La ría de A Coruña se queda sin petróleo por primera vez en más de un siglo
El traslado de la terminal de Repsol del Puerto Interior abrirá un nuevo capítulo en la historia de la ciudad

Repsol inició a mediados del pasado mes la demolición del área de tanques de crudo de su terminal marítima en el Puerto Interior de A Coruña. Tras la obtención de los permisos y autorizaciones administrativas, inició los trabajos de desmantelamiento en un área de 28.200 metros cuadrados. El desarrollo de la obra, que durará seis meses, se realizará en su mayor parte de modo mecánico para demoler los tres tanques de crudo existentes, según detalló la compañía energética. El coste de esta actuación asciende a 643.000 euros.
Esta obra conlleva una importante novedad para la historia de la ciudad, ya que por primera vez en más de 100 años, la orilla de la ría se quedará sin instalaciones vinculadas al refinado de petróleo. Previamente, existieron los depósitos de Campsa y la refinería de Mesa, Marchesi y Martínez. Con la marcha de Repsol, se abrirá un nuevo capítulo sin crudo de por medio en esta parte de la urbe.
Para alumbrado
Hace más de un siglo, dentro del antiguo municipio de Oza (hoy integrado en A Coruña), se alzó una de las primeras refinerías gallegas: la de Mesa, Marchesi y Martínez. Esta empresa fue fundada en 1881 con un capital social de 300.000 pesetas, lo que supuso un hito en la historia industrial de la ciudad, al apostar por el refinado de petróleo en una época en la que los combustibles fósiles empezaban a ganar protagonismo.
Esta instalación se ubicaba en el entorno de A Gaiteira, en las coordenadas geográficas que hoy corresponden a una zona ya urbanizada de A Coruña. En sus primeros años, su producción estaba centrada en el queroseno, un derivado esencial para el alumbrado en la segunda mitad del siglo XIX.

Con el paso del tiempo, Mesa, Marchesi y Martínez también desarrolló una gama de productos más amplia, incluyendo gasolina industrial, usada especialmente para alimentar gasómetros en la industria conservera gallega. Además, su marca de gasolina más conocida fue Motorina, que se comercializaba en latas, una opción que los primeros automovilistas usaban para repostar por su cuenta.
La refinería no solo surtía a A Coruña: suministraba productos refinados a otras zonas de Galicia e incluso a zonas de León, lo que evidencia su dimensión industrial y su relevancia en el mercado petrolero regional.
En 1927, con la creación de Campsa (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos), muchas de las refinerías independientes de España fueron expropiadas. La refinería coruñesa sufrió un abandono progresivo tras esa fecha. Con el crecimiento urbano, estas instalaciones originales desaparecieron bajo la expansión de la ciudad.
Hoy no quedan restos visibles de la refinería Mesa, Marchesi y Martínez. No obstante, su historia continúa presente en estudios de patrimonio industrial y en textos que recuerdan la contribución de estas primeras empresas al progreso económico gallego.
El proyecto que no fue
En el siglo XIX, el empresario coruñés Eduardo Cervigón previó la motorización e industrialización de la sociedad. Con esta idea, estuvo a punto de poner en marcha un proyecto industrial que habría transformado para siempre la Ciudad Vieja. Se trataba de la creación de la primera fábrica o refinería de productos petrolíferos en Galicia, según recoge la revista ‘Ferrolanálisis’.
Su iniciativa, adelantada a su tiempo, nunca llegó a materializarse debido a la negativa del Ayuntamiento, pero dejó un capítulo singular en la historia económica local. Pretendió ejecutar una refinería con una superficie aproximada de una hectárea, espacio suficiente para un complejo industrial de gran alcance.
Para dar solidez al proyecto, el empresario llegó incluso a contactar con John D. Rockefeller, la figura más poderosa del sector petrolero a nivel mundial. Con este respaldo, inició los trámites para obtener la licencia municipal necesaria para la instalación.
Sin embargo, el Ayuntamiento de A Coruña rechazó la solicitud planteada por este empresario. Las autoridades consideraron que la planta supondría un importante riesgo para la Ciudad Vieja, especialmente por la cercanía a zonas habitadas y por el manejo de materiales inflamables. Esta negativa cerró la puerta a un proyecto que podría haber adelantado en varias décadas la industria petrolera gallega.
Tras el rechazo, Cervigón trató de reorientar sus iniciativas industriales, pero ninguna alcanzó la magnitud de la refinería proyectada anteriormente. Su muerte dejó el plan definitivamente truncado.
Del petróleo a un parque
Los más viejos de A Gaiteira y Os Castros todavía lo recordarán. Hubo un tiempo en el que el Parque Europa no existía y en su lugar se situaban los depósitos de crudo de Campsa, lo que ofrecía una imagen bien diferente de esta parte de la ciudad.
A mediados de la década de los ochenta, el Gobierno local presidido por el socialista Francisco Vázquez llegó a un acuerdo con esta empresa nacional para recibir este solar y poder crear una zona verde para disfrute de los vecinos. Según explicó el Ayuntamiento en aquel momento, este pacto se alcanzó tras unas “intensas negociaciones”.
“El alcalde y el Gobierno municipal se congratulan por la consecución de esta importante resolución que viene a satisfacer las viejas aspiraciones del pueblo coruñés en general y de los barrios de Cuatro Caminos, A Gaiteira, Os Castros y O Castrillón”, informó en aquel momento la Administración local.
Durante el mismo año 1984, comenzaron los trabajos de desmantelamiento de esta instalación, que acabarían al año siguiente, cuando ya se pudo ver la parcela sin estas edificaciones.
Repsol
Ahora, la terminal petrolera de Repsol en el Puerto Interior, en la que incluyen enormes tanques de crudo, desaparecerá para siempre como parte del proyecto de traslado a Langosteira.
Cada uno de los tanques de almacenamiento existentes mide de media 15 metros de altura, con un diámetro de 48,8 metros y un volumen de capacidad de más de 31.000 metros cúbicos. Poco a poco, ya empiezan a ser demolidos. Incluso algunos ya han quedado casi destruidos.
También se van a achatarrar, entre otros elementos, las tuberías de producto y las líneas que se utilizaban para el agua de deslastres de los barcos, escaleras, o sistemas contraincendios asociados, además de derruir muros divisores.
Además, la compañía energética tiene previsto realizar actuaciones bajo cota cero, tanto la demolición de las cimentaciones de los tanques, como la extracción de la tubería enterrada.
Posteriormente, se llevará a cabo la categorización de los residuos, la retirada y gestión de los escombros de forma separada y clasificada por un gestor homologado por la Consellería de Medio Ambiente e Cambio Climático. Además, se facilitará la reutilización de la totalidad del árido obtenido del escombro pétreo, que se empleará en el relleno de huecos y fosos.
Esta obra forma parte de las acciones previas al traslado a Langosteira de todas las operaciones de tráficos que quedan en el Puerto Interior, donde la compañía tiene concesión hasta diciembre de 2027.













