
AFACO clausura su congreso del 30º aniversario con una jornada que unió la reflexión sobre la soledad no deseada, los avances de la genética en el alzhéimer, la mirada de las nuevas generaciones y la verdad de las familias que conviven con la enfermedad. La intervención del gerontólogo Javier Yanguas, la clase magistral del genetista Ángel Carracedo, la entrega de premios escolares y un cierre cargado de emoción configuraron una sesión que recordó que ningún avance es suficiente si no va acompañado de humanidad y acompañamiento real.
La última jornada del congreso se abrió con el análisis certero del gerontólogo Javier Yanguas, director científico del Programa de Mayores de Fundación 'la Caixa', quien advirtió que la soledad no deseada, especialmente en los cuidadores de personas con demencia, se está abordando “de forma excesivamente simple y banal”. Señaló que la soledad es una experiencia emocional, relacional y existencial que no puede reducirse a un número en un cuestionario y que la cultura del individualismo, la hiperconexión vacía y la “felicidad obligatoria” han profundizado su complejidad. Yanguas describió la soledad profunda del cuidador –culpa, ambivalencia, pérdida del proyecto vital, autoextrañeidad, aislamiento subjetivo y falta de reconocimiento social– y advirtió que “no podemos convertir la soledad en un virus o un síndrome”, reclamando intervenciones específicas, complejas y diseñadas para cada tipo de soledad.
La jornada continuó con la intervención magistral del genetista Ángel Carracedo, director de la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica, que situó el futuro del alzhéimer en la medicina personalizada, predictiva y preventiva. Explicó que el alzhéimer no es una sola enfermedad, sino muchas, con vías biológicas diversas y más de cien variantes genéticas implicadas en el riesgo. Destacó el papel del riesgo poligénico y la necesidad de combinar predicción temprana con tratamientos eficaces en fases iniciales. Recordó que Galicia está llamada a jugar un papel decisivo con el Proyecto Genoma Galicia y dejó una de las frases más emocionantes de toda la jornada: “Cuando dais cariño a un paciente, lo cogéis de la mano y lo miráis a los ojos… lo que estáis haciendo es metilar bien su ADN”.
Uno de los momentos más especiales llegó con la entrega de premios del concurso escolar, que unió a infancia, adolescencia y mayores en un gesto intergeneracional cargado de ternura. Inés Cibrán, del Colegio Alborada, fue premiada por su relato “A fuga do avó” , una historia que aborda el alzhéimer desde la mirada sensible e imaginativa de una niña. En fotografía, el premio recayó en Sofía Lago, del Colegio Esclavas, autora de “Miradas”, una imagen que recorre el paso del tiempo a través de cuatro generaciones. El jurado subrayó la sensibilidad, empatía y profundidad de las obras.
La verdad más conmovedora de la jornada llegó con el testimonio valiente de Consuelo, usuaria de AFACO, que denunció los retrasos en los diagnósticos –“dos años de espera es inasumible para una familia”– y la falta de acompañamiento psicológico para cuidadores. Relató con claridad cómo el estigma social persiste y pidió algo tan sencillo como ser tratada “como una persona normal”. Su frase más impactante dejó a la sala en silencio: “El día que mi hija me dijo que había un sitio al que podía ir, la odié. Hoy le doy las gracias cada día. Pasé del rechazo al amor”. Su marido, Manuel, añadió que “la que entró en AFACO hace dos años no es la que es hoy”, reclamando detección precoz y apoyos reales: “Mucha gente no puede permitirse esperar”.
El congreso se cerró con el discurso de la presidenta de AFACO, Concepción Silvestre, que sintetizó el espíritu de estos días: “No estamos simplemente cerrando un congreso. Estamos poniendo un granito de arena para que no olvidemos a quienes olvidan”. Silvestre agradeció a expertos, familias, instituciones y al equipo de AFACO su trabajo riguroso y humano, y destacó que los momentos más valiosos del encuentro fueron los pasillos donde alguien decía “a mí también me pasa”. Recordó que, aunque la memoria falle, el vínculo permanece y animó a convertir la emoción compartida en energía y propósito. “No cerramos un congreso, abrimos un compromiso: ver, escuchar, acompañar e investigar. Porque cada pequeño avance puede significar mucho para alguien”.









