos
Si comprarse unas lentillas o una napolitana no es el paradigma de ahorro que pensaría uno al soñar en un día de rebajas, lo cierto es que hubo quien se apuntó al concepto de Black Friday lejos del sector comercio. Por ejemplo, muchos restaurantes aplicaron descuentos en sus menús como guiño a los habituales.
También el ocio nocturno convirtió el tradicional 2x1 o happy hour en otra excusa más para vender y beber.
























